El debut forzoso de Carlos Checa en el Mundial de 500

La inesperada lesión de Alberto Puig en 1995 obligó al Team Pons a encontrar un sustituto para el resto de la temporada. El papel recayó en Carlos Checa, quien más que felicidad al principio mostró su desacuerdo.
Marta Gastón Fotos: Gold&Goose -
El debut forzoso de Carlos Checa en el Mundial de 500
El debut forzoso de Carlos Checa en el Mundial de 500

Dio el salto a la categoría reina obligado y con “bastante miedo”, como llegaría a reconocer, pero bastaron unas pocas carreras para que su percepción cambiara completamente. Carlos Checa comenzó el curso 1995 confiado y con expectativas de convertirse en uno de los animadores de dos y medio. Tras dos temporadas en el cuarto de litro con resultados desiguales, parecía que esta, en la que defendería los colores del Team Pons, podría ser la del despegue definitivo. Pronto comprobó, sin embargo, que no sería nada fácil estar delante. El cambio de los Dunlop por Michelin y su ardua adaptación a la nueva moto (NSR 250) le complicaron el campeonato desde el inicio. Pese a que en Australia, la primera cita del año, cosechó un cuarto puesto, en las siguientes dos pruebas (Japón y España) terminó por los suelos. En Alemania las cosas mejoraron un séptimo puesto, pero el español volvió a naufragar con sendas undécimas posiciones en Italia y Holanda.

Así, poco antes de cruzar el ecuador del Mundial, Checa, que por vez primera contaba con una máquina oficial, solo había conseguido terminar una vez dentro del top-5, en Eastern Creek, y, además, en aquella ocasión se vio favorecido por una caída grupal en el giro inicial. La racha de resultados poco competitivos se vio interrumpida en el Gran Premio de Francia, donde Checa fue cuarto. Las cosas comenzaban a enderezarse y el español empezaba a conectar con su montura, algo que hasta ese momento no había logrado. Entonces no lo sabía, pero aquella sería la última prueba que disputaría en 250cc.

Un día antes de que Checa volviese a situarse en los puestos delanteros, Alberto Puig, compañero de estructura, había sufrido un brutal accidente durante los entrenamientos clasificatorios de 500cc. Buscaba la pole position y acabó estrellándose contra las protecciones a más de 260 km/hora. Puig, que venía de encadenar dos podios consecutivos, se destrozó la pierna izquierda. Él tampoco era consciente todavía, pero aquella lesión terminaría por enterrar su carrera deportiva.

Sustituto de lujo

El periodo de recuperación del otrora manager de Dani Pedrosa se antojaba largo y complejo, por lo que su equipo, el Team Pons, se vio obligado a buscar un sustituto. El escogido fue Carlos Checa, y, contrariamente, a lo que se pueda pensar, la resolución tomada no la recibió con especial ilusión: “La desgracia de Alberto me obligó a pasar a 500. La idea no me hizo mucha gracia en su momento, había que hacerlo porque el equipo y el patrocinador [Fortuna] así lo habían decidido”. Checa se resistiría a debutar en la categoría reina, pero no tardó demasiado en comprender que el cuarto de litro se le quedaba muy pequeño.

Ya en su primer fin de semana, dio buena cuenta de su potencial. No pudo concluir la prueba, aunque realizó una gran salida que le permitió escalar hasta el quinto lugar. Una cita después (Brno) estrenó su casillero de puntos, al cruzar la meta en octavo lugar. En Brasil mejoró sus resultados siendo séptimo, posición que repetiría unos días más tarde en Argentina. Pero sería en la carrera de casa, la de Catalunya, donde explotaría por completo. En su quinto GP en la categoría reina, cosechó su primera fila de parrilla (solo le superaron en la lucha por la pole Luca Cadalora y Mick Doohan) y tuvo la osadía de liderar la prueba hasta que una funesta caída en el giro 18 le apartó de cerrar el año con un triunfo. La victoria fue a parar finalmente a manos de Alex Crivillé; antes de acabar en la grava Checa pudo marcar la vuelta rápida.

Su increíble actuación terminó de convencerle de que su sitio estaba en la categoría reina: “No me duele reconocer que al principio tenía bastante miedo, pero creo que me he adaptado bien y ahora tengo claro que me gusta mucho más que estar en dos y medio. Volver a esa cilindrada sería como dar un paso atrás”. Dicho y hecho. Carlos permaneció 12 temporadas en 500/MotoGP, hasta su salto a Superbike en 2008. Para el recuerdo quedarán su veintena de podios y sus inolvidables victorias: la primera en Montmeló (1996), que permitía resarcirse del error cometido el año anterior, y la segunda en el Jarama (1998).

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