Termina la ruta Yamaha Riders for Life con las Super Tenere

Yamaha entrega cinco Super Tenere a Riders for Health. La ruta Ride for Life ha finalizado con éxito en Marraquech (Marruecos) con la entrega de cincon Yamaha Super Tenere a la asociación humanitaria Riders for Heath. La ruta, organizada por Yamaha, dio comienzo el pasado 4 de mayo en París (Francia).

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Termina la ruta Yamaha Riders for Life con las Super Tenere
Termina la ruta Yamaha Riders for Life con las Super Tenere

“Ride for Life”, la campaña organizada por la organización Riders for Health y Yamaha para prestar apoyo al personal sanitario destacado en África con el fin de dotar a estos profesionales de un medio transporte fiable y resistente, ha culminado su recorrido en Marrakech con la llegada de las cinco Yamaha Super Tenere.

La ruta Ride for Life dio comienzo en París, el 4 de mayo de 2010, con el pistoletazo de salida ofrecido por David Fretigne, toda una leyenda de Yamaha en el Rally Dakar. Acompañado por Franco Picco y Stéphane Peterhansel, condujeron las Yamaha Super Ténéré por Toulouse y Madrid hasta llegar a Lisboa, en Portugal.

En Lisboa, siete clientes afortunados se unieron al convoy. Viajaron junto a Helder Rodrigues (4º en el rally Dakar de 2010) desde la capital portuguesa hasta la costa de África del Norte. La ruta les llevó por todo tipo de terrenos bajo distintas condiciones climatológicas. A su salida de París brillaba el sol; sin embargo, en el Macizo Central se toparon con la lluvia y la nieve. En los Pirineos y el norte de Portugal les acompañaron el sol y la niebla. Tras cruzar las rizadas aguas del estrecho de Gibraltar, arribaron a las cálidas dunas de Marruecos para, finalmente, cruzar la extraordinaria cordillera del Atlas y alcanzar su destino final: Marrakech, la ciudad roja. Fue allí, el 17 de mayo, cuando Yamaha y los 7 clientes seleccionados donaron las 5 Super Ténéré a Riders for Health. Esta es la historia de la aventura: Siete desconocidos. Siete motocicletas Yamaha Super Ténéré nuevas.

Un viaje de 2100 km desde Lisboa a Marrakech. Todo en seis días. ¿El objetivo? Entregar cinco motocicletas Yamaha Super Tenere nuevas a los representantes africanos de Riders for Health. ¿La razón? Salvar vidas. Riders for Health se fundó a finales de los años ochenta por iniciativa de Barry y Andrea Coleman, y Randy Mamola; ya entonces se acordó que el ex corredor de GP daría inicio al evento junto con los representantes de Yamaha en una rueda de prensa oficial celebrada el 12 de mayo en el prestigioso hotel de Lisboa Fontana Park. Millones de personas de los núcleos rurales de África mueren de enfermedades que tienen cura, otras no reciben la atención sanitaria ni las medicinas apropiadas simplemente porque el personal sanitario carece de los medios suficientes para prestar servicio en las distintas regiones.

Cada facultativo puede tener a su cargo hasta 20.000 personas, repartidas por 300 km del terreno más agreste del país. El acceso a los pacientes se limita a un transporte público precario o a cubrir los trayectos a pie. Es extremadamente difícil tratar al gran número de personas afectadas por el virus del SIDA y la tuberculosis bajo estas condiciones, ya que el calor extremo, las vibraciones de vehículos inapropiados, como autobuses y bicicletas, o el tiempo que puede prolongarse un trayecto suelen destruir los resultados de los análisis. Un medio de transporte fiable y adecuado es crucial para salvar vidas.

El objetivo de la campaña Ride for Life de Yamaha es proporcionar cinco Super Ténéré al proyecto de la organización benéfica que lleva ya un año en Zambia. De este modo, el tiempo de espera para los resultados de los análisis sanguíneos se reducirán drásticamente de cuatro meses a tan sólo dos o tres días. Los vehículos de dos ruedas son la solución perfecta al problema de desplazamiento, ya que ofrecen libertad y versatilidad para acometer las rutas más difíciles.

