Impalada 2010: La gran concentración de las Montesa Impala

Los amantes de las Montesa Impala se reúnen en Barcelona. Una vez al año los amantes de las Montesa Impala se reúnen en Barcelona para rendir homenaje a una de las grandes clásicas de la industria de la moto en España. Estes año la Impalada volvió a ser un éxito.

Manel Garriga | Comunicado | Fotos: Pere Nubiola y Marc Jené

Impalada 2010: La gran concentración de las Montesa Impala
Impalada 2010: La gran concentración de las Montesa Impala

Tan parecidas y tan diferentes al mismo tiempo. No hay dos Impalada iguales, pero cada vez que se reúnen un puñado de estas máquinas que lucen una M historiada sobre su depósito de fondo plano el encuentro se convierte en una fiesta. Después de haber seguido un par en coche por razones esencialmente profesionales tenía muchas ganas de hacerlo como es debido, es decir, conduciendo mi Impala igual que el resto de participantes, y olvidándome de cámaras, grabadoras y blocs de notas.

La convocatoria era, como de costumbre, a las ocho de la mañana en el Tibidabo. Subiendo por la Vía Augusta, en la confluencia con Balmes coincido con una 175 Sport impecable, seguida de una Texas y una Impala 2: es Pep Itchart y su tropa, que a partir de este momento ganará un nuevo miembro. Ya lo tienen las salidas en moto, cuando uno va solo lo normal es añadirse a un grupo u otro porque esto permite rodar con alguna referencia clara.

Después del desayuno de rigor y la foto de familia en las escaleras del templo, casi 170 impalas llenan la plaza de humo azulado y el inconfundible petardeo del motor Montesa monobloc. Da la salida un amigo muy conocido de la moto, Oriol Regàs, que por fin ha publicado unas esperadísimas memorias donde sale todo el mundo retratado, incluyendo evidentemente la Impala y su gestación. Con la sonrisa en los labios y esta bondad que lo hace ser amado por tanta gente no deja de corresponder a los saludos de los impalistas. Ciertamente, Oriol es historia viva de la Impala. No os perdáis lo que explica en este libro.

Cuesta abajo emprendemos la marcha ... hasta la carretera de Santa Creu d'Olorda. Haciendo eses y más curvas, la serpiente roja se estira y se estira hacia Molins de Rei. Los más quemados pronto se pierden de vista, pero en una Impalada cada uno va a su ritmo -esta es la gracia- y al final siempre nos encontramos, como dice el refrán: "Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos". El primer reagrupamiento se hace en una gasolinera poco después de Gelida. Con un depósito lleno, una 175 normal podría hacer toda la ruta sin tener que repostar, pero no todo el mundo es tan previsor y las 250 suelen ir más sedientas. Las carreteras del Penedès, con viñas a ambos lados, son territorio familiar para las Impala, que parecen petardear más alegres que por entre las calles del Eixample barcelonés.

También es en este escenario donde se puede distinguir fácilmente los diversos tipos de impaleros: el urbano, que se desliza entre los coches, el ocasional, poco acostumbrado a rodar sobre neumáticos estrechos, el coleccionista, bien satisfecho con su antigüedad restaurada, el quemado, que ... este ya se ha escapado. Como corren algunas motos ...! "Muchos llevan caja de cinco marchas y no lo dicen ...", me cuenta uno de los entendidos. Caramba, yo sólo sabía la del Salva y alguna más. El itinerario está muy bien marcado pero hay dos puntos donde no hay que despistarse.

Uno es San Pere Sacarrera, donde se ha de coger la BV-2136, y el otro un poco después de La Llacuna, donde dejamos la BP-2121 para tomar una carretera rural. Allí mismo paramos para hacer el segundo reagrupamiento. Después se va hacia Santes Creus, donde tiene lugar el último. Son pocos los que toman dirección Pontons y después directamente a Torrelles, donde tendrá lugar la comida.

