Viaje a la Isla de Man

Turismo. Viaje desde Sevilla a la Isla de Man. (2ª Parte). Sabíamos que las carreras de la Isla de Man eran espectaculares, pero una cosa es saberlo y otra es verlo... Son como carreras de otro tiempo. No nos fuimos nada decepcionamos, un viaje recomendable sin duda.

Javier Alonso Lappi

Viaje a la Isla de Man
Viaje a la Isla de Man

Después de nuestro primer contacto con las carreras, fuimos a ver las SBK a Creeg Ny Baa. Las carreteras las cortan una hora antes, así que llegamos temprano, dejamos la moto en un parking a 50 metros de la curva. En casi ¡ todas las millas hay parking para motos y son gratuitos, eso sí, piden «charity» para los helicópteros, las ambulancias, los Marshall (comisarios), todo va por caridad.

Nos sentamos en una ladera pegados a la carretera, con las piernas colgando hacia fuera. «Chiqui, aquí vamos a flipar», «Buuuuuf», decía ella. Fue impresionante.

La primera moto que vimos pasar fue la de un Marshall, el tío iba en una R1 de las nuevecitas y no iba a por el pan precisamente. Para ser Marshall y llevar la moto han tenido que correr al menos un TT. Los que llevan las banderas son muy amables, les puedes preguntar lo que quieras y todos son voluntarios. Las motos nos pasaban a centímetros de los pies y solo de vez en cuando venía un Marshall a decirnos que nos pusiéramos dos centímetros más lejos.

De ahí nos fuimos a ver los sidecares. Cuando están las carreras te puedes mover sin problemas por carreteras exteriores. Nos impresionaron casi más que las motos, es un alucine ver al copiloto jugándose la vida. Pero más alucinante fue poderlos saludar a la entrada del Paddock. Ese día descubrimos lo que ya nos dijo Rubén «el granadino» en el ferry de Santander: «Los cascos los podéis dejar sin problemas en la moto, que no os los quitan», «¡Venga ya Rubén!», le dije. Pero el tío tenía razón, era verdad. Los dejamos horas encima de la moto y cuando volvimos allí estaban. Increíble.

Comienzan las aventuras
El Mad Sunday o «Domingo de los locos» muchísimos afi cionados suben a curvear al más puro estilo racing por la parte de la montaña, que permanece abierta en un solo sentido y sin límite de velocidad durante la semana de las carreras.

Intentamos hacer el circuito completo: largas rectas, curvas ciegas, alcantarillas en medio de las trazadas... Pero a la altura de Ramsey, la Mountain Course estaba cerrada. Ya se habían producido algunos accidentes, así que nos quedamos en este pueblo a disfrutar del ambientazo.

Había mucha gente disfrazada en moto, mayores y niños sentados en las aceras, motos tuneadas, abuelos paseando a los nietos en sus motocicletas, allí nos quedamos horas.

Ramsey reflejaba el ambiente que hay por toda la isla. La gente no hace caballitos, ni cortan encendido, ni queman rueda, eso sí, cuando hay que correr ¡no veas como le pegan al mango! Te pasan por todos sitios pero respetando las señales de las aldeas y pueblos, señal de 40 mpr, pues a 40. Después fuimos a Laxey a ver un molino de agua muy famoso. Aparcamos la moto al lado de la embajada española, pero creo que ya no hay embajador allí porque salió un hippie con los pelos por los hombros, llevaba una camiseta con colores desteñidos, parecía sacado de los ´60 y lo que había tomado también parecía sacado de esa época y nos dijo: «¡Españoles, españoles! Veniros a la embajada, tenemos una gran fiesta!». Goretti (mi chica) y yo nos quedamos alucinados, ¡menuda embajada!

La edad media del aficionado en Man puede ser de 50 años y en las carreras muchos llevan sus cronómetros y transistores, van apuntando todos los tiempos de todos los pilotos en unas cartulinas que guardan año tras año. La gran mayoría van con motos «R» tengan 50, 60 ó 70 años.