La mayoría de las motocicletas que Riders for Health posee son ligeras y de baja cilindrada. Estas Yamaha Super Tenere son modelos de gran tamaño que se usarán para cubrir trayectos largos desde o hacia los centros de atención sanitaria. Asimismo, pueden transportar hasta cuarenta muestras de sangre en un viaje gracias a la mochila de diseño especial. Es decir, cuarenta vidas salvadas en cada viaje de 50 km. Hasta ahora, la organización Riders for Health ha cubierto las necesidades de más de 10,8 millones de personas durante los últimos 20 años con 221 vehículos de cuatro ruedas y 1092 motocicletas.

Yamaha incrementa ahora ese número con las cinco Yamaha Super Tenere nuevas destinadas a llevar esperanza al distrito de Chadiza, en la provincia oriental de Zambia. Randy Mamola y Helder Rodrigues, estrella del Dakar, se unieron a los siete ganadores del concurso que resultaron elegidos de entre cientos de participantes deseosos de participar en la aventura. Cada participante tuvo que completar una serie de preguntas sobre su experiencia en motociclismo, los kilómetros recorridos al año, la motocicleta que poseían y lo que sabían de la organización Riders for Health.

Por último, se les pidió que explicaran en unas 50 palabras por qué debían ser los primeros en subirse a la nueva Yamaha Super Ténéré. Tras la preselección de solicitantes, se eligieron los siete: Jonathan Geoffrey del Reino Unido, Yiannis Fanourakis de Grecia, Wolfram Fees de Alemania, Javier Lavernia de España, Alain Antal de Francia, Tijn Den Hartog de los Países Bajos y Davide Biga de Italia. Los siete recorrieron el primer tramo del trayecto acompañados de Randy, que los dirigió durante 530 km hasta que pararon al anochecer en Jerez.

Tras un primer trayecto en una agitada mañana con el paisaje natural de Evora como telón de fondo, el equipo llegó a Aracena para la hora del almuerzo. Los siete ganadores se adaptaron al ritmo del recorrido y, a pesar de sus grandes y legendarios triunfos en motociclismo, Randy Mamola se embarcó en esta aventura como si fuera su primera vez. Incapaz de resistir la tentación de realizar algún caballito para deleite de la afición, Randy dijo al equipo que no importaba los años que había estado pilotando motos, o cuántos premios había logrado en su carrera profesional, para él, cada viaje le sigue aportando nuevas experiencias y le ofrece la posibilidad de enriquecerse con nuevas amistades y distintas perspectivas. Es este el motivo por el que las motocicletas mueven tanta pasión. Y es por esta razón también por la que Riders for Health, organización de la que forman parte motoristas de todo el mundo, se concibió en su paddock.

La tarde reflejaba el color verde esmeralda de los lagos en el camino a Nerva y las aguas rojizas de los ríos en Río Tinto, con enormes montículos de tierra salpicados por entre las canteras mineras. El hierro se impregnaba en el suelo con capas de tonos anaranjados y dorados, formando una bonita y tóxica mezcla de minerales. Las curvas serpenteantes se dirigían hacia la autovía dirección a Jerez, donde Randy se uniría al grupo para celebrar una cena de despedida antes de dejarlos a la mañana del día siguiente.

Rumbo a Tanger

La segunda jornada de viaje empezó con un corto sprint hasta el ferry. Sin embargo, como toda aventura que se precie, las cosas no salieron según lo planificado. En el trayecto de dos horas hasta Tánger, algunos de los motoristas no llevaron muy bien el vaivén de las olas y el color de sus rostros así lo atestiguó.