La mayoría -o al menos eso es lo que me parece -optamos por seguir adelante y cerrar el bucle pasando por el Pla de Manlleu. Llevo un buen rato haciendo la goma, quedándome rezagado para captar el ambiente de la Impalada desde las posiciones de retaguardia -debe ser el instinto periodístico- cuando me doy cuenta de que empieza a hacerse tarde. Ya que tengo una 175 Sport la haré correr, que carajo... Siempre tan aburrida por Barcelona, la pobre, ya le tocaba estirar un poco los neumáticos y aclarar la garganta del carburador. Pues venga, un poco de caña! La carretera se estrecha y muy revirada pero bien asfaltada, parece pensada para estas motos. En efecto, el chasis de la Impala se encuentra como pez en el agua. Puedes plegar más, y más, y la moto entra en el viraje con precisión de tiralíneas.

Estoy inspirado hoy, le atornillo la oreja, tercera, cuarta, voy pasando a todos. Ostras, sí que corre esta Impaleta ... Al cabo de un rato veo aquella 250 Sport carenada que me había pasado antes. Va que se las pela. Trato de atraparlo, y los constantes adelantamientos me la ponen cerca. La observo desde atrás y aprendo un montón. Tiene una trazada fina y precisa, como hecha con tiralíneas Qué bien conduce! En lugar de una Impala parece que lleve una Norton Commando. Al final de una bajada veo que ralentiza y se detiene. Me paro a su lado: "Todo bien?" Le pregunto. "Sí ... no lo sé, parece que se haya quedado sin gasolina ... "Una breve manipulación de los grifos y el motor vuelve a petardear con alegría. Retomamos la marcha pero por poco rato. Entramos en Torrelles de Foix, donde termina la ruta y nos espera el almuerzo.

Llegamos cansados, sudados y con la garganta seca. Me siento al lado de Toni López -que rápidamente vuelve con unas cervecitas bien frescas- y su padre. Me cuentan un montón de cosas sobre el pasado de Montesa. Tomo notas mentalmente. Una historia aún pendiente de escribir como es debido, pienso. Tal vez algún día lo haré. Santi Ruiz me dice que ese señor de la barba blanca con la 250 carenada a quien yo perseguía es Joan Trías, hermano del Panter. ¡Ahora lo entiendo, hará cuarenta años que va en Impala, y sabe un montón! No es el único piloto competente de la jornada. Hay el mismo Santi Trías, que subirá al estrado para recibir un recuerdo y decir unas breves palabras, otro histórico, Josep Maria Busquets, habitual del encuentro, y también Ignacio Guardia, Josep Coronilla, Pedro Auradell, Edu Cots...

He asistido a más comidas de este tipo de los que soy capaz de recordar y, francamente, la de la Impalada 2010 no era tan desastrosa como se ha dicho, un poco justita para tanta gente, quizá sí, pero lo suficientemente buena . En cambio, lo que personalmente me cansa un poco son esos sorteos interminables (y sin café!). Con todos los respetos por los organizadores, gente competente y currante, eso de que todo el mundo tenga que llevar un regalo lo encuentro francamente un poco pueril.

Esta salida me ha servido para hacerme un poco más con mi Impala, una 175 Sport de 2 ª serie que sale poco a la carretera porque casi siempre da vueltas por Barcelona. Me he dado cuenta que los amortiguadores estaban muertos -si es que nunca habían sido vivos- y que necesita un silencioso como es debido, del modelo que le corresponde y que no haga tanto escándalo (me cabrea mucho emitir más ruido del necesario ). Eso sí, corre, frena y se aguanta como pocas motos de su quinta. Ya veo que la tendré que sacar a pasear más a menudo, no tendré más remedio. Además, como que a resultas de este encuentro me he acabado haciendo socio del Motoclub Impala, ahora ya no valdrá la excusa de no salir solo. El problema, sin embargo, será contarlo en casa ...