Ruta de la Plata en moto (IV)

Con nuestra última etapa de la Vía de la Plata, llegamos finalmente a la costa cántabra, uno de los tramos más divertidos y variopintos para ser disfrutados en moto. Exprimamos, pues, los últimos kilómetros de esta singular ruta.

Luis López. Fotos: Juan Sanz -

La penúltima parada la destinamos a disfrutar de los entresijos de Benavente, a la vez que aprovechamos para recobrar fuerzas y afrontar así la última etapa de la Ruta de la Plata. Con el objetivo ya próximo, las aguas del Cantábrico, comenzamos nuestra singladura dejando atrás de nuevo la N 630, ya que originariamente la Vía unía Benavente con Astorga y León. Un requiebro que afrontamos en compañía de las bajas temperaturas invernales a las que, para nuestra desgracia, no podemos dar esquinazo.
Así iniciamos el camino con la advertencia de temperaturas inferiores a tres grados en el cuadro de la V-Strom. La antigua Carretera de La Coruña nos lleva en volandas hacia La Bañeza, con la cercana compañía del río Órbigo en su cruce con el Duerna a las puertas de la ciudad. Un lugar donde se respira ambiente motociclista desde siempre, especialmente en agosto cuando su particular Gran Premio tiene lugar en un circuito urbano ya convertido en leyenda.

Tras descubrir el corazón de la ciudad, con coquetas calles porticadas de cuidado aspecto y la esbelta figura de la iglesia de Santa María, donde encontramos el antiguo mojón 303 de la N-VI encastrado en la muralla del templo, nos indican que deberíamos volver por aquí en época de carnavales, catalogados como de Interés Turístico Nacional. Todo se andará.

Continuamos por la N-VI en busca de las mejores mantecadas de la zona. Astorga nos recibe con la imagen, a lo lejos, de los cimborrios del Palacio Episcopal, donde el gótico de Gaudí queda reflejado en todas y cada una de las vistas ofrecidas por el edificio, desde la portada pasando por el parque: aquí la trasera muestra una extraordinaria grandeza arquitectónica. Al otro lado de la calle peatonal, encontramos los restos de la iglesia altomedieval descubierta en 1999, durante los trabajos originados por las obras de adecuación urbanística de la plaza en la que se localiza. Es el testimonio más antiguo entre las iglesias cristianas de Astorga. Sólo a unos metros de aquí nos topamos con la portada de la Catedral de Santa María, obra considerada de gran interés y fiel ejemplo del gótico florido español. No en vano, evoca el recuerdo de las que vimos en etapas anteriores del recorrido, tanto en Sevilla como en Salamanca.

Desde Astorga retomamos la N 630 en busca de León por la N 120. Reencontramos el cauce del Órbigo en la localidad de Hospital y, tras rebasar San Martín, Villadangos y Valverde de la Virgen, entramos en la ciudad de León. Regada por los ríos Bernesga y Torio, descubrimos en el centro peatonal tres de sus monumentos más destacados: la basílica de San Isidoro, excelente ejemplo de amalgama y evolución de estilos entre el románico y el barroco, la iglesia de San Marcos y, cómo no, la catedral gótica de Santa María, auténtica protagonista de los flashes de miles y miles de turistas que se agolpan en la Plaza de San Isidoro, a los pies de su esplendorosa fachada. Por supuesto, los de Juan Sanz también realizan su trabajo para mostraros la imagen que ves en la apertura. Si tienes oportunidad no te pierdas el interior, ya que sus vidrieras son mundialmente conocidas. Muestran una belleza sin igual en sus diferentes representaciones, que hacen alusión a motivos vegetales típicos de León, heráldicos, así como a santos, reyes y profetas. Un espectáculo de luz y color digno de ser contemplado desde dentro… nunca mejor dicho.

Ha llegado el momento de afrontar los últimos compases de la Ruta de la Plata en la transición que supone el cambio entre Castilla y León y Asturias, con el Puerto de Pajares como auténtico protagonista.

Seguimos el curso del Bernesga hacia el Alto de Rabizo y La Robla. Es hora de disfrutar no sólo con el entorno, sino también de las buenas maneras de la V-Strom: Peredilla, La Pola de Gordón, La Vid, Villamanín… No descartes parar en cualquiera de estas poblaciones para llevarte a casa los mejores embutidos que puedas imaginar.

Así llegamos, en suave pendiente, al Puerto de Pajares, donde sortearemos la Cordillera Cantábrica para entrar en Asturias con fuertes pendientes del 17% nada menos. Ojo a los frenos y a las trazadas de ángulos ciegos, ya que aunque el firme es inmejorable, te puedes encontrar con sorpresas en forma de automovilistas circulando en sentido contrario trazando con medio coche metido en tu carril. ¡Qué campeones!

