Nos ha dejado Ralf Saura, el gigante de los circuitos

Ha fallecido Ralf Saura, uno de los protagonistas del Nacional de SBK en los años 80 y 90. Inolvidable por su sobrenombre, Gigante, y por la calidad humana que atesoró.

Juan Pedro de la Torre

Ralf Saura fue campeón de F2 en 1990 con Motos Cortés y Yamaha
Ralf Saura fue campeón de F2 en 1990 con Motos Cortés y Yamaha

Un accidente doméstico, de una forma inesperadamente trágica, nos ha arrebatado a Ralf Saura, el gigante de la velocidad madrileña que en la década de los años 80 se convirtió en uno de los pilotos de referencia en las categorías de las motos de producción en España.

Como tantos adolescentes de aquella década, Ralf creció atraído por el poderoso influjo de las motos, junto a un grupo de incondicionales amigos. Con las Cappra de motocross hacían incursiones furtivas por el cercano Monte del Pardo, poniendo en alerta al servicio de seguridad de la Casa Real por la proximidad con la que rodaban al Palacio de la Zarzuela. Era una travesura más, una de esas muchas tardes de moto, risas y libertad, y esos saltos y esas carreras, monte arriba monte abajo, terminaron llevándole de lleno a la competición.

Lo llamaban Gigante, y con razón. Ralf rozaba el 1,90 m, fuerte y musculoso, tenía anatomía de jugador de balonmano, o de delantero de rugby. Por su tamaño y su peso, Ralf no tenía cuerpo de piloto. Pero a él le gustaban las motos, y se empeñó en ser piloto a pesar de ir contra su naturaleza. Y a Ralf era difícil hacerle cambiar de idea cuando algo se le metía en la cabeza…

En aquellos años el Jarama era el único circuito operativo en España, con Calafat yendo de cierre en cierre, y Jerez en construcción. Pero a pesar de tener el Jarama en casa, prosperar en el motociclismo español no era fácil, y no hablemos ya de llegar al Mundial desde Madrid. Eso era impensable. “Es una pena que en Madrid no haya el ambiente que hay en Barcelona. Sólo LBM y Cortés se mojan”, dijo en la primera entrevista que le hicieron en MOTOCICLISMO. Ralf formó parte de una generación que se abrió paso a través de las motos de producción, su anatomía le hacía imposible seguir el proceso tradicional: el Trofeo Senior, con suerte el Nacional, las motos de Gran Premio. “Soy demasiado grande”, reconoció.

La Yamaha XS 400 resultaba minúscula a su lado
La Yamaha XS 400 resultaba minúscula a su lado

Se formó en las MOTOCICLISMO Series, un campeonato que sirvió para dar salida al ansia de competición de cientos de pilotos que no se podían permitir embarcarse en la compleja maquinaria de las motos de Gran Premio. Era velocidad pura, pero con unas motos que, de lunes a viernes, te podían llevar al trabajo o a clase. A lomos de una OSSA Copa F3 fue subcampeón en 1984, con sólo 19 años, y al año siguiente probó sobre una Yamaha XS 400, con la que fue quinto, además de correr en el Critérium 250 con una Montesa, llegando a ser quinto en 1986.

Ese año se multiplicó. Se hizo con la Cappra 414 proto con la que Rubén del Río corrió en el Nacional de 500, pero le instaló un motor Villa para correr en 250. Ralf, además de pilotar, sabía de motores, de hecho tenía un taller, pero por más que lo intentó, aquel motor Villa no llegó a funcionar bien. Fue el año en el que dio el salto a la categoría F-1 Siluetas de las Series, en la última edición de la competición.

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Ralf Saura con la Cappra 414.

Andaba ya de la mano de Motos Cortés y LBM, que fue su equipo de toda la vida. Más que un equipo, los hermanos Cortés fueron como una extensión de la familia. Pasó directamente de la F-3 a la F-1 sobre una vetusta Yamaha FJ 1100, cuando las Suzuki GSX-R750 ya dominaban los circuitos. La vieja FJ había ganado las F-1 Siluetas en 1984 con Mingo Gil, un piloto ultraligero que hizo que resultara competitiva, pero Ralf fue capaz de hacerse notar sobre ese mamotreto en las retorcidas pistas del Nacional. Todavía hoy se recuerda su arranque de carrera en Gandía, liderando con autoridad el pelotón.

Cuando en 1987 se inició el Nacional de SBK, Ralf contó con una FZ 750, y aspiraba a todo. Esos años fue siempre candidato a la victoria, tanto en SBK como en F2 –que en 1991 pasaría a denominarse definitivamente Supersport en el Nacional-. Fueron años de gran intensidad en las carreras. También disputó rn 1989 la Copa Yamaha RD350, una de las copas de promoción de la época, en la que coincidieron piliotos de la más variada procedencia, logrando hacerse con el título. Ralf era determinado y visceral, y en alguna ocasión le pudieron las ganas. En 1988 ganó su primera carrera de SBK, ya a lomos de una OW01, a la que seguirían varios triunfos más en los años sucesivos, aunque sus mayores éxitos los consiguió a lomos de la FZR 600, con la que fue subcampeón en 1989, a sólo 3,5 puntos de Juan Bravo, y campeón en 1990, compaginando el Nacional de SBK con excelentes resultados.

Ralf Saura Copa RD
Ralf Saura Copa RD

Conseguir el título fue una empresa especialmente intensa. Una lesión de ligamentos y una descalificación por una cuestión técnica, que finalmente ganó en el recurso, recuperando los puntos arrebatados, le obligaron a disputar la última carrera en condiciones realmente difíciles. Pero fue campeón.

También intentó en una ocasión la aventura de Daytona. Se hizo con una Kawasaki GPX750R y un kit de potenciación, y se embarcó en la carrera americana. La experiencia valió la pena, disfrutó de verdad, rodó en buenos tiempos, pero sin resultados satisfactorios porque los problemas de temperatura de la moto le hicieron sufrir mil y un contratiempos.

Ralf Saura en Daytona con la Kawasaki GPX750R
Ralf Saura en Daytona con la Kawasaki GPX750R

En aquel tiempo, las motos de producción se habían abierto camino. Para correr en velocidad ya no era imprescindible ir a los Grandes Premios. El Mundial de SBK se había iniciado, con gran éxito, en 1988, y Ralf puso sus ojos en él. En 1991 tomó una decisión durísima para él: dejar Motos Cortés y Yamaha para correr con la escudería barcelonesa Gabi y Honda. Aquello supuso una ruptura personal. Tenía 28 años y estaba a tiempo de dar el salto al exterior. Pero todo salió mal. Apenas pudo correr, sufrió una caída en la que se dañó de forma severa la mano derecha, con una lesión de ligamentos y tendones muy compleja. Por más que lo intentó, no consiguió recuperarse, y las carreras se acabaron para él.

Las motos siguieron siendo el centro de su vida. Montó Gigante Bikes, un taller con el que se ganó un merecido respeto, y siguió disfrutando de las motos, de sus amigos, de una vida plena. Desgraciadamente, un accidente doméstico se ha llevado al Gigante, con sólo 63 años. Siempre le recordaremos.

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