Velocidad vs regularidad, la eterna dualidad del motociclismo (parte I)

Si algo nos ha enseñado la historia del motociclismo, es que el más rápido no es siempre el mejor.
Nacho González -
Velocidad vs regularidad, la eterna dualidad del motociclismo (parte I)
Velocidad vs regularidad, la eterna dualidad del motociclismo (parte I)

En las primeras décadas de existencia del Campeonato del Mundo, el sistema de puntos que descartaba los peores resultados tendía a premiar la velocidad sobre la regularidad. Sin ir más lejos, eso fue lo que permitió al británico Les Graham ser el primer campeón en 1949 por los puntos netos, pese a tener menos puntos brutos que los dos siguientes clasificados: los italianos Nello Pagani y Arciso Artesani.

Pese a dicho sistema, ya desde el principio hubo duelos que se resolvieron por la regularidad. Un gran ejemplo son los que mantuvieron el italiano Giacomo Agostini y el británico Mike Hailwood en el medio litro: tanto en 1966 como en 1967 acabaron con el mismo número de victorias, siendo campeón en ambos casos el transalpino por mayor número de segundos puestos.

Ya antes de eso otro italiano, Umberto Masetti, había hecho valer su regularidad para ser el primer bicampeón de la historia en clase reina: en 1950 logró dos victorias por las tres del subcampeón Geoff Duke; mientras que en 1952 fue campeón también con dos victorias –las las mismas que el británico Les Graham y el irlandés Reg Armstrong-, desempatando gracias a dos segundos puestos.

Desde que cuentan todos los resultados de la temporada, la regularidad ha ido ganando peso a la hora de aspirar a un título mundial. Lógicamente, lo más frecuente es que el campeón del mundo sea el que más victorias logra a lo largo de la temporada, o que esté muy cerca de serlo. Pero no siempre ha sido así.

Publicidad

Velocidad vs regularidad, la eterna dualidad del motociclismo (parte I)

Wayne Rainey y Mick Doohan en 1992 (Foto: Gold & Goose)

Se han visto casos realmente excepcionales, como la temporada 1992 en categoría reina, donde Wayne Rainey fue campeón con tres victorias por las cinco de Mick Doohan, siendo decisiva la grave lesión del australiano que le hizo perderse cuatro carreras cuando tenía el título encarrilado. O la de 1989, cuando Kevin Schwantz ganó más veces que nadie (seis) pero acabó cuarto tras sumar también seis ceros, siendo el título para Eddie Lawson con cuatro victorias.

Esta temporada lo estamos viendo en Moto3, donde el español Jorge Martín lleva cuatro victorias por sólo una del italiano Marco Bezzecchi, que está a dos puntos en la general (y que incluso estaría líder de no haberse caído en Assen).

Por poner los ejemplos más claros en los que la regularidad se impuso a la velocidad, vamos a coger solamente aquellos en los que hubo al menos un piloto que logró tres victorias más que el campeón. Juntando las diversas categorías que han pasado por los grandes premios –sin contar sidecares- y las categorías con rango mundialista del WorldSBK, salen un total de 16 ejemplos.

Lo dividiremos en dos partes. En este primera nos centramos en los prototipos, donde se han dado nueve casos en seis categorías distintas:

MotoGP

En toda la historia de la categoría reina sólo ha habido un caso en el que el piloto campeón lo fuese con tres victorias menos que otro: sucedió en la temporada 2006, cuando el estadounidense Nicky Hayden se hizo con el título con tan solo dos victorias por las cinco del subcampeón Valentino Rossi.

Publicidad

Velocidad vs regularidad, la eterna dualidad del motociclismo (parte I)

Valentino Rossi felicita a Nicky Hayden en Valencia 2006 (Foto: Gold & Goose)

‘Kentucky Kid’ hizo gala de una regularidad increíble, especialmente al inicio de temporada –siete podios en ocho carreras- para llegar a Valencia con opciones de título. Allí, Rossi cayó y Hayden fue tercero para ser campeón por cinco puntos.

Moto2

La temporada 2011 fue la del triunfo de la regularidad del alemán Stefan Bradl, campeón con cuatro triunfos por los siete de un Marc Márquez que pagó caro su mal inicio de año. Mientras el español no sumaba puntos hasta la cuarta carrera –que ganó-; el germano inició el año con cuatro triunfos en seis carreras. A partir de ahí vio cómo su ventaja menguaba hasta ser superado por el de Cervera, pero un problema de visión a raíz de una caída en Sepang le hizo perderse las dos últimas carreras, y el título fue para la regularidad de Bradl.

Velocidad vs regularidad, la eterna dualidad del motociclismo (parte I)

Stefan Bradl y Marc Márquez en 2011 (Foto: Gold & Goose)

Moto3

Pese a ser la última categoría en llegar al Mundial, ya se han dado dos temporadas donde la regularidad se ha impuesto a la velocidad:

En el primer caso hay que remontarse hasta 2013, donde tres pilotos se repartieron todas las victorias menos una… pero el título acabó siendo para el que menos ganó de ellos: Maverick Viñales había empezado como un tiro, sumando 90 puntos de 100 posibles con dos victorias y dos segundos. Sin embargo, su tercera victoria no llegó… hasta Valencia, donde había llegado con opciones gracias a los ceros en Japón de Álex Rins y Luis Salom, ganadores de seis y siete carreras, respectivamente. Viñales, con un quinto puesto como peor resultado, fue campeón.

