Viaje en moto a Taiwán

La isla que está junto a la República Popular China sirvió como refugio a un general enfrentado a Mao. Hoy es uno de los «Tigres asiáticos» con mayor éxito económico. Nos hemos dado un paseo por «la otra China»

Ildefonso García/J.L -
Viaje en moto a Taiwán
Viaje en moto a Taiwán

La enorme limusina Mercedes da un brusco giro hacia la derecha y cruza tres carriles de golpe. Jeff, el chófer, echa un vistazo a través del espejo retrovisor para asegurarse que todo está bajo control. Acto seguido acelera a tope y da un volantazo hacia la izquierda. Adelantamos por la derecha a un viejo Toyota Corolla que va por el carril central. Había un pequeño hueco para que se metiera la limusina, antes de que nos ganara la partida un agresivo Lexus.

Sí, parece como si estuviésemos delante de la consola, jugando a un videojuego. Aunque no, se trata de algo real como la vida misma. Así se las gastan en el tráfico diario de Taipéi (capital de Taiwán). Jeff trabaja para una empresa que ofrece a sus clientes limusinas con chófer. A nuestro hombre le encanta mostrarle al forastero, camino del aeropuerto, cómo se las gastan en el centro.

El lujoso Mercedes, con los cristales tintados para proteger la intimidad de sus ocupantes, no puede campar a sus anchas debido a la perpetua congestión que reina en el centro de Taipéi. Cuanto más te acercas al epicentro de esta metrópolis de 2,6 millones de habitantes, más verás cómo se multiplican las apuradas de frenada y los acelerones a muerte. Por pequeño que sea, Jeff no deja un hueco sin aprovechar.

Al llegar a la vía de circunvalación de la ciudad la película cambia de forma radical y hay que tomarse las cosas con mucha calma. Aquí hay otros peligros que hay que conjurar, no menos importantes. De repente la limusina es atacada por unas sombras que pasan como rayos a milímetros de los cristales tintados. Como si fuesen flechas de todos los colores, multitud de scooter aparecen de ambos lados, superando al Mercedes en un abrir y cerrar de ojos.

No es que los coches de repente se queden clavados, pues continúan avanzando, pero su velocidad en relación a los vehículos de dos ruedas es irrisoria. La agilidad de los scooter se pone de manifiesto y los «pilotos» locales le sacan todo el partido que puedas imaginar. Así no es de extrañar que los vehículos de dos ruedas campen a sus anchas en los centros urbanos de todo Taiwán. La congestión del tráfico de este país se vence con un maniobrable scooter, capaz de escaparse por las rendijas como el agua en una red de pescar.

Las paradas en los semáforos son un verdadero espectáculo: los scooter ocupan la «pole position» por delante de los coches, como si fuesen un ejército dispuesto a atacar. Una vez que aparece el verde salen disparados en medio de un concierto de sonidos. Los automovilistas conceden su derrota en esta pelea y no hay muestras de agresividad entre las dos fracciones, dos y cuatro ruedas. Nada de tocar la bocina, caras de pocos amigos o extender el dedo anular para mostrar desaprobación.

Parece que estamos describiendo un paraíso motero. Aunque Jason, redactor de la revista de motos líder de Taiwán, «Top Rider», nos explica la verdadera dimensión del asunto. Los auténticos aficionados a la moto en este país-isla son una minoría, que no pasan de 20.000 chiflados por nuestro deporte. Nos vamos fijando en el tráfico y descubrimos que apenas existen scooter -y no digamos motos- de más de 250 cc. Hay que buscar para ver una Ducati 1098 o una Yamaha R1 rodando por el barrio de Shilin. O una BMW R 1150 RT, que con piloto y pasajero, escapa del bullicio de la gran ciudad hacia la desembocadura del río Danshui.

Jason nos aclara, por si hubiese alguna duda, que los scooter para los taiwaneses son, simplemente, un medio de transporte. Incluso las motos de gran cilindrada tienen prohibido ir por las grandes autopistas del país, por lo que hay que tener mucho amor a este deporte para adquirir un modelo de alta cilindrada y luego solo utilizarlo en el congestionado tráfico de la ciudad.

A los adictos a la velocidad Jason les recomienda que prueben el ascensor más rápido del mundo. Las Torres Taipéi 101 tienen una altura de 508 metros. En solo 37 segundos te eleva hasta 400 m, donde hay una terraza para contemplar toda la ciudad. Hay otra posibilidad de «ir a fondo», basta con coger el tren bala, que en solo 90 minutos une Taipéi con Kaohsiung, 350 km al sur.

El viejo general Chang Kai-shek, si levantara la cabeza, se reiría por la obsesión de sus súbditos con la velocidad. El líder falleció en 1975 y los jóvenes que admiran la estatua de bronce del archienemigo de Mao se detienen muy poco, antes de caer rendidos por la atracción de las tiendas y los bares de moda en Taipéi.

A la vuelta del aeropuerto es Fred, el compañero de trabajo de Jeff, el que conduce la limusina Mercedes. Volantazo para un lado, acelerón, apurada de frenada. Taiwán continúa con su ritmo.

El país tiene un problema local: durante décadas este estado pro occidental imprimió en todos sus productos la leyenda «Made in Republic of China» (ROC). Taiwán ha desafiado al gigante, al decir que el corazón económico de China no está en la República Popular (PRC en sus siglas en inglés), sino en la China Nacionalista, es decir, Taiwán. Con el tiempo se han dado cuenta de que el resto del mundo no distingue entre ROC y PRC, cuando se trata de «Made in China». De hecho en muchos países europeos la fabricación en China tiene un poco de estigma a los ojos de los consumidores.

Los visitantes occidentales quedan sorprendidos en las fábricas del país por los altos estándares de calidad. En Taiwán hay multitud de compañías que ya tienen una larga tradición, que fabrican scooter o componentes en ingentes cantidades.

Por ejemplo Sanyang Industry, que en Hsinchu produce scooter y motos de la marca SYM. Comenzó en 1954 haciendo faros para bicicletas y hoy fabrica todo tipo de scooter de calidad. Gracias a una colaboración con Hyundai es uno de los tres mayores productores de vehículos de Taiwán, superando el millón de unidades. Y también KYMCO, por supuesto, otro gigante de las motos y scooter.

Otra empresa notable es NHC, uno de los mayores fabricantes del mundo de frenos y embragues, hacen desde material para bicicletas hasta para trenes de alta velocidad.

Más: Taiwan Golden Bee (TGB) tiene sabor italiano. La causa: su larga colaboración con Vespa, que comenzó en 1978. La empresa, suministra transmisiones automáticas para Peugeot y Aprilia.

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