Signos de incultura. El motociclismo en España

Juan Pedro de la Torre analiza la situación del Circuito del Jarama. La desaparición del Trofeo RACE, y por tanto el fin de la actividad deportiva en el circuito del Jarama, es una mala noticia para el motociclismo, pero no sólo para Madrid, sino para toda España.
Juan Pedro de la Torre (Director de Deportes de MOTOCICLISMO) -
Signos de incultura. El motociclismo en España
Signos de incultura. El motociclismo en España

El Jarama marca la historia de nuestro deporte, y es un hito trascendental. La falta de actividad deportiva, primero al más alto nivel, con la pérdida del Mundial, que hizo una última y esporádica parada en 1998, después el CEV, y ahora el RACE, hace que el motociclismo deportivo en la zona centro se vea seriamente perjudicado.

Al parecer, la Federación Madrileña ha reaccionado con agilidad y rapidez, y ha buscado alternativas para los pilotos madrileños. Aunque se trate de una alternativa costosa por tener que correr en Albacete, Cartagena o incluso Portimao, eso es mejor que nada. Y hasta parece que esto haya hecho que al propio RACE le remuerda la conciencia y se plantee una mínima actividad… Ya veremos.

Luego está lo del nuevo circuito de Madrid. Una vieja historia al hilo del cuento de Pedrito el cabrero, el del "¡qué viene el lobo, qué viene el lobo!"… Se ha hablado tanto de ese nuevo proyecto y se han hecho tan pocas cosas…

En la actualidad, cualquier proyecto de las dimensiones de un circuito permanente con ciertas pretensiones, necesita ir de la mano de las instituciones, y nadie, absolutamente nadie se moja en Madrid.

Primero estuvo el macroproyecto del Espacio del Motor de Pinto, que está salpicado de disputas políticas que han llegado a conflictos al más alto nivel en el Ayuntamiento de esta localidad, con cambios de regidores, concejales tránsfugas y demás enredos políticos de dudoso fondo.

Ahora Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad de Madrid, bendice la idea de un circuito bajo la huella sonora de la pista tres del Aeropuerto de Barajas. Queda mucho, mucho por hacer: informes técnicos, estudios de impacto ambiental, estudios presupuestarios, por no hablar de la cuestión de los terrenos, que no son propiedad del RACE, y que obligaría a un complicado juego de permutas o cesiones o ventas… porque no me veo al RACE permutando sus valiosos terrenos del Jarama, que pueden convertirse en terrenos urbanizables de alta rentabilidad, por otros baldíos donde administrar, en consorcio con la Comunidad y, quizás, algún ayuntamiento (¿a quien pertenece ese terreno?, ¿a Barajas, a Paracuellos, a Fuente El Saz?), el siempre rentable negocio de un circuito. Sería, a medio plazo, una fuente de riqueza para la localidad en cuestión.

Todos cifran como objetivo al crear una pista conseguir organizar una prueba de la magnitud de la Fórmula-1, por lo menos. Con la iglesia toparemos, Sancho. Con el Gran Premio de España sólidamente asentado en el Circuit de Cataluña, el objetivo de organizar otra carrera de F-1 en nuestro país haría chocar los intereses de los gobierno de Madrid y la Comunidad Valenciana, ambos regidos por el PP… ¡Glups!

Y de MotoGP, mejor no hablamos. Tres carreras, tres… ¿Alguien da más? Imposible hacer una cuarta, casi tan imposible como conseguir arrebatar a Jerez, Cataluña o Valencia su Gran Premio.

Con este panorama, ¿alguien cree que habrá voluntad política de llevar adelante un proyecto de semejante envergadura?

Lo que ocurre en realidad en torno al circuito del Jarama, y en general en torno al motociclismo es este país, es la absoluta ausencia de una cultura del motor. Por más que haya ciento de miles de enfervorecidos aficionados que llenan las gradas en las carreras españolas del Mundial, por más que la marea azul que ha generado el «efecto Alonso» en la F-1 haya convertido este campeonato en un deporte de masas, por más que España sea, hoy por hoy, la primera potencia motociclista del mundo, el segundo mercado europeo en venta de motos, desgraciadamente, se trata de un deporte minoritario.
 

El Jarama es un símbolo del motociclismo moderno en nuestro país. Fue el primer circuito permanente, construido en 1967; su puesta en funcionamiento y el traslado del popular Gran Premio del Retiro a la pista de la Carretera de Burgos marcó un desarraigo que ha sido crucial en el sentir de la moto en Madrid.

Los tiempos obligaban a este cambio, a la llegada de una pista de verdad, y coincidió con el despegue de Ángel Nieto, que fue el motor de este deporte durante dos décadas.
 

Cuando las carreras salieron de la capital se produjo la rotura de esas raíces que ligaban la competición con lo cotidiano. En Barcelona eso no ha pasado, Montjuïc se mantuvo como escenario activo de la competición hasta 1986, cuando la trágica muerte de Mingo Parés en las 24 Horas marcó el final del circuito de la montaña. Pero las motos siguieron muy presentes en la vida de la Ciudad Condal. En Madrid no.

Cuando los rugidos de los megáfonos y el zumbido de los tubarros dejaron de rivalizar con los alaridos de los animales de la Casa de Fieras del Retiro, Madrid comenzó a alejarse de las motos de carreras. Y cada vez está más y más lejos.

Los vecinos de Ciudalcampo, de la urbanización del RACE, claman desde hace años contra el ruido de las motos (y los coches). Pero antes de que se pusiera la primera piedra de la primera casa, el circuito ya estaba allí.

No se trata por tanto de una actividad que ha surgido para molestia de los vecinos; quien se ha ido a vivir allí sabía adónde iba. Padecimos un problema similar durante años con el circuito de Calafat, construido junto a una urbanización. Durante años la actividad en la pista tarraconense fue judicialmente interrumpida por un litigio con los vecinos de la urbanización. El caso del Jarama es bien distinto, es totalmente a la inversa.

Es, repito, porque España carece de cultura del motor. Porque las instituciones no reconocen los valores de esta actividad. Tuvimos una próspera y valiosa industria que con la reconversión industrial de la Transición prácticamente aniquiló.

Fue el precio de la modernización, que, desgraciadamente, no entiende de raíces. Sería bueno que aprendiéramos de otros. Por ejemplo, de Imola. La última vez que estuve allí fue en 2002, para presenciar la lucha entre Troy Bayliss y Colin Edwards por el título de SBK. Estuve viendo la carrera en el exterior de la variante de entrada en meta, una zona colindante con la valla de una casa, cuya dueña alquilaba su jardín para aparcar las motos de los aficionados que se situaban en esa zona…

Cuando Cecco Costa concibió la idea de crear un circuito allí, todo lo que rodeaba la pista, calles, jardines, (antiguamente huertos) y residencias particulares, ya estaba allí. Los entusiasmados vecinos del Autodromo Enzo y Dino Ferrari se sienten orgullosos de ver pasar veloces máquinas delante de su casa. Y disfrutan con ello. Existen restricciones, lógicamente, no se puede rodar todos los días en Imola, pero la situación no es comparable. Es otra cultura.

 

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