El otro Alpen Master

Hace unos años conocí a un tipo en Alemania, me contó un viaje en moto que hacía una vez al año con sus amigos en el que recorren todo el arco alpino uniendo 13 pasos de montaña de más de 2.500 metros de altitud. Lo llaman Alpen Master.

Texto y fotos: Felicià Fortuny -
El otro Alpen Master
El otro Alpen Master

Me pareció genial, pero ahí quedó la cosa. Años más tarde me sorprendió una prueba que hacen las revistas más prestigiosas de Europa, llamada también Alpen Master, y en la que prueban los últimos modelos de motos en un entorno muy exigente: los Alpes.

Aquella prueba me trajo recuerdos, así que contacté con mi amigo para saber más detalles del Alpen Master. Había unas cuantas condiciones que no se podían transgredir: se trataba de unir los puntos en el menor tiempo posible sin utilizar la autopista y, además, se debía circular solo desde las 8:00 h hasta las 20:00 h.

Tampoco me podía facilitar los puntos, ya que ese era uno de los alicientes: preparar la ruta durante el riguroso invierno. A pesar de que te puedan ayudar compañeros que ya lo han completado, tú eres el propio juez a la vez que participante de esta contrarreloj.

Así que, después de consultar unos cuantos mapas y trazar la ruta, decidí emprender mi primer Alpen Master en solitario con mi CBR 1100XX y, a pesar de no ser su hábitat ideal, logré completarlo hasta Tarragona con 4.200 kilómetros en cuatro días.

Hace unos meses, unos amigos del moto club también quisieron darse un paseo por los Alpes más altos, así que decidimos emprender de nuevo, aunque esta vez en grupo, el Alpen Master 2011. En un principio éramos solo dos, luego se unieron al grupo Chus, Juanka y Francesc, pero finalmente no pudieron venir y nos quedamos José y yo.

Día de posicionamiento: 800 kilómetros de carretera hasta la capital de la Provenza. Decidimos a última hora hacerlo más divertido, saldremos por Camprodón y «rutearemos» entre castillos para evitar la aburrida Nacional que bordea la costa. Una vez en territorio francés nos desplazamos por zonas y paisajes de lo más pintorescos. Al llegar a Aix las cosas se complican: los GPS empiezan a fallar y los hoteles están repletos. Después de unas vueltas, el «crack» de los hoteles del moto club consigue llevarnos a uno donde encontramos habitaciones libres.

Nos despertamos con un sol radiante que nos transmite ánimos para montarnos en las motos y disfrutar del día. Nos despedimos de la capital de la Provenza y nos adentramos hacia el Parque Natural de Verdon con un intenso aroma a lavanda y romero que me dejan fascinado.

Las carreteras de la ruta son de las que me encantan, sin rayas pintadas; el ritmo que llevamos es ligero y pronto llegamos al mirador del lago que forma el río Verdon. Sin entretenernos ponemos rumbo hacia el cañón du Verdon, el más grande de Europa y, una vez allí, subimos por el lado norte que, a pesar de ser espectacular, no es tan bonito como el sur.

Una vez superado este inmenso cañón nos dirigimos al Col de la Bonette, y lo hacemos a través de Les Gorges de Cyans, precioso y laborioso de conducción. Después de dos horas llegamos a los pies del Col de la Bonette, el paso más alto de Europa; pero antes pasamos por el Col de Raspaillon, desconocido por muchos es otro más de la lista.

Si no sabes qué buscas, lo más seguro es que te lo saltes, a pesar de ser bonito y el punto de nacimiento de un glaciar. Seguimos trepando y emerge majestuoso entre las montañas el número uno, por supuesto no paramos hasta el punto más alto, aunque según muchos lo sea haciendo trampa, pero ahí está imponente.

Una vez realizadas las fotos descendemos rápidamente porque todavía tenemos que pasar a Italia, es decir, nos queda un largo trecho. Mientras bajamos no olvidamos el Col de Restefont, que tiene la mala suerte, igual que el Raspaillon, de estar junto a un gigante que los eclipsa.

Seguimos el descenso hacia el Col Agnel, subiendo por Francia, que no es tan espectacular como la parte italiana. Una vez culminado el Agnel habíamos completado la ruta prevista, 450 km de alta montaña realizados sin parar, solo para comer. Los que habéis hecho carretera de montaña ya sabéis de qué hablo.

El Galibier nos espera. Una vez arriba, foto y salimos hacia el Col de l´Iseran. El ascenso es bonito, pero no tanto como las vistas panorámicas que se tienen en el descenso a Isere. En la cima el frío es intenso y el paisaje lunar, sin vegetación alguna.

