Giacomo Agostini: Valentino lo tiene complicado

Valentino Rossi ha batido a todos. Stoner, Lorenzo, Biaggi, Gibernau… en la pista; Hailwood, Nieto, Doohan y Read… en los libros. Pero hay uno al que no ha podido alcanzar: Giacomo Agostini

Mat Oxley Adaptación: José G. Maroto Fotos: Gold & Goose / Phil Masters -
Giacomo Agostini: Valentino lo tiene complicado
Giacomo Agostini: Valentino lo tiene complicado

Giacomo Agostini ha sido el piloto de motos con más éxito desde que dominara los Grandes Premios durante una década comenzando a mediados de los 60 y sumando nada menos que 122 victorias y 15 campeonatos del mundo. No se esperaba que nadie pudiera romper el récord de «Ago».

Ni Mick Doohan llegó a la mitad antes de retirarse de la competición en una ambulancia. Nadie pensaba que fuera posible… Pero apareció un tal Valentino Rossi. Desde 1996 Rossi dominó el Mundial y hasta finales de 2009 consiguió 103 victorias. Con 15 triunfos solo en las temporadas 2008 y 2009, parecía que el récord de «Ago» estaba en peligro.

Pero después se rompió una pierna y firmó con Ducati, lo que seguramente haya dejado el récord fuera de su alcance. Los campeones del mundo vienen y se van, pero «Ago» es el rey, el único piloto al que Rossi no ha podido batir.

Sentado en el salón de su mansión en la ciudad de Bérgamo, mientras los sirvientes preparan la comida con discreción, Agostini refleja felicidad. A sus 69 años, es suave, sofisticado y elegante como solo un señor italiano ya jubilado puede ser. Vive su vida envuelto en un agradable ambiente de cenas de gala, ceremonias de premios y carreras de motos clásicas, en las que el piloto de motos con más éxito de todos los tiempos sigue siendo muy demandado.

«Ago» es demasiado listo y demasiado encantador como para presumir y alardear golpeándose el pecho como si fuera el rey de la jungla, pero confía bastante en que la carrera de Rossi para quitarle su corona ha terminado.

«Estoy muy contento por tener el mayor número de victorias, y Valentino seguro que estaría contento si batiera mi récord», dice. «Yo ya le he dicho: “Valentino, yo disfruto cuando ganas carreras, pero por favor, para cuando estés a dos o tres victorias”. Y él me dice: “No te preocupes ‘Ago’, por supuesto que pararé cuando esté cerca”. Aun así, ahora mismo pienso que el récord está muy difí cil para él. No es imposible, pero quizás le queden dos o tres años en el Mundial e incluso si Ducati le hace una moto muy buena, Stoner es demasiado rápido…».

Los años de mayor gloria para Agostini fueron el final de la década de los 60 y los primeros años 70, por lo que fue parte de la era dorada de esa época: Sean Connery como «James Bond», Steve McQueen en «Bullit» o Michael Cane en «The Italian Job».

Agostini también disfrutó de su momento en la gran pantalla, actuando en tres películas de carreras, y solo rechazó una oferta de un gran director por compromisos con la competición. La vida de Agostini en los años 60 era como la de una estrella de «rock and roll» multiplicada por diez: Una afi rmación a la vida, una vida en constante glamour deslumbrante y mucha diversión.

Mientras investigaba la carrera de «Ago» me encontré una entrevista de 1967 en la que el periodista decidió que el trabajo de un piloto era «competir, arrastrarse, caer y después hacer el amor y beber vino».

Mujeres, ha habido muchas mujeres en la vida de Agostini. Fue un famoso galán, el auténtico semental italiano. Su buena apariencia hacía que las mujeres se desmayaran a su paso, especialmente las chicas inglesas que le mostraban su fervor enseñándole los pechos durante el TT de la Isla de Man cuando el italiano pasaba rugiendo sobre su MV Agusta.

«Ago» se acuerda de una de estas admiradoras en particular. «Esta chica vivía cerca de Ballaugh Bridge y cada vez que pasaba me decía hola así», dice subiéndose el jersey por encima del pecho. «Cada vuelta, incluso en los primeros entrenamientos por la mañana, ¡a las 4:45 am!». Corre el rumor de que Agostini prefería las mujeres inglesas, pero lo desmiente con una sonrisa pícara. «Chicas buenas, me gustan las chicas buenas», dice sentado junto a María, su mujer jerezana, desde hace 23 años. «Daba igual si eran inglesas, italianas, españolas o alemanas, lo importante es que fueran guapas».

Mujeres bonitas, las más finas prendas italianas y uno de los primeros Porsche 911, esos eran los extras de la vida de «Ago» en las carreras. Lo malo, obviamente, eran los arrastrones y las caídas. Agostini amasó su gran colección de trofeos en una época en la que los pilotos no solo tenían que darlo todo para ganar, también tenían que darlo todo para no perder la vida en un circuito.

Lejos de las luces brillantes de las discotecas, esos eran días negros para el Mundial y era completamente normal perder a media docena de pilotos en cada temporada. Agostini perdió a muchos amigos, uno de los más notables fue el británico Bill Ivy en Sachsenring en 1969, o Gilberto Parlo i, cuya muerte en el TT de la Isla de Man de 1972 llevó a «Ago» a liderar un boicot contra el TT que fue el principio del fin para el TT como carrera del Campeonato del Mundo.

