Probamos la nueva Honda Africa Twin

Por fin nos hemos subido en la nueva Honda Africa Twin, la moto más esperada del año.
Carlos Larreta. Fotos: Honda -
Probamos la nueva Honda Africa Twin
Probamos la nueva Honda Africa Twin

Acabamos de bajarnos de la Honda CRF1000L Africa Twin, cuya presentación internacional ha tenido lugar en Sudáfrica, en las inmediaciones del Aquila Safari Private Game Reserve, una reserva natural que ha ofrecido un entorno de fábula para probar una moto igualmente excepcional.

Desde que Honda anunciase la inminente comercialización del modelo, mucho se ha hablado sobre él, pero, antes de comentar cómo funciona, conviene recordar cuáles son sus credenciales: hablamos de una trail en el más amplio sentido de la expresión, con motor dos cilindros en paralelo, 998 c.c., culata Unicam de cuatro válvulas, cambio de seis marchas, embrague antirrebote, bomba de agua ubicada bajo la tapa del embrague, y ejes de balance que se ocupan de mover esta misma bomba y la de aceite. ¿Chasis? Pues un doble cuna en acero sobre el que trabajan unas magníficas suspensiones Showa multirregulables de generoso recorrido y un conjunto de frenos integrado por dos discos delanteros de 310 mm. de diámetro y uno trasero de 256, que actúa sobre ruedas en medidas de 21 la delantera y 18 la trasera.

Prueba una Honda Africa Twin

Existe una versión básica -12.700 euros- y otras dos más ricas en sofisticación, aunque a la vez más pesadas: una, dotada de ABS y HSTC –control de tracción-, y la otra, que añade además el nuevo DCT –Dual Clutch Transmision-, con el que el piloto tiene a su alcance la opción de disfrutar de un cambio automático -dos modos- o bien de un cambio manual, que accionamos mediante dos gatillos emplazados en el extremo izquierdo del manillar. Un tercer mando pone en nuestras manos la opción de que la transmisión trabaje de forma más directa.

Y ya, ya vamos con el «cómo funciona». Te sientas en la moto, sujetas el manillar, y… primera favorable impresión: todos los mandos resultan cómodos de accionar, la legibilidad y la disposición de elementos en el atractivo cuadro de instrumentación merecen los mayores elogios, aunque queda un poco bajo, y nuestro cuerpo se adapta bien a la Africa Twin. La estrechez de líneas conseguida es más propia de una trail monocilíndrica que de una «bi» con casi 1.000 c.c., y de las dos alturas disponibles para el asiento, 850 y 870 mm., nosotros, que medimos uno ochenta y seis, nos quedamos con la segunda. Las formas del asiento y también la configuración de las asas laterales recuerdan en cierta medida a las de la Yamaha XTZ 660 Ténéré, aunque aquí se ha suavizado, y con acierto, el escalón entre la primera y la segunda mitad del asiento, que, por cierto, no presenta excesivo mullido. Incluso con las aparatosas botas de campo, nuestras piernas adoptan una posición aceptable, tanto de pie como sentado. Pero como tenerlo todo es imposible, en ese mismo depósito solo nos van a caber 18,8 litros de gasolina, una cifra que a los viajeros más empedernidos se les antojará discreta, pero que a decir de Honda nos va a permitir superar la barrera de los 400 kilómetros sin repostar.

La respuesta y el tacto del embrague se convierten en un gran aliado cuando se trata de buscar complicaciones y hacer por campo algo más que pistas de buen firme, y también en este sentido debemos destacar la buena cifra de altura libre al suelo, sin rival entre las motos de esta categoría. Las suspensiones, por otro lado, aportan en «off road» ese importante toque de diferenciación que separa a una trail que lo admite casi todo de las que no admiten casi nada, pero si a ello le sumamos una estabilidad sobresaliente en pista rápida, una loable facilidad para dosificar la frenada -con el añadido del ABS desconectable en el tren trasero para las versiones que lo equipan-, un peso razonable y bien repartido, y el empuje tan lineal y refinado del propulsor, el balance no puede resultar más positivo.

En carretera disfrutamos de un conjunto muy equilibrado, muy fácil de conducir y que devora kilómetros sin inducir focos de cansancio o incomodidad en ninguna parte de nuestro cuerpo. El relax que proporciona la entrada en funcionamiento del cambio automático –una delicia en «off road» cuando las cosas se ponen feas- y el divertimento que trae consigo el manejo del cambio manual añaden una dimensión extra al disfrute de los viajes y ambos sistemas están plenamente conseguidos. El motor, finalmente, mezcla linealidad con brío de forma increíble, dispone de una buena estirada, y aunque la cifra de potencia máxima proporcionada por Honda -95 CV- pueda parecer discreta, lo cierto es que no se le detecta carencia alguna.

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