BMW G 650 Sertao

Quizás la BMW G 650 Sertao no es la moto trail más guapa. Tampoco, la más delgada. Cuando la besas, te resbalas. Cuando la abrazas, te tropiezas... Pero ¡menudo motorazo, menudo corazón! A eso sí que no hay quien se resista. Potente, polivalente, progresivo, contundente. Tanto, como para que definitivamente acabes pasando por alto imperfecciones menores.

Carlos Larreta / Motoverde -
BMW G 650 Sertao
BMW G 650 Sertao

El nombre no le viene grande: tuvimos oportunidad, hace ya unos cuantos años, de seguir el por entonces desconocido Rally dos Sertões y podemos asegurar que en aquel imponente escenario del nordeste brasileño, la Sertão, con unos neumáticos de tacos y apenas unos pequeños cambios, podría desenvolverse de maravilla.

Hombre, yo lo primero que haría sería reemplazar los reposapiés por unos más largos y anchos. Los de serie son cortos, más aún teniendo en cuenta que el falso depósito de combustible, ancho e incómodo a la altura de las rodillas, te obliga a llevar las piernas abiertas, en una posición que se complica a la hora de manejar los pies, al resultar la moto más estrecha por abajo. Y puestos a cambiar, también escogeríamos un modelo de dentado más pronunciado: con los originales, y habiendo agua o barro de por medio, te pegas unos resbalones de espanto. Y hablamos de los reposapiés «pelados», sin la goma que hemos retirado –sin herramientas- al llegar al campo.

Después montaría una pata de cabra más larga, para ahorrarme la gimnástica a la que obliga la de serie: cuando la moto apoya sobre ella adopta una alarmante inclinación y recuperar la vertical significa esfuerzo.

Finalmente, echaría un vistazo al amplio catálogo de «gadgets» que BMW tiene a disposición de sus usuarios y que en este caso incluye, entre otros, caballete central, toma de corriente, alarma antirrobo, puños calefactables, y ABS. Estos tres últimos, de hecho, venían incorporados en nuestra unidad de pruebas, equipada además con una bolsa de gran capacidad, muy bien realizada. y con el único pero de que una vez ubicada sobre la parrilla portabultos, molesta al piloto en conducción «off road». Pero la molestia no es achacable a la bolsa en sí, sino a lo corto que resulta el asiento: unos 20 centímetros menos que el de, por ejemplo, una Ténéré, aunque, por otro lado, confortable, ancho, y con el adecuado mullido. Opcionalmente, se puede anclar a mayor altura, algo desde luego muy recomendable para que las posiciones relativas de manillar –cortito- y asiento queden más equilibradas y no deriven en un excesivo cansancio de los brazos. 

En la instrumentación de la Sertão echamos en falta un indicador de nivel de combustible –sólo disponemos del testigo de reserva- así como una mejor iluminación del cuadro en utilización nocturna. El mando de la bocina obliga a subir mucho el pulgar y los de «warning» y calefacción quedan poco a mano. Perfecta la protección que proporcionan contra las salpicaduras de agua y barro la aleta delantera y la cúpula, aunque, a cambio, si la poco probable idea de trialear con esta moto se os pasa por la cabeza, deberéis andar atentos, porque la parte superior de la pantalla chocará regularmente con vuestro casco.

¿Hablamos del motor? Es un viejo conocido, que con el tiempo no ha perdido sus encantos. Y es que los casi 652 cc de este popular DOHC brindan un fenomenal juego: tacto eléctrico y fulgurante respuesta en baja, recuperaciones brillantes, contenido nivel de ruido, 47´3 CV medidos en nuestro banco, y una facilidad pasmosa para lanzarse más allá de los 160, apoyado en unas relaciones de cambio perfectas, con una primera idónea para el trato «off road» y una quinta que te llevará por carretera a buen ritmo -165 km/h fue la velocidad máxima medida por nuestro centro técnico-. 

El bajo consumo –5,42 litros a los 100 registramos nosotros- constituye otro de los puntos fuertes de una moto que, sin embargo, no sobresale en autonomía –unos 257 km reales-, al verse penalizada por la capacidad del depósito –sólo 14 litros-. ¡Ah, se nos olvidaba! El cambio, una delicia. Muy muy suave y con una inmediata localización del punto muerto.

La referencia a la Yamaha XTZ 660 Ténéré resulta obligada, porque ella y la «BM» son las supervivientes más genuinas del clásico concepto trail «big mono». Aquí hablamos de una moto más corta, más liviana, más baja, y con un depósito en el que caben nueve litros menos de combustible. Una moto relativamente manejable, con un considerable radio de giro para tratarse de una trail, y ligerita de dirección. El reparto de pesos -44,5% sobre el tren delantero, 55,5% atrás-, que define en gran medida la ubicación del depósito, confirma esa impresión y es parcialmente responsable de una remarcada capacidad de tracción.

La rueda motriz de la Sertão no pierde adherencia con facilidad y en el marco de nuestra prueba, sobre pistas húmedas de excelente agarre, había que ponerse muy cabezón para conseguir llevar la moto de lado. Otra cosa es el barro, para el que los neumáticos Metzeler Tourance seguro que no han sido diseñados: ni bajando las presiones ¡un kilo! conseguíamos evitar los avisos, en forma de continuos bandazos, de la rueda delantera. Pero en carretera, perfectos, y en asfalto mojado, doblemente, lo que refuerza, junto con la motricidad y estabilidad encomiables y la posibilidad de montar ABS –desconectable-, ese halo de motos seguras con que BMW sabe impregnar a sus trail. 

El fantástico motor de la Sertão, por otro lado, tan progresivo, como lleno y suave a bajo régimen, da cabida a ciertas fantasías trialeras y, lanzándola con la necesaria inercia, la moto sube por sitios increíbles. Claro, que movimientos «fantasiosos» los que hay que realizar también al actuar sobre el pedal del freno trasero cuando conducimos de pie, puesto que debemos meter la punta de la bota muy hacia adentro y hacia abajo. La altura del pedal se regula, aunque el rango disponible es reducido, y no se acaba de encontrar una posición cómoda. Una vez «alcanzado» el pedal, la respuesta –sin ABS- del propio freno es correcta bajo cualquier circunstancia, algo que no afirmaríamos del delantero, a nuestro juicio, un pelín justo de potencia en carretera y no todo lo progresivo que nos gustaría en campo.

La suspensiones, finalmente, nos reciben con un tacto inicial, en el primer tramo del recorrido, ligeramente tosco, y cierta tendencia al rebote en los baches más profundos, trabajando mejor en los saltos, que se pueden abordar con cierta confianza.

La base de la Sertão es magnífica. Las posibilidades de equiparla hasta las cejas, considerables. Ello sumado a un motor de fábula configura el carácter de esta versatilísima trail, capaz de comerse el mundo sin complejos. Un posición de pilotaje más saneada, un par de detalles revisados, y le jurábamos amor eterno... 

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