Una vez en tierra firme, todo el papeleo y los continuos controles los entretuvieron durante varias horas, hasta que por fin se consiguieron todos los sellos y aprobaciones necesarios para que el equipo pudiera entrar en África. Toda la demora de la frontera obligó a los motoristas a salir presurosos hacia Fez cuando el día ya estaba casi acabado. Los desconocidos que se agolpaban junto a los caminos saludaban al comité de motoristas como si fueran viejos conocidos, unidos por el vínculo de las motocicletas y el espíritu aventurero. Y con la caída de la noche, el pequeño convoy por fin llegó al hotel, justo a tiempo para degustar una deliciosa cena. A la mañana siguiente, todos tuvieron un pequeño anticipo de lo que estaba por venir. La vista de Fez era increíble y la temperatura les animó a quitarse los forros de las chaquetas para llevar bragas y guantes más ligeros. Ante ellos, 450 km de caminos con numerosas rasantes y curvas, y a cada paso, un cambio de paisaje. Por un lado, las doradas y marrones cadenas montañosas desaparecían en los suaves tonos amarillos y púrpuras que difuminaban el horizonte. Por el otro, las montañas y sus cumbre nevadas que parecían rozar el pálido azul de los cielos.

Era imposible predecir qué sería lo siguiente que ofrecería la naturaleza, exuberante vegetación, lagos de azul brillante o coloridas ciudades. En todas las paradas, los niños se acercaban corriendo hasta las motocicletas, con las manos abiertas y pidiendo con la mirada unas monedas sueltas y caramelos. Era un mundo muy distinto a Europa, allí las ropas se lavaban en arroyos cercanos y no en lavadoras. En nuestro mundo, las abuelas pueden disfrutar de su jubilación, sin tener que transportar grandes fardos de hierba sobre sus espaldas, como aquella mujer cargada para alimentar al burro de la familia. La diferencia cultural fue tan impactante como los cambios en el paisaje. Con la cordillera del Atlas siempre vigilante, el convoy de motoristas se abría paso en dirección a Merzouga, donde las Yamaha Super Ténéré dejaron el asfalto para adentrarse por tramos fuera de carretera.

Tras unos kilómetros en los que era difícil imaginar que siguiendo esa senda se pudiera llegar a alguna parte, el duro y negro terreno empezó a notarse más blando. Habían llegado a los inmensos y profundos cúmulos de arena de las dunas de Erg Echibbi, que se extendían 30 kilómetros a lo ancho durante unos 9 kilómetros hacia Argelia y con la expansión final del desierto del Sáhara. Los campamentos se dispusieron en semicírculo, al pie de las dunas. Les esperaba una bienvenida con música tradicional y té con menta, cada motorista tuvo su propia habitación para ducharse y prepararse para la cena y el espectáculo ofrecido durante la noche. El absoluto silencio del desierto fue más que propicio para el descanso del grupo, que repuso fuerzas para emprender el cuarto día de la ruta en dirección a Ouarzazate. Cuando Helder Rodrigues puso en marcha su Yamaha Super Ténéré en las dunas, apareció un grupo de niños como por arte de magia vendiendo baratijas y gemas envueltas en papel de periódico; te hablaban en casi cualquier idioma y aceptaban cualquier tipo de moneda.

El día más corto “sólo” recorrieron 350 km, también rodeado por impresionantes entornos. Las dunas desaparecieron en la distancia y las montañas coronadas de blanco seguían rasgando el horizonte azul del cielo. Los pueblos se descubrían engalanados de telas de brillantes colores puestas a la venta, y los lugareños paseaban por las calles tambaleándose sobre bicicletas desvencijadas. La mayoría de las mujeres estaban cubiertas de los pies a la cabeza con nekabs negros y algunas llevaban a sus hijos en las espaldas, tapados por los pliegues de su atuendo. Los excursionistas solitarios caminaban arrastrados por el calor, a kilómetros de distancia de cualquier civilización para ellos conocida. Y los encuentros anteriores con perros suicidas y aquel extraño mono se antojaban ahora demasiado anecdóticos cuando los peligros actuales eran camellos sarnosos y perezosos apostados en mitad del camino, demasiado grandes para pelear con ellos desde una Yamaha Super Ténéré.

