Leyendas americanas en el Mundial de 500

Desde finales de los años 70 hasta mediados de los 90, el Mundial de 500 cc estuvo dominado por cinco pilotos, símbolo de la edad de oro de un motociclismo salvaje que llegó del otro lado del charco.
Chechu Lázaro
Leyendas americanas en el Mundial de 500
Rainey (Yamaha), Lawson (Honda) y Schwantz (Suzuki) en 1989, el último título de Lawson frente a la nueva generación de talentos americanos.

En las dos primeras décadas del Mundial ver pilotos estadounidenses era algo casi exótico y su presencia se limitaba a hacer de wild cards en las carreras norteamericanas que se disputaron a mediados de los sesenta en Daytona y Canadá. De pronto todo cambió cuando Kenny Roberts aterrizó en el campeonato de la mano de Yamaha América en 1978, que promovió una ola de talentos americanos que dominaron con mano de hierro durante casi dos décadas. Sin embargo, el primer ganador de un GP no sería el “Marciano” sino su compatriota Pat Hennen con una Suzuki en el GP de Finlandia de 1976. Hennen disputó de manera intermitente tres temporadas en 500 cc, acabando tercero en 1976 y 1977. Pero como digo, el motociclismo cambió cuando llegó el Rey.

Kenny Roberts: El Rey

Con la llegada de Roberts al Mundial dio comienzo a una nueva era en el motociclismo, que estaba en un punto de transición entre la era de las motos europeas de 4T y las japonesas de 2T. En 1975 Agostini ganó el primer título con la Yamaha YZR500, después llegaron dos seguidos de Sheene con Suzuki; y para cuando Roberts conquistó su primer título en 1978 ya no había rastro de motos europeas de 4T. El americano empezó aquel año participando en tres categorías: 250 cc, 500 cc y F750, y acabó centrado en la categoría reina donde ganó el título a la primera, algo que en la historia sólo pudo repetir Marc Márquez en 2013.

Leyendas americanas en el Mundial de 500 cc

Kenny Roberts y la Yamaha YZR500 amarilla.

Roberts y Yamaha formarían una dinastía que ganó tres títulos consecutivos entre 1978 y 1980, frente a rivales como Sheene, Uncini, Luchinelli o un jovencísimo Mamola. Siguió ganando carreras otros tres años más hasta 1983. En su última temporada en el Mundial protagonizó el que quizás fue el mayor duelo de la historia de 500 cc frente a Freddie Spencer. El título fue para Spencer después de un duro adelantamiento en la penúltima carrera en el circuito de Anderstorp (Suecia). Una maniobra que Roberts nunca perdonó a su joven rival.

Esa sería su última temporada como piloto. Su Yamaha amarilla a día de hoy una de las motos más icónicas del Mundial, además fue pionero en estilo de pilotaje de sacar la rodilla e instauró una nueva mecánica de trabajo fuera de la pista que cambiaría para siempre las carreras de velocidad. Pero el legado de Roberts fue mucho más allá de sus números en la pista y de abrir el camino para la llegada del resto de americanos al Mundial. Fue un defensor a ultranza de los derechos de los pilotos, llegando a amenazar con la creación de un campeonato paralelo (las World Series). Una vez colgó el mono se convirtió en propietario de un equipo (Marlboro Team Roberts Yamaha) que lo ganó casi todo y que también fue pionero en usar frenos de carbono y la telemetría. Y cuando se cansó de las Yamaha de fábrica, empezó a construir sus propias motos, primero con Proton KR3 de 2T y después con la V5 de 4T.

Freddie Spender: El niño prodigio

Aterrizó en el Mundial de la mano del mítico Erv Kanemoto y a lomos de la no menos mítica Honda NS500 tricilíndrica. En algunos aspectos fue un adelantado a su tiempo ya que sin haber cumplido la veintena ya se estaba fajando con las grandes estrellas del Mundial. Mucha gente de su época considera que nadie ha tenido más talento natural que “Fast” Freddie, y lo cierto es que hasta la irrupción de Márquez en 2013, poseía casi todos los récords de precocidad en la categoría reina. Con 21 años se proclamó por primera vez campeón de 500 cc, en un duelo a cara de perro frente a la leyenda Roberts.

Leyendas americanas en el Mundial de 500 cc

Freddie Spencer con la Honda NSR500 tricilíndrica se convirtió en el piloto más joven en ganar el título de la categoría reina en el año 1983, el año de su gran duelo polémico con Kenny Roberts.