Lo pronunciado de la pendiente se convierte, con el paso de los kilómetros y las curvas, en bajada más suave hasta llegar a Lena. La entrada en Oviedo es cuestión de un instante, donde deberás realizar una parada más que obligada a ver los vestigios prerrománicos que salpican la ciudad, como la iglesia de San Julián de los Prados en Ovetao, San Miguel de Lillo en el monte Naranco o la espectacular Santa María del Naranco, a sólo 300 metros de la de Lillo y que, sin duda, representa la construcción más emblemática del arte astur con sus bóvedas de cañón, contrafuertes, arquerías murales ciegas, etc.

Y por fin llegamos a la salida al mar de la Ruta de la Plata. Gijón hace gala de unas magníficas vistas desde cualquier punto de la costa. Una fuerte carga industrial se hace patente en lugares como el puerto de El Musel, donde astilleros e instalaciones fabriles conviven desde el proceso de industrialización impulsado por Jovellanos en el siglo XVIII, lo que unido a un sector servicios muy desarrollado gracias al estímulo del turismo, consigue un lugar en el que conviven todo tipo de actividades desde la época de la ocupación y explotación romana.

Hemos atravesado Andalucía, Extremadura, Castilla y León y Asturias a través de llanuras y montañas, ríos y puentes, ciudades monumentales emblemáticas y preciosas vistas desde las alturas… Qué mejor forma de disfrutar de todo ello que montando en moto y rodando por carreteras generalmente de buen firme, además de encontrarse flanqueadas por ambientes cuya capacidad para estimular al máximo los cinco sentidos es total. Nos quedan múltiples escenas recogidas por la retina en un cúmulo de colores, olores y sabores que nos proporciona la Vía de la Plata desde hace nada menos que tres mil años

La Bañeza

La localidad leonesa no sólo es conocida por su circuito urbano y su inseparable cita con la competición. En La Bañeza encontramos un interesante legado arquitectónico. Sirva como ejemplo la iglesia de Santa María, fechada en 1532, con planta de cruz latina y tres naves donde encontramos en el interior una Piedad de Gregorio Fernández, acompañado por un cuidado retablo barroco. En el exterior llama la atención la plaza en la que se enclava, rodeada de bellos soportales y amplias zonas peatonales que denotan un cuidado por el detalle en la urbanización del entorno.

Astorga

Entre su legado arquitectónico destaca el Palacio Episcopal, obra de Antonio Gaudí, si bien sus orígenes datan del año 1120 cuando fue donado el solar intramuros al obispo Don Pelayo; el edificio levantado acabó siendo pasto de las llamas. El gran Gaudí se encargó de su reedificación, apoyándose en el lateral Nordeste sobre la antigua muralla y mostrando un inconfundible estilo gótico. De entre sus llamativos torreones, tres son idénticos en tamaño y diseño si bien uno, el orientado hacia el Norte, muestra un diámetro mayor al albergar la escalera principal del edificio.

Puerto de Pajares

Se trata de uno de los pasajes más divertidos para disfrutar de la conducción en moto. Un puerto de montaña que ha servido como principal nexo de unión entre León y Asturias y que, hoy día, nos lo encontramos con muy poco tráfico gracias a la construcción de la AP66. A pesar de ello, todavía soporta tráfico pesado sorteando sus curvas y sufriendo con las fuertes pendientes que encontramos a su paso… ¡de hasta un 17%! Precisamente por ello, debes poner especial atención a los ángulos ciegos, así como a las posibles manchas de gasoil que puedas encontrarte en el piso, eso sí, de estado impecable.

Gijón

Después de recorrer la Península Ibérica desde Sevilla hasta el Cantábrico, llegamos a Gijón, al que se le denomina popularmente «el mar de la Ruta de la Plata». Las vías romanas de la Península encontraban aquí las orillas del Cantábrico y, con ellas, una práctica y rápida comunicación circulación al exterior de personas y bienes. Algo que se ve reflejado, hoy día, en la vorágine de su puerto, uno de los que más tráfico recibe de España. En un paseo por sus calles más céntricas y próximas a la afamada Playa de San Lorenzo, descubrimos la Plaza Mayor y sus soportales, con el edificio consistorial presidiendo el lugar.

Denominación: Ruta de la Plata (IV)
Origen: Benavente
Destino: Gijón
Recorrido: 194 km

Galería relacionada

Ruta de la Plata en moto (IV)

Te recomendamos

Probar con criterio una de las actuales superbike necesita de un circuito, un piloto ...

Las motos cada vez tienen más tecnología y ayudas electrónicas que hacen que su condu...

Aprovecha la promoción de Minibatt y hazte con su nuevo mini arrancador de batería po...

KTM te invita a probar con la revista LA MOTO su gama 1290 Super Adventure participan...

Comenta el artículo

Utilizamos cookies propias y de terceros para facilitar y mejorar la navegación, mostrarte contenido relacionado con tus preferencias y recopilar información estadística. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Más información.