A un lado de una impresionante formación rocosa, asomaba un desfiladero que recibía el nombre de Pata de mono (o Zarpa de tigre, según a quién se le preguntara). Parecía como si Dios hubiera cavado grandes y gruesos dedos en la cara de la roca. Y unos metros más adelante, la tierra tenía un profundo color rojizo, el mismo que se esperaría encontrar en Marte. Tras unas horas de camino, atravesando cualquier curva imaginable y recta de firme trazado, el convoy de Yamaha Super Ténéré negoció unas scooters y bicicletas en Ouarzazate, en un oasis tradicional, el hotel Kasbah Riad Darchamaa. Cinco días y la caravana puso rumbo hacia el destino final en Marrakech y hacia la ceremonia de entrega de las cinco Yamaha Super Ténéré que llevarían la esperanza de una vida mejor en Zambia.

En el camino, el convoy se encaramó a lo alto de una colina para contemplar lo que parecía ser un lugar perdido y a la memoria llegaron las imágenes de los exteriores localizados en la película Babel, protagonizada por Brad Pitt. Realmente, aquella visión parecía la de un mundo perdido, anterior al amanecer de la civilización. Era maravillosa. A la subida, el grupo se detuvo en la cima de la montaña para tomar un té con menta y hacer algunos trueques con los vendedores locales para cargar las alforjas con algunos souvenirs. Tras 250 km, un puente en las afueras de la laberíntica ciudad cruzaba el lecho seco de un río, donde asomaban la basura y los escombros normalmente ocultos en las profundidades del agua. Al pasar el río, el frenético ritmo de Marrakech se hizo patente.

Coches de caballos con turistas delatados por el color pálido de sus pieles con unas temperaturas de más de 30 grados y conducidos por guías que se movían por entre aquel caos organizado. En la plaza de la ciudad, Djemaa el Fna, encantadores de serpientes, cuentacuentos, puestos de comida y mujeres que se ofrecían para realizar tatuajes con henna, todos buscaban llamar la atención y obtener dinero. La cuadrilla de las Yamaha Super Ténéré por fin llegó al hotel Hivernage y allí demostraban todo tipo de emociones encontradas. Estaban más que satisfechos de haberlo logrado, y en sus rostros se veían sonrisas tan amplias como el mismo desierto del Sáhara. Sin embargo, ninguno podía ocultar alguna mueca de decepción cuando se trataba de aceptar que aquel fabuloso viaje había llegado a su fin. Pero todos estaban orgullosos de haber llevado las motos a África para salvar vidas. Porque no hay razón para que esas vidas se tengan que perder.

Cherno Jallow es el representante africano de Riders for Health y cuando recibió las llaves de las cinco Super Ténéré, estaba desbordado por la generosidad de Yamaha y la buena voluntad de todos los participantes. Además de las cinco motocicletas que Yamaha aporta al proyecto, la organización benéfica recibirá piezas de repuesto suficientes como para mantenerlas en marcha durante los tres próximos años. A los conductores africanos de las motocicletas, se les impartirá cursos de conducción y sobre las tareas de mantenimiento básicas pero necesarias.

La fiabilidad es la clave para el éxito, por eso se les enseñará a cuidar sus motocicletas conforme al programa PLANS: siglas en inglés correspondientes a gasolina, lubricantes, ajustes, tuercas y tornillos, y parada, esta última para revisar los neumáticos y frenos. En Europa, la atención médica es un servicio que se da por hecho, pero para los habitantes de Zambia la realidad es muy distinta. Las Super Ténéré marcarán un antes y un después en sus mundos, y cubrirán una distancia estimada de 1000 km cada mes. Las palabras finales de Cherno resumieron el éxito de la iniciativa Ride for Life 2010 de Yamaha. “Vuestra aventura acaba aquí y les agradecemos todo lo que han hecho para traernos estas fabulosas motocicletas. Para nosotros, la aventura acaba de empezar”.

En este enlace puedes encontrar una galería de fotos de la Yamaha Super Tenere 2010.