45 puntos, quinto en la general y sin haber pisado el podio dominical. Ese es el pobre bagaje de Marc Márquez después de los tres primeros grandes premios de la temporada 2026 del Campeonato del Mundo de MotoGP. Pobre porque viene de arrasar en 2025 y porque los tiempos de pretemporada invitaban a pensar en otra cosa.
Así está el vaso. Luego ya hay dos formas de verlo. La pesimista, que contemplará este inicio de curso como la confirmación de un cambio de ciclo en MotoGP y, por tanto, el principio del fin de Marc Márquez. Y la optimista, que señalará que, habiéndole salido casi todo mal hasta la fecha, ha ganado un sprint (casi dos) y su déficit con el liderato es de apenas 36 puntos y quedan 19 citas por delante.
“Quedan muchísimos puntos, muchísimas carreras”, dijo el propio Márquez al término del Gran Premio de Estados Unidos, haciendo hincapié en que debe seguir instiendo y recordando que, a lo largo de una temporada tan larga, todos irán fallando.
Marc sabe de lo que habla. A lo largo de su trayectoria en la categoría reina, se ha enfrentado a temporadas de toda índole y ahora tiene ante sí un reto inédito para él en MotoGP: ser campeón sin ganar ninguno de los tres primeros grandes premios, algo que solo consiguió en 125cc.
En paz consigo mismo tras volver al cielo después de transitar los infiernos, se ha liberado de la presión y ahora sueña con ampliar todavía más su impresionante palmarés con el décimo título mundial. Sin embargo, en este 2026 se ha encontrado con un triple desafío.
Tres variables que necesita poner en orden para dar la vuelta a la situación y ser campeón.
La primera es la variable física. Pese a que no sea comparable a lo que le sucedió aquel fatídico 19 de julio de 2020 en Jerez, los problemas de Marc Márquez en MotoGP 2026 comenzaron el pasado 5 de octubre de 2025 cuando Marco Bezzecchi le derribó en la carrera del Gran Premio de Indonesia.
La fractura de coracoides y la lesión de los ligamentos de su hombro derecho no mostraban signos suficientes de estabilización tras el tratamiento conservador y no le quedó otro remedio que pasar por el quirófano para realizarle una estabilización quirúrgica y repararle los ligamentos acromioclaviculares. Eso no solo le hizo perderse todo el final de temporada, sino que le tuvo sin poder entrenar en moto dos meses y medio y casi 100 días sin hacerlo sobre asfalto.
Y claro, todo eso está repercutiendo en su estado actual, donde no tiene la fuerza necesaria para dominar la moto al inicio de carrera, con la goma nueva y el depósito lleno. Luego, según van pasando las vueltas, es cada vez más y más competitivo, pero para entonces Marco Bezzecchi y compañía ya se han escapado irremediablemente.
Aquí vuelve a entrar en juego el vaso: hay quienes piensan que irá ganando fuerza en el hombro y que el descanso entre COTA y Jerez le vendrá de perlas para mejorar su físico; pero tampoco faltan las voces que apuntan a que su maltrecho brazo jamás volverá a su estado normal. El tiempo dirá.
La segunda variable es la mecánica. Los tiempos en los que la Desmosedici estaba varios pasos por delante del resto acabaron hace mucho tiempo, y en los últimos meses se ha confirmado el ‘sorpasso’ de Aprilia. El propio Marc lo explicó: “Los problemas te los pone otra marca”, sentenció, explicando que ellos habían dado un pasito en este 2026, pero que “Aprilia ha dado paso y medio”.
Sin embargo, el clima de enorme igualdad que vive MotoGP hoy en día implica que ese medio pasito de diferencia se cifre en un par de décimas, y la capacidad de reacción de Ducati siempre ha sido impresionante. Ya lo demostraron en 2022, cuando supieron corregir los problemas iniciales de la moto para que Pecco Bagnaia remontase a Fabio Quartararo.
En 2023 también dejaron escapar dos sprints y una carrera en los cuatro primeros grandes premios, y en los 16 siguientes apenas perdieron un sprint y dos carreras. Incluso en su mega dominador 2024, todas las derrotas del año se produjeron en el primer tercio: una carrera y tres sprints, todos ganados por Aprilia.
Si a esto se le suma que en Jerez hay un test oficial, que han tenido tres grandes premios enteros para recabar datos, que cuentan con el genio de Gigi Dall’Igna y que llega el periplo europeo de la temporada, no sería raro que, como poco, las Ducati empiecen a mirar de tú a tú a las Aprilia en los próximos meses.
Y todo esto conduce a la tercera variable: la mental. Tercera, pero no menos importante. De hecho, quizás sea la que más. A nada que haya cierta mejoría física y técnica, el título de MotoGP 2026 va a estar en la mente de Marc Márquez. Y eso lo sabe Marc Márquez y lo saben los rivales de Marc Márquez.
Porque Marc Márquez ya ha ganado varios títulos mundiales en inferioridad mecánica. Que se lo digan a Ducati, que tardaron años en traducir su superioridad técnica en títulos por culpa del 93. Sin embargo, hay un detalle preocupante: cuando Marc ha arrasado un año, al siguiente no ha sido campeón. Le sucedió tras el paseo de 2014 y tras la exhibición de 2019.
Ahora, además, tiene que lidiar con el runrún de la retirada que sobrevuela su mente. Ahora tiene una vida fuera de los circuitos y eso, inevitablemente, ha modificado su cerebro.
En este sentido, el fallo del sprint de COTA que lastró su fin de semana es casi anecdótico: son cosas que pasan cuando vas al límite; y hace ya muchos años que Marc ha demostrado que, cuando está en la pelea por el título, sabe bien cuándo nada y cuándo guardar la ropa.
Ahora tiene que volver a hacerlo y seguir sacando petróleo mientras espera días mejores de sus dos herramientas de trabajo: el cuerpo y la moto. Y lo seguirá haciendo, al menos mientras su mente le siga diciendo que todos los sacrificios siguen valiendo la pena. De momento está claro que sí, pero si las otras dos variables no varían (valga la redundancia), quizás su mente le lleve por otros caminos.
De eso depende el posible décimo título… e incluso la tan manida renovación para 2027 o más allá.










