Rodar en grupo

En semanas anteriores hemos visto cómo debemos adaptar nuestra conducción y nuestra moto al llevar pasajero, pero «rodar acompañado» también puede significar otra cosa: hacerlo en grupo.

Josep Armengol -
Rodar en grupo
Rodar en grupo

A pesar de que las motos son los vehículos más individuales que existen, lo cierto es que también son muy «sociales»: no solo nos gusta salir eventualmente acompañados de un pasajero para compartir las emociones de la conducción sobre dos ruedas, sino que también nos gusta quedar con otros amigos o compañeros para hacer excursiones en grupo.

Después de varios capítulos muy centrados en aspectos técnicos e incluso teóricos de la conducción de una moto, la semana pasada y ésta nos estamos «relajando» un poco viendo temas más directamente relacionados con nuestra actividad cotidiana, antes de afrontar otro capítulo muy interesante, pero también muy técnico, las frenadas, que veremos la semana próxima.

Mientras tanto, es sábado por la tarde y nuestro amigo olvidado del instituto nos llama por teléfono porque nos cruzamos en un semáforo con nuestras motos el otro día y quiere quedar para salir a dar una vuelta el domingo con unos amigos. Mientras nos comenta el recorrido previsto, por nuestra cabeza pasan rápidamente recuerdos de alguna otra salida en grupo, con gente desconocida, que demasiado fácilmente acaban descontroladas con piques, pasadas de frenada, tiempo perdido en gasolineras...

Así que, como suele pasarnos, declinamos la invitación y ese domingo salimos en solitario a dar una vueltecita para comprobar que nuestras curvas favoritas siguen donde estaban. Pero no tiene por qué ser así.

Es perfectamente posible salir en grupo y pasarlo en grande, ya sea a ritmo tranquilo para admirar el paisaje con algún destino de interés gastronómico o turístico, o a ritmo más alegre para disfrutar en grupo de las sensaciones que nos ofrecen nuestras motos. ¿Cómo encuentras un buen grupo para salir confiado?

Pues puedes encontrar gente así en tus salidas en solitario, y en eso consiste buena parte de la vida social del motorista, pero otra buena solución es crearlo tú mismo.

En cualquier cosa que hagas en la vida en la que no estés solo, la comunicación es fundamental. Con tu pareja, con tu familia, en tu trabajo, en el tráfico... Si consigues que los demás sepan qué quieres, qué vas a hacer y consigues saberlo tú de los demás, todo será más fácil.

Cuando salgas en moto con más gente, la comunicación es igual de importante: interesa hablar antes y después para establecer ciertas pautas y normas o comentar la aventura de turno, e interesa ser capaces de comunicarse por gestos y señas de forma inequívoca.

La tecnología ha puesto a nuestro alcance medios para mejorar esa comunicación pero no todos llevamos casco con bluetooth, manos libres e intercomunicadores (cosa que explica lo bien organizados que van, por ejemplo, los grupos de Honda GoldWing que sí lo llevan), así que los gestos con las manos y las luces deberán establecerse antes para que todos sepan qué hacer en cada ocasión.

El ejemplo más evidente, cuando necesitas repostar porque te ha entrado la reserva... Y hablando de repostajes, el tema de las normas es igualmente importante. Cuántas veces nos ha pasado quedar con varios amigos, y que uno llega siempre con el depósito vacío retrasando la hora de salida de todos.

Pues ahí tienes la norma número uno: llegar a la cita con la moto «llena» (y, norma número dos, el cuerpo «vacío»). Si la cita es para un viaje, y entre nuestros amigos está el típico que usa pulpos del siglo pasado comprados en el «todo a cien», ya sabes qué es lo siguiente: salir tarde tras ayudarle entre todos a sujetar bien el equipaje y, a pesar de todo, acabar teniendo que parar «como siempre» a recoger esa bolsa que ya veíamos hacía rato que iba a salir disparada por la fuerza del viento...

Con uno de éstos en el grupo, el viaje ya empieza mal antes de arrancar motores. Puede que solo salgas a dar una vuelta, a buscar curvas y disfrutarlas. También para eso puedes y debes establecer normas: por ejemplo, una buena idea es usar las zonas rápidas o las rectas como zonas de reagrupamiento, de crucero tranquilo.

