Marc Márquez, cuando ambición y talento se funden

Lo sucedido en Argentina pone de manifiesto la mayor desigualdad que hay en MotoGP.
Nacho González -
Marc Márquez, cuando ambición y talento se funden
Marc Márquez, cuando ambición y talento se funden

Marc Márquez llevaba un año esperando esta victoria. Su actitud a lo largo de todo el fin de semana era más propia de la gira asiática, de esos momentos de la temporada donde fallar está terminantemente prohibido, donde toca aparcar los juegos y poner todos los esfuerzos en los exámenes finales.

En cierto modo, lo que el de Cervera tenía ante sí en el Autódromo Termas de Río Hondo era una auténtica reválida. Hace un año tuvo uno de sus peores días como piloto profesional: las cosas se torcieron en una carrera en la que era favoritísimo y, completamente desbocado, salió a tumba abierta en una remontada con un ritmo infernal que quedó ensombrecido por dos impactos: primero con Aleix Espargaró y después con Valentino Rossi, que acabó en el suelo. Lo que pudo quedar como una asombrosa demostración de talento acabó desembocando en una oleada de críticas por su descontrolada ambición.

El paso del tiempo hizo su trabajo, Márquez empezó a coleccionar victorias y lo de Argentina fue quedando en un segundo plano, en un mal recuerdo de una temporada prácticamente perfecta a partir de ahí que le hizo proclamarse campeón con notable antelación.

Sin embargo, que algo esté en segundo plano no quiere decir que haya caído en el olvido, y al volver al trazado sudamericano los recuerdos se agolparon en la mente de los aficionados y, por supuesto, del propio Márquez, que hizo gala de una seriedad inusitada a estas alturas de curso. Traicionó su propia esencia, que le hace más proclive al espectáculo que a la dominación, y se llevó una victoria inapelable de principio a fin. Descomunal. Aburrida. De las que no le gustan.

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No era día para gustarse, sino para redimirse. Para enseñar al mundo qué hubiera sucedido el año pasado si no se le para la moto en parrilla. Para demostrar y demostrarse que su constante aprendizaje no cesa, que sigue firme en su camino de ser mejor piloto a cada año que pasa. Sin lo del año pasado, quizás se hubiera visto una carrera más similar a la de Assen 2018, donde también se veía superior pero no tenía prisa por largarse, por lo que optó por jugar y procrastinar hasta el final la escapada.

En Termas se vivió un efecto mariposa: la carrera 2019 estuvo totalmente condicionada por la de 2018. Si el año pasado su ambición devoró su talento, en esta ocasión tocaba dejar claro que es capaz de fundir ambición y talento en una mezcla homogénea que le vuelve invencible.

Marc Márquez, cuando ambición y talento se funden

Marc Márquez, cuando ambición y talento se funden

Cuando eso sucede, el resto solamente puede mirar y aplaudir. Porque en el contexto de increíble igualdad mecánica que vive MotoGP en esta época, la mayor desigualdad se llama Marc Márquez. Cinco títulos en seis años son simplemente la demostración numérica de la sensación transmitida en pista. Actualmente, en la categoría reina hay dos tipos de circuitos: los que son de Márquez y el resto.

En el resto, Márquez se abona al podio y a veces incluso gana. En los suyos, las aspiraciones de todos los demás pilotos pasan, sencillamente, por un error del de Honda. Curiosamente, suelen ser los que empiezan por A: Américas, Alemania, Aragón, Australia y Argentina. En ellos, la opción A es que gane Márquez, y la B que falle Márquez. No hay opción C.

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De ahí que los 45 puntos que adornan su casillero ahora mismo sean la media aritmética que le conduce inevitablemente al título: 25 puntos en su circuito, 20 en el que no lo es. La cuenta es inequívoca.

Es su segundo mejor inicio en categoría reina después del arrasador 2014, pero más allá de esos 45 puntos lo que mete miedo es la sensación de poderío ofrecida por el ilerdense en este inicio de curso. Los doce segundos de ventaja con los que llegó a la última vuelta –que hubieran podido ser más- en una carrera en la que no sucedió nada extraño son una brecha tremenda en la moral del resto. Y de propina viene Austin, donde no falla. Si sale de allí con 70 puntos, el miedo a quedarse sin emoción poco después de verano es real.

Ante esto, ¿qué pueden hacer sus rivales? Sencillamente, no fallar. Presionar al 93 enarbolando la bandera de la regularidad. Exactamente lo que están haciendo los tres pilotos que le suceden en la general, cada uno de una marca: Andrea Dovizioso, Valentino Rossi y Álex Rins.

El de Ducati hizo los deberes en Qatar y no falló en Argentina. El de Yamaha salvó los muebles en Losail y se quitó la espina de subir al cajón en Termas. El de Suzuki todavía no ha catado podio pero siempre está al acecho.

Todos saben que si Márquez continúa con este nivel y no falla, tendrán que conformarse con luchar por el subcampeonato, algo que choca con el carácter ganador de todos ellos. Ese carácter les impide rendirse y les fuerza a focalizar sus esfuerzos en no descolgarse, tratar de batirle los días que se pueda e intentar sumar 20 puntos cuando Márquez sea invencible, todo ello esperando que llegue un fallo.

No les queda otra, porque por mucho que apenas se hayan disputado dos grandes premios, la sensación colectiva es que este título solo lo puede perder Marc Márquez.

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