Prueba Kawasaki J125

Los buenos resultados del J300 han animado a Kawasaki a ampliar su gama de scooter con este 125 que comparte con su hermano mayor tanto su parte ciclo como su estética Ninja
Marcos Gil. Foto: Kawasaki -
Prueba Kawasaki J125
Prueba Kawasaki J125

 

Dos años después de la llegada al mercado del primer scooter Kawasaki para el mercado europeo, el J300, llega su réplica de 125 cc. Fabricado a escala 1:1 respecto al 300 en lo que al exterior y parte ciclo se refiere, el nuevo J125 supone además un paso más en el acuerdo de colaboración entre la marca de Akashi y el fabricante taiwanés KYMCO, que es quien pone su Super Dink como base sobre la que luego Kawasaki da forma a sus J. En el caso del nuevo J125, monta, entre otras cosas, una distinta ECU y variador para el motor, pinzas de freno con el logo de Kawasaki, distinta carrocería, protector de escape y faros, detalles en la instrumentación, estribos para el pasajero en lugar de plataformas, portabultos trasero distinto… No son pocas las modificaciones, y en vivo se notan. Las 3.500 unidades vendidas en Europa del 300 han sido un resultado más que suficiente para emprender una empresa que comercialmente tiene muchos visos de mejorar dichas cifras, dado el mayor mercado potencial al que va dirigido el J125. Jóvenes urbanitas con el carné A1, conductores de coche hastiados del tráfico infernal de la ciudad y mujeres, ya sean de uno u otro grupo, que recorren a diario algunas decenas de kilómetros son el objetivo de este scooter.


Muy Ninja


Kawasaki ha conseguido que sus scooter «adoptados» tengan un inequívoco nexo de unión estético con el resto de su gama de motocicletas. De ahí que los J dispongan de un estilo deportivo y una imagen que recuerda, sobre todo en su parte delantera, al de sus Ninja. Ópticas delanteras rasgadas, con tres LED a modo de luces de posición, e intermitentes integrados en la carrocería sirven para diferenciar a la primera al J125 de entre la gran cantidad de scooter 125 cc que encontramos en el mercado, especialmente en el caso de la decoración Special Edition que protagoniza estas páginas. También se deja notar el toque Kawasaki al hacer un repaso de sus acabados y detalles, como por ejemplo las dos hendiduras laterales que se encuentran en su plataforma y que, junto al asiento, estilizado en sus flancos, contribuyen de forma definitiva a que este 125 sea perfectamente accesible para cualquiera. Los 775 mm de altura de su asiento parecen menguar gracias a que con las dos soluciones antes mencionadas puedes acercar las piernas mucho y echar pie a tierra o mover en parado los 182 kg con gasolina que pesa el scooter con bastante facilidad.


Sobrado de chasis

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La primera toma de contacto con el J125 consistió en un recorrido de más de 100 km que incluyó todo tipo de ambientes. En ciudad, los trabajos en la transmisión y la centralita respecto al Super Dink, parecen dotarlo de una mayor alegría y sobre el asfalto brillante de la costa malagueña, el ABS se mostró eficaz en todo momento. Aunque pronto será obligatorio, Kawasaki, cuando comience a comercializarlo en enero, ofrecerá versiones de su octavo de litro tanto con ABS como sin él. La sensación de dureza en las suspensiones que notamos al pasar sobre los topes y baches, tolerable gracias al confortable almohadillado del asiento, se tornó en tacto Racing y preciso cuando llegamos a una carretera de curvas en la que pronto percibes que con la parte ciclo de su hermano mayor, el 125 va más que servido, realmente sobrado. Eso sí, solo pesa 9 kilos menos que aquél. De punta, en autovía supera por poco los 100 km/h reales medidos con el TomTom que marcaba la ruta, mientras la aguja del velocímetro señala 115 aproximadamente y la del cuentavueltas llega al corte de encendido, que apenas se nota. Tampoco se perciben vibraciones ni del motor ni de la transmisión, salvo en retención en alguna ocasión, y del comportamiento de los Maxxis que calzan las llantas de 14” delante y 13” no encontramos nada que objetar ni por agarre ni por falta de agilidad.
Bajo el asiento, que se abre girando la llave de contacto hacia la izquierda y queda abierto mediante un hidráulico, cabe un casco integral y aún te queda bastante sitio para alguna que otra cosa en el hueco. En la guantera frontal izquierda, tienes toma de corriente, y bajo ella, delante de tu pie, un hueco en el plástico deja a la vista un ojo de buey para controlar el nivel de refrigerante del motor. La plataforma, bien dimensionad, pero en la que probablemente eches en falta poder llevar los pies más hacia delante si eres alto, dispone de gancho portabultos, y justo debajo se encuentra la trampilla que da acceso al tapón de depósito. Éste, con 13 litros, debería asegurar según nuestros cálculos una autonomía de más de 320 km sin problemas, lo que no está muy bien. En cuanto a los accesorios originales, encontrarás una pantalla más alta, varios baúles GIVI de distintas capacidades, respaldo para el pasajero, mochila…

Prueba el Kawasaki J125

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