Además (y contra toda lógica que no sea recaudatoria) es justamente en las rectas donde se ponen los radares, fijos o no, así que no superar demasiado (dentro del límite que todavía es sólo un peaje, sin puntos) los límites legales no castigará apenas los neumáticos traseros e implicará consumos mínimos de combustible.

Acordar ese ritmo para las rectas o zonas rápidas permitirá descansar y relajarse, y que alguien rezagado pueda recuperar el terreno perdido sin forzar demasiado las cosas. La diversión de verdad está en las curvas, allí es donde conviene «emplearse» para pasarlo bien, siempre con los márgenes que hemos estado viendo en anteriores capítulos; pasar por las rectas poniendo a prueba las prestaciones de nuestras motos no es tan divertido, y puede llevarnos fácilmente a salir en las noticias si por desgracia hay algún «cazador» (radar) cerca, además de reducir drásticamente la vida del neumático trasero. Sin entrar en que, a ciertas velocidades muy por encima de las legales, cualquier distracción o error puede ser desastroso...

Otra buena costumbre es no rodar en fila india, sino hacerlo «escalonadamente » aprovechando el ancho del carril, para que así el líder pueda ver de un vistazo que todos están ahí. A la hora de las curvas la situación cambia y no queda más remedio que ir en fila india si todos deben estar en la trazada correcta. Eso sí, una excursión no es una carrera y no hay necesidad de rodar pegados ni, mucho menos, pretender pasarse en situaciones apuradas...

Cuidado porque lo que para nosotros puede ser algo con margen puede que sea por encima del límite del otro. Si ves que alguien con mejor ritmo que tú te sigue muy pegado, de cerca, déjale pasar tranquilamente y será un problema menos para ambos, además de que quizás siguiéndole veas dónde gana terreno... o compruebes que pone más ganas que técnica y estás más tranquilo sin tenerlo detrás.

Y, por supuesto, si llevas pasajero sé consciente de ello, de que aun habiendo regulado la moto como vimos la semana pasada, el ritmo es absolutamente diferente del de cuando vas solo, que la moto no puede inclinar tanto, y que a fin de cuentas eres responsable de otro.

Cuando llegan las vacaciones, o las grandes concentraciones, es la hora de viajar sobre dos ruedas. Viajar en solitario es sencillo: tú decides en todo momento. Pero hacerlo en grupo cambia mucho, de entrada convendrá haberse sentado antes a hablar y planificar con calma la ruta, a decidir las distancias diarias a recorrer. En esta cadena el eslabón que cuenta es el más débil, así que será el que tenga menos experiencia quien decidirá cuántos kilómetros haréis al día.

Sería un error garrafal forzar a alguien a «estirarse» más allá de su límite, a obligarle a acabar las jornadas con más kilómetros de los que es capaz de aguantar cómodamente: estresante y peligroso.

Planifica las etapas generosamente y así a nadie le entrará el pánico si hay algún retraso (mal tiempo, avería, cansancio imprevisto...). Otro tema a tener en cuenta es que el ritmo no puede ser constante durante todo el día: tenemos momentos álgidos de resistencia y concentración, pero también tenemos momentos bajos.

Para seguir el ritmo natural del organismo conviene ponerse a los mandos pronto por la mañana, para aprovechar ese primer tiempo de «buena forma» que va de las siete de la mañana a mediodía. Ahí llega un bajón, momento ideal para sentarse en una mesa y reponer fuerzas; incluso puede ser bueno hacer una parada no muy larga hacia las once, y luego parar a comer. Pasada esa parada de la comida, nuestro organismo volverá a estar «a tope» durante unas horas para terminar la etapa del día en condiciones óptimas.

En la mesa el equilibrio es lo mejor, como siempre. Ni una comida «al vuelo» (bocadillo de pie) ni un ágape que nos deje «fuera de juego». Pero tampoco hay por qué no disfrutar de las comidas, a fi n de cuentas, ¿no estaremos de vacaciones? Y la bebida no es menos importante, nada de alcohol por supuesto, pero sí mucha hidratación, no solo en la mesa, sino durante el camino: que no falten botellas de agua y/o zumos de frutas.

El mejor remedio contra el dolor de cabeza, el cansancio o la falta de concentración es una buena hidratación. Y sí, eso implicará parar para ir al baño además de rehidratarse, así que sí, hay que contar con unas cuantas paradas, con algo de tiempo perdido aquí y allá. Pero, de nuevo, ¿no estamos de vacaciones? Pues a tomárselo con calma.

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