Spencer era la antítesis de su rival. Roberts era un verdadero tipo duro y bravucón que a día de hoy le gusta posar con alguno de sus rifles y pertenece a la Asociación Nacional del Rifle. Spencer se crió en Luisiana, el profundo sur de Estados Unidos, en una familia muy religiosa. Era un piloto completamente diferente al resto de pilotos de su época que basaban su vida en lo que se conocía como las tres B, “Bike, Booze and Birds” (moto, alcohol y chicas). Tenía una vida mucho más ordenada y temerosa de Dios, lo que le hizo tener pocas amistades con sus coetáneos. “Era mi manera de ser. Yo era más tímido pero no tenía nada en contra de aquellos tipos”, diría años más tarde en una entrevista de nuestro colega Mat Oxley.

En su último año Roberts protagonizó el mayor duelo de la historia de 500 cc con Spencer

Lo mejor de Spencer todavía estaba por llegar. En 1985 consiguió una gesta heroica, vencer los títulos de 250 cc y 500 cc, el único piloto en la historia que lo ha conseguido en el mismo año. Sin embargo, después de ganar su última carrera en Suecia ya no volvió a ganar ninguna más. De estar en la cresta de la ola cayó a las profundidades más oscuras asediado por las lesiones. La pesadilla comenzó en el primer GP de 1986 en el circuito del Jarama. Cuando iba líder destacado empezó a sufrir dolores en el antebrazo y acabaría retirándose. No fue el primer piloto que sufría lo que luego se llamó síndrome compartimental, pero por su repercusión esta patología se dio a conocer. Apenas pudo correr dos carreras ese año y cuatro en 1987. No participó en el siguiente y en 1989, ya en Yamaha, fue su última temporada casi completa (corrió 10 de 15 GG.PP) y acabó en un discreto 16º puesto. Tuvo una aparición fugaz en 1993, disputando tres carreras sin resultados. Estaba fuera de forma y se ganó el sobrenombre de “Fat” Freddie, que no hacía justicia a la figura de un piloto legendario cuyas lesiones habían retirado antes de tiempo.

Eddie Lawson: El palmarés

Entre tanta estrella americana ochentera el piloto con mejor palmarés es Eddie Lawson, gracias a sus cuatro títulos de 500 cc, sus 31 victorias y sus 78 podios. De estas cinco leyendas fue el piloto que tuvo la trayectoria deportiva más larga, a caballo entre las rivalidades de Roberts y Spencer, y las de Rainey y Schwantz. No es casualidad que estuviese en activo hasta los 34 años, ya que apenas tuvo lesiones de importancia. Algo casi milagroso en los años más salvajes de las 500 cc. Y es que a lo largo de su carrera se ganó la fama de ser un piloto de estilo muy suave y con la habilidad de no caerse. Su sobrenombre en el paddock, “Steady” Eddie (Eddie el constante), le venía al pelo y seguramente por ese estilo un tanto gris en pista, no fue un piloto popular de su época, como lo pudieron ser Rainey, Schwantz o el mismo Mamola, con menos palmarés que el californiano.

Lawson vivió a caballo entre las batallas de Roberts y Spencer, y las de Rainey y Schwantz

Lawson es también el único de los americanos que fue campeón con dos marcas. Con la vitola de doble campeón AMA de Superbike con Kawasaki, aterrizó en el Mundial como compañero de equipo de Roberts y siendo rookie fue testigo directo de su duelo con Spencer. Cuando se retiró el “Marciano”, Lawson heredó sus galones en Yamaha y le emuló ganando tres títulos en 1984, 1986 y 1988. Durante esos años vivió una dura rivalidad con el australiano Wayne Gardner, con un duelo Yamaha vs Honda de trasfondo. Y una vez que se proclamó tricampeón, quiso tener un estatus superior y junto con Erv Kanemoto montó un equipo semioficial con Honda NRS500 con el apoyo de Rothmans. Lawson ganó el título frente a los chicos de la nueva generación de americanos voladores, Rainey y Schwantz.

Leyendas americanas en el Mundial de 500 cc

Antes de retirarse, Eddie Lawson dio a la Cagiva 500 su primera victoria en el Mundial en el circuito de Hungaroring. También sería la última del tetracampeón americano en su palmarés.

En 1990 volvió al paraguas del Marlboro Team Roberts Yamaha, pero en Laguna Seca sufrió su caída más dura en Laguna Seca, que le tuvo apartado de los circuitos media temporada. Era el momento de dejar paso a las nuevas generaciones de los Rainey, Schwantz, Doohan o Kocinski, pero todavía tuvo tiempo en su última temporada en activo, en 1992, de lograr una histórica victoria con la Cagiva 500 en el GP de Hungría. Fue el broche de oro a una brillante carrera deportiva.