De carreras
En las carreras de los días siguientes nos pusimos en varios sitios. Uno fue Braddan Bridge, en el jardín de una iglesia, muy bien organizado, con altavoces que trasmitían la carrera y con Snack Bar (eso allí es lo normal en todos los sitios). Ese día desayunamos hamburguesa con café y es que como me decía Goretti: «Cariño, eres un agonía». A las 7 de la mañana ya estaba el tío despierto y listo.

Allí en la milla 2, hay una «S» muy espectacular donde los pilotos pasan con sus cascos a centímetros de una valla. Esta carrera la pararon por un trágico accidente.

Fuimos a ver la reanudación a Hillberry con una pareja de santanderinos, esta milla está bajando de la montaña, una curva rapidísima que pasan a 220 km/h si no son más, no estoy seguro. Por la tarde fuimos al paddock. No tiene nada que ver con el de MotoGP, es como yo me imagino los viejos tiempos, hay un ambiente muy familiar. Vimos a los mecánicos trabajando y hablamos con ellos, lo que más nos llamó la atención fue las cúpulas tan altas y los depósitos de gasolina tuneados «para poder dar dos vueltas completas», nos dijo un mecánico.

Fue curioso ver un sidecar sin carenado. Allí los pilotos del TT, McGuinness, Martin, Dunlop… Pasean como si nada, se hacen fotos contigo, firman y charlan con el público.

El día 7 de Junio lo dedicamos a hacer turismo por toda la isla, que se puede recorrer fácilmente en un par de horas. Estuvimos en Peel, allí entramos en un museo que explicaba la historia de la isla: los vikingos, los celtas y cómo no, la mitad del museo estaba dedicada a la historia del TT. Creo que nos colamos, bueno, no sabíamos que teníamos que pagar, nos enteramos cuando a mitad del recorrido una mujer preguntó por los tickets a los de delante: «Cariño, hazte la tonta, tú di “spanish spanish”», «Sshhhh», decía ella.

Tomando unas pintas en un bar, se sentaron en nuestra mesa una pareja de unos 50 años. Nos habían reconocido del día anterior en Hillberry, eran Mick y Wen, después de unas horas hablando con ellos quedamos para ver las carreras del día siguiente y seguimos de turismo por Castleltown, donde tienen otro circuito urbano, Port Sant Mary y, como nos quedamos con el gusanillo de hacer la montaña el Mad Sunday... «Chiqui, vamos pá Ramsey que ya está bien de ver barquitos», y allí fuimos. Por la montaña caían algunas gotas, «¿Pero cómo coj….s cogen esta curva? ¿Qué tendrán como punto de referencia?» Y miles de dudas más porque si por la tele ya me parecen unos extraterrestres cuando estas allí es increíble, ¿cómo van tan rápido?

Colorín, colorado…
Al día siguiente habíamos quedado con la pareja de Heysham en una gasolinera para ir a Gooseneck, pero como buenos españoles los dejamos tirados, solo por diez minutos, «Chiqui, los españoles no somos puntuales, pero sabemos esperar», le dije. Cuando llegamos a Gooseneck allí estaban sentados y nos habían guardado un sitio. La curva tiene una vista espectacular, al fondo veías la bahía de Ramsey, había un castillo en una ladera y la carretera subía haciendo eses hasta llegar a una curva en subida, era de cuento, como la mayoría de las vistas por las que habíamos pasado en los últimos días.

Ese fue nuestro último día en la isla y terminamos en la carpa del paddock escuchando música en directo, tomándonos unas pintas y hablando de motos en buena compañía. Nos hubiésemos quedado a vivir allí, porque la isla es un alucine, la gente es encantadora, extremadamente amable y el ambiente que se respira es único en el mundo.

La vuelta la hicimos bajando desde Heysham a Chester y Bath, allí nos encontramos con los hermanos madrileños que conocimos en el ferry, con los que quedamos en Wells para bajar juntos hasta Plymouth. Camino de Wells nos encontramos con una posada del siglo XVI que permanecía abierta a los huéspedes tal y como el primer día. La carretera era buena para curvear y nos cruzamos con bastantes motos.

Días después volvimos a la cruda realidad, el cuento había terminado, pero Man sigue allí… ¡No os lo perdáis!