Grandes viajeros: buscador de retos

Viajar en moto. Turismo. Grandes viajeros. Jaime Núñez ha recorrido en moto, desde 1987, más de 50 países de cinco continentes, contando con travesías por los desiertos más conocidos como Sáhara, Mojave, Atacama, Namib, Kalahari, Outback australiano, Gobi…y los puntos terrestres más al sur de América, África y Australia. Aventura en estado puro.

Jaime Núñez

Grandes viajeros: buscador de retos
Grandes viajeros: buscador de retos

Cuando en la pasada década de los años 80 empezamos a viajar por el extranjero, las primeras difi cultades se presentaban antes de salir de casa, una de ellas era conseguir información. Comparado con la actualidad, los moteros españoles que nos aventurábamos más allá de nuestras fronteras éramos muy pocos, y menos aún los que a su regreso publicaban algo acerca de su experiencia, internet estaba por llegar.

Un simple viaje por diferentes países europeos significaba tener que cruzar un buen número de fronteras, realizar diferentes cambios de moneda y tener que ajustar el presupuesto al máximo, el nivel de vida con nuestros vecinos era otra importante dificultad. Pero por mucho que hayan cambiado las cosas, afrontar un viaje por determinados lugares de nuestro planeta signifi ca que tarde o temprano nos encontraremos ante una serie de retos que de un modo u otro deberemos superar.

En muchas zonas el viajero en moto, igual que hace años, sigue levantando las sospechas de la policía. Por mucho que hayan mejorado los equipos y las protecciones continuamos expuestos a las condiciones del clima, y por último nuestra moto no deja de ser una máquina, y por tanto susceptible de averiarse, hecho que seguramente se presentará en el momento más inoportuno.

Hace años atravesar nuestro vecino del sur, Marruecos, signifi caba ir hacia lo desconocido, y como todo lo desconocido, se suponía que entrañaba un cierto «peligro». En el ‘87 Conchi y yo bajamos hasta Agadir, en aquella época había que abaratar gastos y nuestras etapas diarias tenían como destino fi nal algún camping marroquí.

Tuvimos que acostumbrarnos a que a cualquier hora del día, o inclusode la noche, la policía se presentara en él para interrogarnos sobre nuestra procedencia, destino y causa del viaje. No nos impedían movernos por su país, excepto por la zona del antiguo Sáhara español, pero para ellos era importante que supiéramos que estábamos controlados.

Si la aventura nos llevaba hacia alguno de los países de la llamada «Europa del Este», antes de partir había que hacerse con el obligatorio visado, y no siempre era tarea fácil, como tampoco la relación con sus policías. En 1989 Checoslovaquia todavía estaba bajo el régimen comunista, y precisamente allí,en el circuito de Brno, Champi Herreros y Crivillé se proclamaron en el mismo fin de semana campeones del mundo de sus respectivas cilindradas.

En agosto de ese año y sobre nuestra K-75 cruzamos media Europa para vivir en directo esa gran jornada, aunque hubo un momento en el que pensamos que no llegaríamos a tiempo. 24 horas antes de ese día fuimos detenidos por la policía checoslovaca. La cosa no pintaba muy bien, teníamos una buena cantidad de coronas checoslovacas que habíamos cambiado en el mercado negro, no llevábamos al día el documento en el que los extranjeros debíamos anotar cada uno de los gastos efectuados y, para complicarlo todo un poco más, esa misma mañana, viajando de Praga a Brno, nos habíamos saltado un control de velocidad.

Afortunadamente el delito del quenos acusaban era simplemente habernos pasado un semáforo en rojo. Por suerte algunos artículos de propaganda procedentes de la Europa capitalista todavía obraban milagros, un par de camisetas publicitarias y unas gorras fueron nuestro salvoconducto para abandonar aquella lúgubre comisaría…

La frase «con calor se viaja mejor» está íntimamente asociada al hecho de movernos en moto, pero superado cierto punto la delgada línea que separa el placer y la peor de las pesadillas se rompe con suma facilidad. La mitad este de Kazajistán es un inmenso desierto y desde la desintegración de la URSS en 1991, la única carretera que lo cruza está totalmente abandonada y destrozada.