Con el Iseran hoy está todo hecho, hemos enlazado dos puntos más. Nos dirigimos al Stelvio a través del Petit San Bernard y empieza a llover, así que subimos entre lluvia y claros. En el ascenso se nos une un grupo de alemanes.

Durante el descenso empieza a llover de manera generosa, así que al acabarlo decidimos parar a comer. Todavía nos queda pasar el Grand San Bernard, así que con un aguacero iniciamos el ascenso. Debido a la gran cantidad de agua que nos cae se hace un paso largo, pero al fi nal aparece Martigny.

Ya solo nos queda cruzar el valle de Sion. Al llegar, se nos alegra el día: se está celebrando el Breitling Airshow, así que atónitos presenciamos las acrobacias de la patrulla francesa mientras conducimos. Al final, después de 480 km llegamos al hotel muy cansados tras un largo día de conducción bajo la lluvia.

Nos levantamos en Oberwald a los pies de los bonitos pasos que completan el de Andermat y amanece encapotado, pero no llueve. El binomio Furka-Grimsel hace que el conjunto sea uno de los más preciosos de los Alpes.

A un kilómetro de la cima se encuentra el glaciar del nacimiento del Ródano y una gruta que tallan para los turistas que visitan el glaciar. De bajada se cierra la niebla y empieza a llover, ya no parará en todo el día, hace frío. Íbamos preparados, pero no para el frente frío que envolverá los Alpes suizos e italianos los próximos dos días.

De camino cruzamos también el Oberalpass, el Julierpass y, cómo no, el magnífi co Berninapass con su impresionante lago. Una vez fi nalizado el descenso llegamos a Tirano. 280 kilómetros de ruta en mojado y con mucho frío.

Nos encontramos cerca del Gaviapass y Stelvio, esto augura un día complejo. Decidimos probar suerte con la ruta programada, pero cuando llegamos al Gavia la situación es muy complicada, así que decidimos probar el Tonale que solo está a 1800 m para confirmar que, tanto el Gavia como el Stelvio, estarán cerrados.

No podemos marcharnos de aquí sin intentar el Stelvio, así que después de haber realizado 100 km de la ruta en condiciones de nieve, decidimos volver atrás para intentar el ascenso del Stelvio atacando desde Bormio.

Llegamos a las puertas del Stelvio y nos encontramos con una barrera cortando el acceso, pero la conseguimos franquear para subir y tomar unas fotos. Comprobada la imposibilidad de bajar por el otro costado volvemos a Tirano, son las dos y media y seguimos en el punto donde iniciamos la ruta a las ocho de la mañana, así que paramos a comer en esta ciudad que entre bromas ya consideramos nuestra.

Después de la comida emprendemos de nuevo rumbo hacia Brunico, donde en una localidad próxima tenemos el hotel de hoy. Estamos llegando al hotel y empieza a oscurecer. Han sido 380 km muy duros, pero llenos de sensaciones, sobre todo la incursión en el Stelvio cuando nadie más está rodando, y rodeado de una típica estampa navideña.

Salimos a las 12:00 h, primero hemos hablado con la Dirección Informativa que controla el paso de Hochtor y nos han confirmado que está cerrado, así que buscamos una alternativa y decidimos que será la Marmolada y el Fedaiapass que, tal y como ha amanecido el día, seguro estarán espectaculares.

Las expectativas se ven superadas cuando nos adentramos en los Dolomitas, subimos al Giau desde Cortina, un descubrimiento sorprendente. La bajada resulta fascinante por Staulanza y descubrimos un radar a más de 2.000 metros.

Después de comer nos dirigimos a la Marmolada, el paisaje es excepcional debido a la nevada caída y a las magníficas masas rocosas que se erigen cual estalagmitas de proporciones colosales.

Una vez abajo enfilamos a ritmo ágil hacia el Lago di Garda, con sus dimensiones inmensas y sus aguas turquesas, lo bordeamos rápidamente y nos alojamos en una localidad cercana, después de una jornada muy interesante con 380 km más sobre nuestras espaldas, pero no son nada teniendo en cuenta que el tiempo nos ha sonreído.

Día de regreso, estamos a 1.200 km de casa, pero el tiempo nos acompaña y estamos contentos de este largo paseo por los rincones más bonitos de los Alpes que, a pesar de todo, nos han dejado una cita pendiente para volver otro año. Llegamos al final de nuestro viaje con 3.970 km.

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