Cómo regular los mandos de tu moto

Una de las operaciones más sencillas, pero que más beneficios nos reportan en el día a día, es adaptar los mandos de nuestra moto a nuestros gustos y a las medidas de nuestra anatomía. Un trabajo rápido y sencillo que no tiene excusa para evitarse.
Pepe Burgaleta -
Cómo regular los mandos de tu moto
Fotos: Juan Sanz

Para conducir una motocicleta es necesario usar cada una de nuestras extremidades. Hay algunas excepciones, como los scooters y algunos modelos automáticos, que nos dan un poco más de libertad, pero en general las dos manos y los dos pies van a estar constantemente ocupados mientras la manejamos. La mano derecha se encarga del acelerador y el freno, la izquierda del embrague, el pie derecho habitualmente del freno, y el izquierdo del cambio. Y además hay que atender a los mandos que tienen que ver con las indicaciones, situados en las piñas de ambos lados del manillar. Y aunque pueda parecer una nimiedad, el que haya tanto trabajo, hace aconsejable que todo esté en su sitio, y que contemos con la máxima accesibilidad posible.

Además hay que tener en cuenta que una moto necesita para poder controlarse el trabajo del cuerpo, y que tanto las piernas como los brazos nos tienen que mantener sobre ella, sujetándonos en las frenadas y las aceleraciones. Todo esto, especialmente si vamos a conducir una moto durante un largo periodo, obliga a que el accionamiento de las diferentes palancas o pedales se tenga que producir con la mayor naturalidad posible. Una maneta de freno o de embrague situada demasiado lejos de los puños para el tamaño de nuestros dedos, nos obliga a desplazar toda la mano hacia delante, perdiendo fuerza de agarre en el manillar. Si están colocadas muy arriba, la muñeca estará doblada cuando las accionemos, y al frenar, el esfuerzo de soporte de nuestro cuerpo enseguida hará que se fatigue. Lo mismo ocurre con las palancas, porque si están muy elevadas nos obligan a levantar el pie del estribo o a doblar más de la cuenta el tobillo. Más allá de la posición general del cuerpo, dictada por elementos que no siempre permiten ser regulables, como son el asiento, los estribos y los manillares, tenemos que tener siempre la mayor facilidad y confort para manejar nuestra moto. Es la única manera de circular seguros y aguantar lo que nos echen encima de ellas.

Herramientas que vamos a usar en la regulación de mandos

Afortunadamente los fabricantes ya cuentan con que los mandos de una moto tienen que ser fácilmente regulables, y al menos, en lo que se refiere a las manetas, están casi en su totalidad, dotadas de elementos de regulación, de manera que como mucho, tendremos que quitarnos los guantes para operar con los reguladores que modifican la distancia de la maneta al manillar. Si lo que queremos es cambiar el ángulo con el manillar, sí que vamos a necesitar alguna pequeña llave, simplemente para aflojar la brida que ancla el soporte de la maneta al manillar. Habitualmente con una llave allen de cuatro cinco milímetros. Las palancas de freno y cambio necesitan un poco más de trabajo, pero también es cierto que suelen estar menos condicionadas a cambios, porque el trabajo que se efectúa con los pies es más básico. En estos casos, la altura se regula modificando la inclinación de la palanca, para lo que se trabaja con las varillas de reenvío. Todas tienen tamaños similares, por lo que las llaves necesarias para operar no son muy diferentes: entre 10 y 12 mm. Hay que tener en cuenta que siempre deben ser abiertas.

 

Regulación de manetas

Además de la posible regulación de la distancia de la maneta al manillar, cuando el embrague se acciona por medio de un cabe, hay que regular su tensión con la rueda situada al final del soporte. El cable debe estar tenso para que el accionamiento sea total, pero hay que dejar un juego de unos cinco milímetros en la maneta para salvar las dilataciones en caliente.

La maneta de freno es la más importante, y habitualmente dispone de un regulador que permite variar su distancia al manillar. Dependiendo del tamaño de la mano será necesario alejarla más o menos. Para encontrar la distancia correcta hay que mantener la mano sujetando el puño, y acercar la maneta hasta que los dedos puedan accionarla sin mover la mano de posición.
 

Regulación de la palanca de cambio

Algunas palancas están ancladas directamente al motor, pero la mayoría tienen un reenvío desde su soporte hasta el motor. La varilla de conexión es la pieza donde se encuentran los reguladores, que consisten en tornillos que pueden extraerse más o menos de la varilla, de manera que se modifica su longitud. Para ello simplemente hace falta soltar la tuerca de freno y girar la varilla.

La posición de la palanca de cambio debe ser tal que el pie no tenga que elevarse para poder accionarla. Normalmente se colocan en los reposapiés en ángulo con la zona delantera desplazada hacia afuera, de forma que simplemente haya que girar el tobillo para colocar el empeine o la suela en la posición adecuada para accionarlo arriba o abajo.

Regulación de la palanca de freno

El pedal de freno está conectado directamente a la bomba por medio de una varilla, que es la pieza que dispone del sistema de regulación. Como la propia varilla acciona la bomba, es el anclaje en la palanca de freno el que tiene la tuerca de freno, y el tornillo que aumenta o disminuye la longitud de la varilla que permite que la palanca gire sobre su anclaje, y su extremo suba o baje.

En el caso de la palanca de freno, el pie no necesita más que pisarla, por lo que puede colocarse un poco más arriba, eso sí, con la precaución de que no esté accionada durante la conducción. Normalmente la primera parte del recorrido no acciona casi los frenos, por lo que conviene probar cuando empieza a endurecerse antes de ajustar su altura definitiva.

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