Ruta de la Plata en moto (I)

La rápida divulgación de la cultura romana en la Península Ibérica, fue en gran parte provocada por el agitado tránsito de la ruta de comunicación que unía la cornisa cantábrica con las tierras del sur de Hispania. El trasiego de mercancías y viajeros convirtió dicho trasiego en auténtica columna vertebral del desarrollo peninsular dos mil años atrás.

Luis López. Fotos: Jaime de Diego -

El  esplendor del pasado histórico jalonado por la Ruta de la Plata, nombre derivado del árabe «balat» o «camino empedrado», queda manifiesto por los numerosos vestigios que encontramos a nuestro camino, muchos de ellos auténticas piedras angulares de nuestro patrimonio histórico.

La importancia del camino que comenzamos a recorrer hoy, y que nos llevará a descubrirlo mes a mes a lo largo de sucesivas etapas, motivó la creación de una de las infraestructuras vitales del Imperio: la calzada romana, sobre las que circulaban los antiguos carruajes y caballerías. Se facilitaba así no sólo el flujo de personas y mercancías de un lado a otro de la Península, sino también el control del territorio por parte de las legiones del Imperio Romano.

Fue de este modo como una de las más importantes calzadas romanas adquirió nombre propio, siendo en la actualidad uno de los itinerarios culturales más destacados de España, donde se entremezclan olores, colores y sabores variopintos, todo ello aderezado con una naturaleza desbordante y ciudades Patrimonio de la Humanidad. Esto, unido a una rica gastronomía, invita a descubrir este itinerario como bien nos gusta hacerlo desde estas páginas cada mes, en moto y de forma pausada, siempre a ser posible por carreteras secundarias lejos del mundanal ruido, huyendo del denso tráfico que soportan las autopistas y autovías nacionales.

Y qué mejor forma de abrir boca, que arrancar disfrutando los primeros kilómetros en una de las ciudades más bellas y con mayor encanto de las que componen nuestra curtida piel de toro. La ciudad de Hispalis tiene, como decía la canción, un color especial. Su ritmo no difiere demasiado del de otras capitales con muchos miles de habitantes. Bullicio, turistas por doquier y un tráfico intenso dominan las arterias principales, de las que el centro se ha librado recientemente gracias a un plan de zonas peatonales donde la prioridad se le concede al caminante, usuario de bicicleta y al restaurado tranvía.

¿Y la moto? No da lugar. Sólo la buena voluntad de la Policía Municipal sevillana nos permitió el acceso a las zonas reservadas exclusivamente a los peatones, como el Parque de María Luisa y la Plaza de España, o la aproximación a la Giralda a través de la Plaza de la Virgen de los Reyes. Descubrir Sevilla te llevará un buen puñado de tu tiempo, pero en cualquier caso no dejes de visitar y disfrutar del tapeo por Triana, contemplar la ciudad desde el río a través de sus peculiares puentes o descubrir la agitada marcha nocturna que por allí se estila.

Tras disfrutar de la singularidad sevillana, nos marchamos con el estómago saciado de vinito y jamoncito de la Sierra Norte precisamente hacia esta zona del mapa andaluz, no sin antes aparcar a las puertas de las ruinas de Itálica una vez llegamos a Santiponce. La belleza del anfiteatro romano nos llama la atención, caminando entorno a él y los largos pasillos que lo circunvalan, descubriendo al mismo tiempo las calles de la que fue una de las colonias romanas más importantes del Imperio.

Como te digo, nuestro camino circula en muchas ocasiones de forma paralela a la denominada Autovía de la Plata. Por supuesto, la evitamos para descubrir otros rincones lejos del asfalto de doble carril por sentido y de la vorágine del tráfico pesado. Vamos así camino de Sierra Morena por la N 630, atravesando Guillena con las aguas del embalse próximas a la ruta, Las Nieves y El Ronquillo para acercarnos, ya en plena Sierra Norte de Sevilla y por la A 8175, a Almadén de la Plata, muy próxima a la frontera natural con Huelva. Su Casa Consistorial ha sido declarada Bien de Interés Cultural; la antigua, más conocida como la Torre del Reloj, procedía del siglo XV y pasó a ser ermita en el siglo XVII. Encontramos a su vez la única necrópolis de la Edad del Bronce excavada en Andalucía Occidental, situada en la finca La Traviesa. Por último, la iglesia de Santa María de Gracia en la Plaza de la Constitución, encierra un extraordinario retablo y esculturas del Cristo del Crucero y la Inmaculada de los siglos XVI y XVII respectivamente.

