No es habitual que el lanzamiento de un modelo enfocado a los más pequeños le acabe robando protagonismo a sus hermanas mayores de gama. Pero ese ha sido el caso de la Yamaha YZ 65, cuyo lanzamiento en 2019 acaparó tantas miradas y atención como la renovada versión de la Yamaha YZF 250. Lo cierto es que no es para menos, pues hacía muchos años que la firma de los diapasones no tenía una cross de competición para pilotos alevines -desde la YZ 60 ’83-, y porque también es la primera vez en un par de décadas que una marca japonesa piensa en los usuarios más pequeños. Por eso mismo: ¡felicidades a «mamá» Yamaha! por el nacimiento de la pequeña criatura.

Una buena noticia, en nuestra opinión, y sin afectar la marca de la que provenga, pues desde MOTO VERDE siempre hemos defendido la importancia de cuidar el deporte y la afición al «off road» desde la base. Sin niños, no hay futuro; o será uno en el que no se practique la moto de campo. Por supuesto, el lanzamiento de la YZ 65 también guarda una función comercial y de fidelización a una marca, pues ahora los aficionados al azul pueden serlo desde los 4 años hasta que quieran colgar las botas, y todos sabemos que a las edades tempranas es cuando el cerebro está más receptivo a nuevos gustos e idolatrías.

Gestación
Esta es la primera vez que la Yamaha YZ 65 pasa por nuestras manos para ser analizada en profundidad y al detalle. Así que antes de pasar a la prueba vamos a tratar un poco su estructura técnica. La firma de los diapasones ha tenido que partir de cero para la creación de la 65, puesto que no se vale de la estructura de otros modelos infantiles de Yamaha como las PW o las TT R -más enfocadas al ocio-. Eso sí, para el desarrollo del motor se ha aprovechado la situación de tener que actualizar también el de la YZ 85, puesto que ahora ambos modelos comparten elementos comunes como los cárteres, el cambio -diferente relación-, el embrague -diferentes muelles- o la carburación.
La nueva YZ 65 comparte base mecánica con su hermana de 85.
Con un motor de dos tiempos, con cilindro de medidas cuadradas (43,5 x 43,6 mm) de seis lumbreras, pistón de un segmento, refrigerado por agua mediante un radiador -380 ml-, carburador Keihin PWK de 36 mm., cigüeñal con inserciones plásticas para mejor equilibrado, seis velocidades, admisión por láminas directa al cárter y embrague de seis discos, desarrollo final de 13/47 dientes, son algunas de las características de la mecánica azul, además, como detalle más avanzado, de la válvula de escape patentada YPVS, de tipo mecánico y con mecanismo de guillotina doble. Yamaha informa que la apertura se inicia a las 8.300 rpm., y a 8.900 está completamente abierta.

En el apartado ciclo encontramos un chasis en acero de simple cuna desdoblada, con subchasis en aluminio desmontable y basculante también en aluminio. En las suspensiones destaca el empleo de nuevo material KYB, con horquilla de cartucho abierto y amortiguador sin bieletas, ambos multirregulables en compresión y extensión. Los frenos, por su parte, emplean bombas Nissin, mientras que el puesto de mandos permite variar la posición del manillar en cuatro posiciones -dos ubicaciones para los soportes en las tijas- y también existe como accesorio un asiento con espumado más bajo que el original.
Yamaha ha desarrollado una gran lista de componentes GYTR oficiales para la YZ 65
Además de trabajar en el desarrollo de la nueva criatura, Yamaha también se ha esforzado en elaborar una buena lista de componentes especiales GYTR -Genuine Yamaha Technology Racing-, tanto para aumentar las prestaciones de cara a un uso en alta competición, como para reforzar la funcionalidad de algunos elementos o personalizar la apariencia; como escapes, centralitas, cubrecárter, manetas anodizadas, fundas de asiento, tapas de embrague… Todos ellos se pueden conseguir por separado aunque Yamaha también propone un selecto kit GYTR para la YZ 65, que consta de culata, caja de láminas V-Force3, escape completo GYTR, CDI programable, tapón de radiador y tapón de radiador en silicona. Un kit de piezas, cuyo precio es de 1.249 €, que venía instalado en la YZ 65 (4.229 €, de serie), junto a otras piezas a mayores como la tapa de embrague GYTR, el kit de embellecedores anodizados y el cubrecarter.

Competitiva
Para la realización de esta prueba hemos contado con dos «mini test riders» de excepción como lo son los hermanos Izaguirre, David y Juan, bien conocidos en el panorama madrileño y español, con experiencia en el Nacional, en el Europeo y hasta en el ¡Supercross USA! –Juan quedó segundo en la Copa KTM 50 que se celebró en Las Vegas en 2018-. Ambos han competido en 2019 a los mandos de sendas HVA 65, pero su presencia en la prueba es muy valiosa porque, precisamente, David es ejemplo de un chaval de 12 años que afronta sus últimas campañas en 65, mientras que Juan, de 9, está debutando este año en la clase, por lo que la diferencia de condiciones nos ha permitido obtener conclusiones interesantes y valiosas para un amplio abanico de posibles usuarios.
La respuesta del motor con el kit GYTR convence plenamente, empezando por su precioso sonido.
Nos vamos a saltar el proceder habitual de las pruebas y avanzaros ya la conclusión final: en su primera versión, la YZ 65 puede presumir de ser una moto muy competitiva entre las de su clase, quizá no la mejor en global –es difícil comparar, sin comparar in situ-, pero sí creemos que posee varios atributos en los que es la mejor. La respuesta del motor convence plenamente, aunque, en este caso, por su puesto, conviene señalar que la unidad probada contaba con un kit de competición GYTR.

