Probamos la Alta Redshift MX, la moto eléctrica del futuro 1/2

El futuro en la moto de campo parece que puede ser eléctrico. Es la moto de cross que propone la emergente marca americana Alta. En exclusiva, MOTO VERDE ha sido el primer medio europeo en probar esta propuesta. «Welcome to the future» -bienvenidos al futuro-.
Fernando Valderrama | Fotos: Evan Hamilton (acción) / Alta Motors (estudio) -
Probamos la Alta Redshift MX, la moto eléctrica del futuro 1/2
Probamos la Alta Redshift MX, la moto eléctrica del futuro 1/2

Cuando recibimos la llamada de Alta Motors, directamente de Marc Fenigstein, su fundador, algo en nuestro interior empezó a subir de temperatura. Sólo ver en el teléfono el prefijo de California ya auguraba algo interesante y, como en esas películas en las que las cosas salen bien, tras unos minutos de cortesía y presentaciones, nuestra invitación estaba oficialmente formulada. Íbamos a viajar a San Francisco para probar oficialmente, y por primera vez para una revista a nivel global, la nueva sensación eléctrica en el mundo de la moto verde, una de las motos de las que más se habla últimamente, la Alta Redshift MX.

Pero Alta Motors, marca que apunta hacia el relevo de la tecnología de explosión, es mucho más que su impactante moto de cross. Es un fabricante de tecnología, con parte de capital español, por cierto, que ya ofrece soluciones innovadoras al sector de la movilidad eléctrica. Se podría decir que el proyecto de una moto de cross posiblemente va a cambiar el mundo de la movilidad tal y como lo conocemos.

A la aventura

Pocas veces habíamos hecho la maleta con tanta ilusión como ésta; quizá tenga que ver la sensación de estar asistiendo como testigos de excepción a algo que podría ser el inicio de un gran cambio a nivel global, o quizá simplemente sea la curiosidad por probar una moto que lleva llamando nuestra atención varios meses, especialmente desde que empezamos a ver que un gran piloto como Josh Hill no paraba de publicar vídeos y fotos haciendo diabluras con ella en varios circuitos de California.

Tras una escala en Miami, donde se une a nosotros el madrileño Pedro Zapata, uno de los principales valedores del proyecto, y apasionado piloto de enduro con muchas carreras míticas a sus espaldas, nos dirigimos por fin hacia San Francisco, hacia una de las áreas geográficas más inspiradoras y positivas que uno se pueda encontrar, donde la tecnología, el estilo y el respeto se siguen uniendo para ofrecer al mundo marcas como Apple, Tesla, Google… y, por supuesto, Alta.

Desde el primer momento tenemos la sensación de que en Alta Motors todo se hace con un mimo y un cuidado muy especiales, y la visita de la primera revista a conocer sus instalaciones y a probar sus motos no iba a ser menos. Por cierto, que la ciudad estaba en «aforo completo» debido a la presencia esos días de más de 180.000 asistentes a una convención de vendedores (sí, ¡¡180.000!!, esto es Estados Unidos). El tiempo es excelente, la temperatura buena, el cielo está azul y no hay rastro de la típica niebla de San Francisco. La cosa pinta bien, muy bien. Así que nos fuimos a intentar dormir algo, con esa ilusión que parece no dejarte conciliar el sueño… sólo vemos en nuestra retina la imagen de la Redshift. ¿Correrá igual que una 250?; ¿será manejable?; ¿se notará el peso?; ¿se podrá saltar bien con ella?; ¡¡No tiene embrague ni palanca de cambio!!, ¿resultará fácil habituarse al motor?... Zzzzzzzzzzzz, a dormir.

Brisbane, California

Amanece un día espléndido en San Francisco Bay Area, esa zona que os decíamos que es cuna de muchas de las innovaciones tecnológicas que todos usamos cada día. Nos dirigimos hacia la fábrica y oficinas centrales de Alta Motors, al sur de San Francisco, en un pequeño y cuidado polígono industrial en la cercana ciudad de Brisbane, donde nos reciben con esa mezcla de amabilidad y sencillez que caracteriza a las personas que transmiten confianza, y confianza es lo que se respira en cada esquina de esa fábrica.