Continuamos nuestro camino serrano hacia Picos de Aroche para llegar a Santa Olalla del Cala, ya en territorio onubense, y tras superar el puente sobre el río Cala mientras disfrutamos de buen asfalto, algo estrecho eso sí, pero repleto de curvas con buen firme. ¡Qué bien se desenvuelve la V-Strom! La docilidad de su motor nos lleva en volandas hacia la provincia de Badajoz, en este caso por el Puerto de las Marismas. Rozamos a nuestro paso la Sierra de Tudía, en la comarca del mismo nombre, donde nos asalta la imagen de Monesterio. El vecino Santuario de Santa María de Tentudía, regado por el embalse de aguas vecinas de vistas privilegiadas dada su considerable altura, nos lleva a un camino de ida y vuelta que nos acercará de nuevo a la N 630 en busca de Zafra, donde su muralla, calles empedradas y plazas porticadas nos conducen de un lado a otro del casco histórico.

La salida por la N 432 dirige nuestros pasos hacia Fuente del Maestre rodando por la EX 362, en esta ocasión con la mirada fijada en Almendralejo, capital de la comarca Tierra de Barros donde predominan los fértiles campos ricos en producción de vinos, aceitunas y aceites. Por sus calles de blancas fachadas caminaron poetas como José de Espronceda y Carolina Coronado; por algo se la denomina «ciudad del romanticismo»…

El puerto de Sevilla, una vez superado el embalse de Alange, nos anuncia la llegada al destino de nuestra primera etapa de la Ruta de la Plata. Mérida nos da cobijo entre sus mundialmente conocidos restos romanos que la convierten en una ciudad clave del recorrido. Buena excusa para descansar y descubrirla con el debido sosiego.

SEVILLA

Mucho se habla sobre el embrujo de Hispalis, esa magia que cautiva a propios y extraños, habitantes y visitantes esporádicos que se convierten en habituales tras su primer encuentro. De paseo por la rivera del Guadalquivir, es sin duda la mejor forma de descubrir Sevilla. Auténtico referente, el río obliga a comunicar ambas orillas mediante sus renombrados y afamados puentes. A los pies del agua, la Torre del Oro y su Museo Marítimo; cerca y hacia el centro de la ciudad, la no menos afamada Giralda como parte fundamental, a modo de campanario, de la Catedral de Santa María. No te marches sin patear el Parque de María Luisa y la Plaza de España.

 

CONJUNTO ARQUEOLÓGICO DE ITÁLICA

A las afueras de Sevilla y poco después de comenzar nuestra ruta, nos topamos con las ruinas de lo que fue ciudad romana de Itálica, en el término municipal de Santiponce. Durante el Alto Imperio desempeñó un decisivo papel estratégico tanto en el terreno económico como en el político y militar. No en vano llegó a ocupar un espacio de 52 hectáreas desde sus orígenes en el año 206 a. de C. Cuna de los emperadores Trajano y Adriano, acogió a buena parte de los senadores durante su época más influyente. Fue precisamente durante el mandato de Adriano cuando Itálica paso de estatuto municipal a colonia, equiparándose administrativamente a la metrópoli. 

 

JAMÓN, JAMÓN

Sin duda resulta curiosa la estampa de cerdos correteando por las extensas fincas de montaña. Cientos de hectáreas que dan cobertura a un animal que campa a sus anchas por estos lares. Nace así la Denominación de Origen del Jamón de Huelva y Extremadura, que asegura los cuidados y la alimentación del animal según las normas reglamentarias por el Consejo Regulador. Los jamones y paletas obtenidos provienen de la raza ibérica pura o procedente del cruce entre ella y la «Duroc-Jersey», garantizado con un mínimo de 75% de sangre ibérica. Lo conocerás por su forma estilizada y alargada; si lo ves ya cortado, por su inconfundible olor y sabor, potente y enérgico como pocos… 

 

MÉRIDA

Ciudad Patrimonio Mundial, de entre todas las visitas posibles no puedes obviar el teatro romano, construcción procedente del año 16 a. C. Durante la época del emperador Trajano sufrió importantes reformas, para posteriormente construirse la calzada romana que lo rodea durante el período de Constantino, entre los años 330 y 340. Durante el cristianismo se declaró como “inmoral” y cayó en abandono, para con el tiempo ser redescubierto y convertirse Patrimonio de la Humanidad en 1993. Desde 1933, el escenario alberga cada verano el afamado Festival de Teatro Clásico.

 

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