Como buena YZ, la 65 azul ofrece una carburación perfectamente afinada, causante de un sonido sencillamente espectacular. En acción, también se agradece esa finura por un tacto de acelerador muy directo, alegre y preciso. «Me gusta, porque puedo calcular muy bien en los saltos lo lejos que llego según lo que acelero», nos dice Juan Izaguirre. Su respuesta en bajos es limpia y rápida, sin exigir inicialmente el abuso del embrague y mostrando también una relación de cambio muy acertada, sin parecer excesivamente crítica por fallar un cambio.

Bien es cierto que la zona media se percibe un poco lenta y prolongada, como demasiado progresiva o como si tardara en llegar la patada definitiva un poco más de lo deseado. Eso sí, una vez en altos, la YZ 65 corre mucho de verdad, con alta sensación de caballería y, sobre todo, una soberbia elasticidad y capacidad de sobrerrégimen. Así lo detectaba David Izaguirre: «La moto arriba estira una barbaridad, aunque a veces desde abajo le cuesta salir un poquito. Pero me gusta como estira y lo bien que se llega a los saltos incluso saliendo desde parado». El embrague ofrece buen tacto y resistencia, si bien las formas de la maneta no convencen a todos, pues al mayor de los Izaguirre le parecía cómoda pero el menor encontraba demasiada distancia entre la maneta y el manillar.

Esta dualidad también se traslada al apartado ciclo, especialmente por la posición de conducción, pues si bien Juan se sentía perfectamente cómodo en el compacto tamaño de la YZ 65, incluso mejor que en su HVA habitual, a David le ocurría lo contrario, que se le quedaba un tanto pequeña, sobre todo al tratar de echarse hacia atrás, pues al madrileño le daba la sensación de que no entraba en la moto y el asiento se acaba pronto.
«A cambio -nos explica David-, lo que sí me gusta es el equilibrio del chasis en marcha. La parte trasera está como más levantada que en mi moto, como si me dejara mejor posicionado en la moto, y esto se agradece en las curvas porque se maneja muy fácil y al mismo tiempo da confianza». En efecto, el chasis ofrece un gran equilibrio entre estabilidad y agilidad, si bien también hay que señalar que su peso, de 59,5 kilos –verificados en vacío-, es en torno a 4 kilos más que las 65 de la competencia, una diferencia notable para una moto infantil.
Los frenos y las suspensiones de la YZ 65 ofrecen un rendimiento ejemplar entre las de su clase
Los frenos y las suspensiones, que en la unidad probada estaban de estricta serie, son dos de los apartados en los que la YZ 65 se sitúa posiblemente como la referencia de su clase. Para los frenos, la azul se vale de pinzas y bombas propias de una moto de 85, lo que asegura un gran poder de retención y buena resistencia a la fatiga -el tacto incluso es un poco directo de más para jóvenes noveles-. «Me gustan los frenos porque me permiten apurar mucho la frenada», nos confiesa Juan Izaguirre.

Igualmente, las suspensiones proponen un rendimiento que las aleja del material «de juguete» de otros de modelos de ocio, con una eficacia notable y tacto de moto «grande», incluso con alta sensación de rigidez en el tren delantero y un setting tirando a duro. «El amortiguador va muy bien en mi opinión –apunta David Izaguirre-, trabaja bien en todas las situaciones, pero delante le falta un poquito, como que le cuesta comprimirse y rebota en los baches, sin copiarlos bien del todo». Como veis, después de leer esta prueba, podéis tener claro que la YZ 65 tiene muy buena pinta, y que esta no sólo es estética, sino que también se demuestra en un conjunto muy competitivo.

Valoraciones
Lo mejor:
-
Motor efectivo
-
Suspensiones y frenos de calidad
-
Imagen espectacular
Mejorable:
-
Maneta de embrague
-
Peso
-
Asiento pequeño

Preparación
Motor
Culata GYTR mecanizada, con culatín interior especial.
CDI programable GYTR.
Conjunto de escape GYTR, con bufanda y colín modificados.
Caja de láminas Moto Tassinari V-Force 3.
Manguito de refrigeración en silicona.
Tapa de embrague GYTR, en aluminio pulido y con tratamiento exterior más resistente.
Tapón de radiador de 2 bares de presión.
Cubrecárter plástico.

Parte ciclo
Set de embellecedores GYTR en aluminio mecanizado: tapas de bomba de freno, tensores de eje trasero, tapa de llenado de aceite, articulación pedal de freno trasero, soportes de maneta, tuercas de los frenos de cubierta, respiradero del tapón de gasolina y tuerca de la dirección.
Kit de adhesivos YZ 65 bLU cRU Cup fabricados por Blackbird.