Durante cientos de kilómetros sencillamente ha desparecido y no hay más remedio que circular por pistas en pésimo estado y llenas de grandes socavones. Lo peor es que durante el verano son habituales temperaturas de más de 50º. Si queremos salir vivos de ese infierno, la hidratación es fundamental.

Cada vez que encuentras un lugar donde poder hacer acopio de agua, cargas con todas las botellas que puedes transportar, y aunque te parezcan muchas siempre te quedarás corto. En una de esas etapas por el desierto kazajo sentí curiosidad por saber la cantidad de líquido que bebía al día, cuando a media tarde llevaba consumidos más de 12 litros me aburrí de contar botellas de agua…

A pesar de que hoy las motos son más fi ables que hace años, y que la «asistencia en viaje» nos proporciona un plus de tranquilidad, uno de los mayores inconvenientes son los imprevistos mecánicos, y como hay muchos lugares a los que no llega la grúa, más nos vale tener unos mínimos conocimientos de mecánica.

La Ruta 40 argentina es famosa por la dureza de su ripio, esas pistas hechas con piedras que durante cientos de kilómetros machacan los bajos de las motos. A lo largo de ella hay algunas paradas obligatorias, una es El Calafate, donde a pocos kilómetros encontramos un lugar único y espectacular, el glaciar «Perito Moreno».

Su visión me dejó sin palabras, aunque cuando junto al glaciar comprobé que las piedras de la Ruta 40 habían dejado un recuerdo en el radiador de la 650 GS, de mi boca salió un sonoro taco. La solución pasaba por desmontarlo, viajar en autobús para que lo soldaran en Río Gallegos, a más de 300 km, y regresar de nuevo a El Calafate. Entre unas cosas y otras me supondría un par de días de retraso.

Pero en mi bolsa de herramientas había metido uno de esos productos milagrosos, la «soldadura en frío». En un par de horas hice un arreglo provisional con la esperanza de que al menos me permitiera llegar hasta Ushuaia. La reparación resultó defi nitiva, llegué hasta la ciudad que ostenta el título de «El fin del mundo», y sin que volviera a perder ni una gota de líquido refrigerante, juntos hicimos el camino de regreso hasta Santiago de Chile.

Pero no siempre una avería tiene que ser sinónimo de contratiempos y problemas, en ocasiones me ha servido para conocer gente y vivir experiencias que de otro modo me habría perdido. El año pasado participé en el Mongol Rally, después de 12.000 km a través de Europa y Asia, cruzando carreteras de todo tipo, pistas, desiertos, cordilleras… cuando me faltaban solamente unos 400 km para alcanzar Ulan Bator, la moto dijo basta.

El problema no era muy complicado, una mala conexión eléctrica producida por los vadeos que había tenido que hacer esa mañana, pero en 48 horas debía tomar mi vuelo de regreso a España, y la moto fallaba continuamente. Tuve que buscar un medio de transporte que nos llevara a la Derbi Terra y a mí hasta la capital mongola.

Gracias a esta avería, disfruté de un entretenido viaje en camión, que duró más de 10 horas, y en el que no faltó de nada. Como consecuencia del reventón de una rueda estuvimos a punto de sufrir un accidente, más tarde nos quedamos sin presión en el circuito de frenos, hicimos varias paradas para saludar a parientes y conocidos con los que compartí las tradiciones mongolas, incluso a consecuencia de un control militar viví lo que se siente viajando de polizón.

Tuve que esconderme, junto con otros compañeros de viaje, bajo unas viejas y malolientes mantas. En la cabina del camión viajábamos cinco personas, y legalmente sólo podían ir dos. Si eres de los que siempre tiene en mente algún viaje en moto, da igual el destino, te invito al VII Encuentro Grandes Viajeros para que nos acompañes y compartas con nosotros tus experiencias.