Publicidad

Velocidad vs regularidad, la eterna dualidad del motociclismo (parte I)

Álex Rins, Luis Salom y Maverick Viñales en 2013 (Foto: Gold & Goose)

Al año siguiente se repitió la historia: con tres victorias en cinco carreras, el australiano Jack Miller se situaba con 104 puntos de 125 posibles y se disparaba hacia el título. Era claramente el más rápido de la categoría, pero le faltó mucha regularidad y, cuando quiso reaccionar –dos victorias y un segundo en las tres últimas carreras- ya era muy tarde: Álex Márquez no fallaba y se llevaba el título con tres victorias por las seis de su rival.

Velocidad vs regularidad, la eterna dualidad del motociclismo (parte I)

Álex Márquez y Jack Miller en 2014 (Foto: Gold & Goose)

250cc

En el cuarto de litro, sucedió en dos ocasiones. Una de ellas, en una temporada muy curiosa. La otra, en una muy polémica:

En 1982, una sola victoria en la cita inaugural ante su público sería suficiente para que el francés Jean-Louis Tournadre se proclamase campeón del mundo de 250cc. Acabando todas las carreras y haciéndose un habitual del cajón, acabó el año con una cuarta posición que hacía estéril el quinto triunfo del alemán Anton Mang, que se quedaba a un punto del título. Lo que es realmente curioso es que, ese mismo año, Mang sí conquistó el título de 350cc… pese a ganar una sola carrera.

Velocidad vs regularidad, la eterna dualidad del motociclismo (parte I)

Anton Mang en 1982 (Foto: Gold & Goose)

El otro caso terminó con una de las acciones más polémicas de la historia del motociclismo. En Buenos Aires 1998, el italiano Loris Capirossi llegaba como líder pese a haber ganado sólo dos carreras. Sin embargo, el japonés Tetsuya Harada, que llevaba cinco victorias, dependía de sí mismo. Un ‘problema’ que Capirossi resolvió tirando al nipón, lo que le convertía en campeón del mundo automáticamente en la carrera que ganó Valentino Rossi, finalmente subcampeón también con cinco triunfos.

Publicidad

Velocidad vs regularidad, la eterna dualidad del motociclismo (parte I)

Loris Capirossi, Valentino Rossi y Tetsuya Harada en 1998 (Foto: Gold & Goose)

125cc

En la categoría de 125cc, la que más tiempo estuvo en el calendario mundialista, se dieron dos casos prácticamente consecutivos:

Todo el mundo recuerda aquel año 1999, con dos pilotos que se repartieron las victorias por tramos de la temporada y otro que fue campeón sin una sola victoria. La primera mitad de año se vio dominada por el japonés Masao Azuma, ganador de cinco de las ocho primeras carreras. La segunda, por Marco Melandri, ganador de cinco de las ocho últimas. La primera de Melandri llegó justo después de la última de Azuma, pero ambos fallaron demasiado. Todo lo contrario que el español Emilio Alzamora, que se convirtió en campeón del mundo pese a los intentos de Melandri por hacer que se cayese en la última carrera.

Velocidad vs regularidad, la eterna dualidad del motociclismo (parte I)

Marco Melandri, Emilio Alzamora y Lucio Cecchinello en 1999 (Foto: Gold & Goose)

Con tres victorias y ocho podios en once carreras, el joven talento sanmarinense Manuel Poggiali encarrilaba el título del octavo de litro en 2001, ayudado por la irregularidad del japonés Youichi Ui. El piloto de Derbi, que a lo largo del año había hecho más ceros que victorias (dos), ganó las cuatro últimas carreras de forma consecutiva –tres de ellas con Poggiali segundo-, insuficientes para hacerse con el título pese a doblar en triunfos a su rival.

Publicidad

Velocidad vs regularidad, la eterna dualidad del motociclismo (parte I)

Youichi Ui y Manuel Poggiali en 2001 (Foto: Gold & Goose)

80cc

Por último, en la categoría de 80cc también hubo un ejemplo, muy recordado por el público español. Sucedió en 1989, cuando Manuel ‘Champi’ Herreros se hizo con el título sin ganar una sola carrera. El albaceteño ya había sido dos veces subcampeón mundial de la categoría en el 86 y el 87, con una victoria en cada año. Sin embargo, en aquel 89, el piloto de Derbi tenía claro que la fórmula para ser campeón consistía en no fallar.

La temporada era corta, de tan solo seis carreras, y fue de menos a más: quinto en la primera carrera y cuarto en la segunda, acabó segundo en las cuatro últimas para imponerse al suizo Stefan Dorflinger –que tampoco ganó-, el alemán Peter Oettl y el español Herri Torrontegui, que ganaron tres y dos carreras, respectivamente.

Velocidad vs regularidad, la eterna dualidad del motociclismo (parte I)

Manuel 'Champi' Herreros en 1989 (Foto: MPIB)

En la segunda parte, los siete casos que se han producido entre el Mundial de Superbike y Supersport.

Publicidad
Te recomendamos

Como habrás podido comprobar por ti mismo ya tenemos aquí al frío, y que como cada añ...

Llegar más allá del trail y del enduro es posible gracias a las nuevas tecnologías....

Si estás pensando en hacer un viaje con tu moto, Bridgestone ofrece una amplia gama d...