Mejora tu frenada ¡Gratis!

Si el sistema de frenos de tu moto está muy bien diseñado, pero mal puesto a punto, no frenarás ni de lejos como se supone que podrías.

Josep Armengol -
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En una frenada fuerte se ponen en juego fuerzas notables, que son a la vez violentas, pero deben ser también dosificadas con suma delicadeza a través de nuestras manos y pies. La maneta desarrolla mucho rozamiento debido a la desmultiplicación de fuerzas sobre su eje, y si no está bien lubricada su movimiento no será suave, y eso se traducirá en una frenada imprecisa, y además no volverá bien al soltarla. Es tan fácil como aplicar algo de grasa (mejor con base de cobre) a las superficies en contacto y al perno o eje.

Accionarás la maneta de freno de la forma más cómoda y eficaz posible si está en línea con tu antebrazo y los dedos extendidos de tu mano, en posición de pilotaje sobre la moto (abajo). Para regular su altura debes soltar o desmontar su anclaje. Asegura el apriete, un anclaje mal montado podría ser muy inseguro.

¿Te gusta la maneta cerca o lejos del manillar? Para pilotar con efi cacia hay que estar a gusto, y la mayoría de motos permiten este reglaje, que realmente es muy personal. Conviene probar un par de puntos para estar seguros de que cómo lo dejamos es realmente como mejor nos sentimos al frenar.

Como consejo, lo cierto es que una maneta cercana al puño que puedas accionar con todos los dedos te ofrecerá más sensaciones y seguridad. Sin embargo la mayoría de deportivas actuales tienen un mordiente tan alto con poca fuerza que con dos dedos es más que suficiente para conseguir fuertes frenadas: en ese caso conviene separar la maneta del manillar porque si no podemos «pellizcar» los otros dedos y quedarnos sin recorrido útil.

También el pedal de freno debe estar bien colocado, a nuestra medida. Si está demasiado alto o bajo no podremos dosificar bien la frenada detrás y, en caso de necesidad, será fácil bloquear esa rueda y que en lugar de ayudar en la frenada, sea otro problema del que estar pendiente y que nos desestabilice.

El líquido de frenos absorbe mucho la humedad ambiental y se degrada con el tiempo: puedes descubrir que el tuyo está mal cuando más lo necesites, al calentarlo bajando un puerto. Cámbialo cada dos años por seguridad.

Los latiguillos originales de goma de muchas motos no solo nos quitan precisión y potencia de la frenada, sino que al envejecer mostrarán su debilidad también ante un uso intensivo (calentamiento). Unos inextensibles son «eternos».

La entrada o formación de burbujas en el sistema resultará en un tacto «esponjoso» que irá a peor en caliente. Un buen sangrado del sistema curará ese mal, y puedes hacerlo preventivamente para que no te sorprenda.

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