Wayne Rainey: Don Perfecto

Fue el campeón de los años dorados del Mundial de Velocidad. A finales de los 80 y principios de los 90 los pilotos ya tenían una áurea de héroes y eran casi tan famosos como las estrellas del rock. Y tenían bien ganada esta condición porque luchaban por domar las demoníacas 500 de 2T a 300 km/h en circuitos de obsoletos y ninguno de ellos estaba dispuesto a aflojar lo más mínimo. Fue una época irrepetible pero algunos como Rainey pagaron un precio demasiado alto. Una fatídica caída cuando lideraba el GP de Italia en Misano de 1993 le supuso una grave lesión medular que puso fin a su carrera deportiva.

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Los compañeros del Marlboro Team Roberts Yamaha, Rainey y Kocinski, en 1991.

Rainey aterrizó en el Mundial como el protegido de “King” Kenny en el potente Marlboro Team Roberts Yamaha, y como compañero de equipo del campeón Lawson. En el primer año acabó tercero en el campeonato, disputó el título a su ex compañero en 1989 y un año después ganaba el primero de sus tres títulos consecutivos. Tenía a tiro el cuarto, ya que lideraba la carrera de Misano y era líder destacado en la clasificación, cuando sufrió aquella maldita caída que le dejó postrado en una silla de ruedas el resto de su vida. Nunca sabremos hasta donde habría podido llegar Don Perfecto.

Rainey siempre fue leal a Yamaha a lo largo de su carrera en el Mundial y sólo seis meses después de su accidente, estaba de vuelta en el paddock dirigiendo su propio equipo de 250 con el patrocinio de Marlboro y el apoyo de Yamaha. Durante dos años fue jefe de equipo, pero en el fondo estaba sufriendo, ya que su cuerpo a duras penas podía seguir el ritmo mundialista. “Cuando decidí parar estaba tan contento que no me pensé que iba a hacer después, pero me despedí del paddock encantado de no tener que volver a enfrentarme a él”, le contaba años después a Mat Oxley.

Con el tiempo, Rainey volvió a competir con un kart preparado para sus condiciones físicas. Es un habitual en el paddock de MotoGP cada vez que el campeonato para en EE.UU y desde hace un par de años es la cabeza visible en la organización del nuevo campeonato nacional norteamericano de velocidad, el MotoAmerica, que busca crear una cantera en Velocidad como lo fue su día el campeonato AMA del que salió Rainey.

Kevin Schwantz: La estrella

El Mundial de Velocidad alcanzó cotas de popularidad inimaginables ayudada en parte por la rivalidad mediática entre Rainey y Schwantz. Aunque siempre acababa coronándose el de Yamaha, Schwantz fue de largo el piloto más popular de su época. Era un piloto agresivo, de gatillo fácil en la pista, y por eso los aficionados le adoraban. Mientras Rainey rodaba a un ritmo constante durante vueltas y vueltas como si fuera un robot, el pilotaje de Schwantz era salvaje y casi siempre bordeaba sus límites. Por eso también ganó una carrera más que Rainey (25 a 24). Le fue siempre fiel a Suzuki, una moto teóricamente inferior a la Yamaha y la Honda, y eso también ayudó a que el público se identificase con el tejano. Sería demasiado osado pensar cuántos títulos tendría de haber competido con cualquier otra moto japonesa, pero Schwantz no se arrepiente de nada.

El Mundial alcanzó una popularidad inimaginables gracias a la rivalidad entre Rainey y Schwantz

Se coronó campeón en 1993, después de conseguir los puntos necesarios en las tres últimas carrera para adelantar a Rainey. Cumplió su sueño y en 1994 lució el #1 en el carenado de su Suzuki, pero ya no pudo plantar cara al nuevo piloto del momento, Mick Doohan, que ganaba el primero de sus cinco títulos consecutivos. Sin su máximo rival en pista, Schwantz perdió parte de la motivación y empezó a sobrevolar en su cabeza el fantasma de una lesión como la de Rainey. Un día se puso a contar los huesos que se había roto y perdió la cuenta entre 40 y 50. Finalmente se retiraría en 1995 cuando su cuerpo dijo basta, como la mayor parte de los pilotos de su generación. Hoy en día todavía arrastra secuelas de aquellas lesiones, el caro peaje de la edad de oro de las 500 y 2T.

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El pilotaje de Schwantz era salvaje y casi siempre bordeaba sus límites.

Como hicieran Spencer o Lawson, una vez que dejó la competición, se distanció de las motos pero no de las carreras, y empezó a competir en coche en Australia. Pero no tardó en volver al mundo de las motos, para participar en algunas carreras de Superbike clásicas, en las que todavía tenía que reprimir al piloto indomable que lleva dentro. En la actualidad es un fijo en la cita de Austin, cuyo trazado diseñó en una servilleta. Con sólo un título de 500 cc en su palmarés, Schwantz fue el Rossi de su época, el favorito de los millones de aficionados que se engancharon al Mundial a principios de los 90.

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