Durante la comida le enseñé una foto que nunca antes había visto, era la parrilla de Sachsenring en aquel fatídico día de 1969. Agostini está en la «pole position», mirando a la corona que alguien con asombrosa falta de sentimientos hacia los supervivientes, había colocado en el lugar donde Ivy debería haber estado.

¿Cómo te sentías en ese momento? «Una tortura», dice. «En la foto estoy llorando, porque Bill era un gran amigo. Seguro que nadie está listo para correr cuando un amigo se ha matado solo unas horas antes. Pero era nuestro trabajo, teníamos que hacerlo».

Por supuesto, no estaba obligado a hacerlo, pero no se retiró porque se lo pasaba muy bien corriendo, a pesar del riesgo. «Yo sabía que nuestro deporte es muy peligroso y cuando veía un accidente pensaba que tenía mejor suerte que ellos. Es lo mismo que cuando vuelas, quizás 250 personas mueran en un accidente de avión, pero al día siguiente sigues viajando en avión». Agostini sobrevivió en bastante buena forma jugando con los porcentajes. «Cuando tenía que dar el 110 por ciento, daba el 110 por ciento, pero nunca tomaba riesgos por nada».

Su gran talento natural le ayudó a mantener lejos a la muerte y las lesiones serias. Agostini ha amado las motos desde «el día en el que nací», y cree que su talento es genético.

«Lo mismo que Hailwood, Sheene, Saarinen o Roberts, todos nacimos con ello dentro», dice. Cuando tenía once años «Ago» terminó segundo en su primera carrera -una subida en cuesta- sobre una Guzzi 250 prestada y luego tuvo su primera moto de carreras después de que un vendedor local de Morini llegara a un acuerdo de alquiler con opción a compra.

Después de solo tres carreras tenía al fundador de la compañía, Alfonso Morini, ofreciéndole motos de fábrica. Tras ganar unos cuantos campeonatos italianos le dijeron que el Conde Domenico Agusta –el aristócrata dueño de MV Agusta– quería verle.

El Conde Agusta fue el hombre que hizo de MV la marca más exitosa del mundo en las carreras, hasta que llegó Honda. Era un maniaco enloquecido por el poder que financió su equipo de carreras con los beneficios de su negocio familiar de helicópteros. Tenía reputación de tratar a sus empleados como peones en un juego de ajedrez, lo que por supuesto, era exactamente lo que los negocios eran para él.

«Tenía una cita para verle a las 16:30. Esperé fuera de su oficina y finalmente apareció a las 22:30… Cuando entré en esa gran habitación, muy oscura, vi todos los trofeos en las paredes. Su mesa estaba en un alto, como el altar de una iglesia, y ahí estaba con una pequeña luz en su escritorio», relata Agostini.

-«¿Quién eres?».

-«Soy Agostini».

-«¿Y qué quieres?».

-«Quiero pilotar su moto».

-«Pero mi moto es una moto difícil. ¿Podrás llevar mi moto?».

El Conde ordenó a su secretaria que reservara el circuito de Monza para un test privado al día siguiente. Cuando Agostini llegó al circuito vio que saliendo de los boxes había una línea de conos colocados en la recta principal…

«Costaba mucho dinero alquilar el circuito de Monza, pero lo que quería era que hiciera una prueba de slalom como cuando era un chaval y participaba en las gymkhanas, pero yo ya era tres veces campeón de Italia. Al Conde le gustaba jugar con las personas. De acuerdo, hice el slalom y firmamos el contrato».

Ahí comenzó una sociedad que produjo 109 victorias en GP y 13 campeonatos del mundo entre 1965 y 1973. Agostini y MV se adueñaron de los Grandes Premios. Incluso cuando Honda contrató a Mike Hailwood para pilotar sus primeras 500, los italianos siguieron mandando.

«Ago» tiene esos dos años (1966 y 1967) entre sus mejores recuerdos. La mayor de las batallas que ambos protagonizaron tuvo lugar en el Senior TT del 67, donde Agostini mandó hasta que la cadena de su MV se rompió. «

Esa tarde Mike me recogió en mi hotel y nos fuimos a la discoteca. Me dijo: “Hoy tú eras el ganador”, lo que fue fantástico. En esos tiempos en las carreras éramos más una familia». Pero «Ago» y MV se divorciaron.

Viendo la ascensión de las motos de «dos tiempos» se pasó a Yamaha en 1974 y ganó el primer título de la historia para una moto de «dos tiempos» en 500 un año más tarde, para regresar a MV en 1976 y conseguir la última victoria de una «cuatro tiempos» en la categoría reina hasta la llegada de MotoGP en 2002.

Giacomo Agostini sigue montando en moto cada día y sigue emocionándose cuando gana al tráfico sobre su moto. «Me sigue gustando montar en moto». Por derecho, sigue teniendo motos gratis de las fábricas con las que se hizo famoso.

«Tengo un Yamaha T-Max que uso a diario para ir a cualquier parte. Si salgo a dar una vuelta por las montañas tengo una MV Agusta Brutale y si tengo que hacer más kilómetros tengo una MV F4 Ago», por supuesto.

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