Tras las presentaciones, el mismísimo Marc Fenigstein .se hizo fotos con un ejemplar de MOTO VERDE- junto con Pedro Zapata y alguno de los ingenieros, nos acompañan en una interesante visita al complejo, concretamente a las zonas que se pueden visitar, porque hay áreas de acceso restringido que ni con «enchufe» -valga el símil eléctrico-. El conjunto es una modernísima instalación con una línea de montaje y diversas dependencias para cada especialidad, aunque ya está prevista la ampliación a una segunda línea de montaje, para poder afrontar la creciente demanda de motos, que alcanza ya las mil unidades reservadas. Merece especial mención el departamento de I+D (R&D), receptor de la mayor parte de la inversión. En esta parte del mundo tienen muy claro que la inversión en I+D es la que marca la diferencia, y Alta tiene «las estanterías» repletas de innovaciones cuyo valor es incalculable. Las iremos viendo en los próximos años. Futuro garantizado.

Por fin, al circuito

Como podéis imaginar, la parte final de la visita a la fábrica transcurrió entre las unidades ya terminadas y preparadas para enviar a los clientes… ¡Qué bonitas son las Redshift! Intentamos admirar cada detalle, agacharnos, tocar los materiales, montarnos en ellas… pero los chicos de Alta tenían ya preparado el plato fuerte y nos propusieron amablemente seguir disfrutando y admirando sus motos en el Motorcycle County Park de Santa Clara.

En Estados Unidos hay circuitos y zonas para montar en moto que son parques públicos, y, como tales, son cuidados y atendidos por funcionarios públicos, y cuentan con servicios y accesos dignos de un parque de atracciones. En este caso contábamos con un parking asfaltado para unos 500 vehículos, duchas, cafetería, oficinas, tienda de recuerdos… en fin, estilo USA.

En un extremo del parking estaba la extravagantemente decorada la furgoneta de Alta Motors con tres unidades de la Redshift al lado, relucientes y con los «depósitos llenos», de amperios hora, por supuesto.

Al ver por primera vez una Redshift llama la atención que estamos ante una cross de dimensiones y aspecto absolutamente habituales. Es decir, no hay nada futurista a lo que visualmente tengamos que acostumbrarnos, más bien nos transmite mucha confianza ver que la Alta se parece mucho a cualquier otra crossera. Entrando al detalle, destaca la ausencia de maneta de embrague y de palanca de cambios, que una vez en marcha nos provocarán más de una sonrisa al hacer el gesto instintivo de cambiar o de desembragar. Por lo demás, el chasis, la suspensión, la carrocería, la transmisión y las ruedas son de impecable factura, firmado todo por marcas de reconocido prestigio como WP, Acerbis y Warp9… Por poner un «pero», lo único que nos pareció que no era acorde con el aspecto general de la moto, fueron las estriberas, más propias de una moto de calle que de una cross. Suponemos que Alta terminará cambiándolas.

Inicialmente, la Redshift puede parecer pesada, y de hecho no resulta ligera en la báscula (113 kilos) pero luego veremos que, en marcha, transmite una ligereza imposible de sentir en una cross con motor de explosión. La Redshift no tiene radiadores convencionales, para evitar su peso y fragilidad, pero dispone de un sistema de refrigeración por agua que hace que su chasis de aluminio forjado sea el disipador del poco calor que generan su motor y su controladora electrónica.

El motor rinde 40 CV, con un régimen máximo de 14.000 rpm, y unos escalofriantes 3,8 mkg de par, para un conjunto que pesa unos 113 kg, de los que la batería se lleva algo más de 30 kilos. Con 186 Wh por kilogramo de peso, ahora no hay batería más pequeña con mayor densidad energética en el mercado. Éstas y otras características nos van forjando la idea de que Alta con su Redshift no ha querido simplemente hacer la mejor moto eléctrica de cross del momento, lo que han querido hacer es la mejor cross. Una moto equivalente a una MX2, es decir a una 250 4T, que en Estados Unidos también se usa en la categoría Lites.

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