Ruta en moto por las catedrales de Castilla y León

Unir las catedrales de Castilla y León a través de una ruta en moto supone iniciar un viaje en el tiempo.

Willy Sloan Gin

ruta por las catedrales castellanas (3)
ruta por las catedrales castellanas (3)

Cierto es que somos los viajeros temerarios y arrogantes. Será sin duda, porque necesitamos arrimarnos a la magia. Difícil asunto…

Es en lo desconocido donde duerme “El misterio de las Catedrales”, lugar exclusivo y excluyente donde los sueños son la verdad misma.

Ha empezado este viaje como tantos, queriendo abarcar lo que se nos viene encima, intentando ser parte de su gobierno.

Noventa y tres catedrales pintan estas tierras nuestras. En un primer planteamiento pretendí verlas todas, mayoría absurda, error craso. Ha bastado toparme con la primera para ver que la realidad no siempre va de la mano de intenciones vanas. Ciudad Rodrigo y su catedral de Santa María me han enseñado el camino humilde, el lógico, el que viene desnudo de presunciones y de fuegos fatuos. Solo quiero una catedral por viaje. Descubrimiento mirobrigense.

No hubiera podido nacer el hechizo más que en tierras leonesas. Miróbriga, ciudad amurallada cargada de mil cuentos y palacios. Y su catedral nacida allá por el siglo XII para mayor gloria de piedras y montañas cercanas. Historia que agarró carta de naturaleza allá por el XIX con mil batallas vestidas en independencias, en luchas estériles que dibujaron un triángulo pavoroso. Ese que en cada ángulo tenía a españoles, franceses e ingleses. Este contra el otro, el otro aliado con el primero y enfrentado al tercero, para al final, matarse todos contra todos…

Eso vio impasible la catedral de Santa María. Crecida a naciente como la Colada, calle que rompe este pueblo en dos mitades insultantemente perfectas del mismo modo que lo hace el Águeda. Río que separa intramuros de los arrabales gitanos… ¡Cuántas veces me habré sentado a sus afueras! ¡Cuántas veces me ha acompañado su olor a madera en sus adentros!

Ahora en este primer viaje, llego a ella con una moto perfecta. Moto y excusa, moto y camino para poder seguir respirando este misterio. Difícil resulta combinar tantas sensaciones. Búsquedas ancestrales unas, y otras no tanto.

ruta por las catedrales castellanas (5)
ruta por las catedrales castellanas (5)

Mil libros se han escrito sobre esta maravilla arquitectónica. No pretendo en estas pocas líneas alabar su presencia, su parsimonia, su calma. Sí quiero relatar lo sentido al llegar a su puerta con la R 18. Pasado y presente. Piedra y carbono. Felicidad y añoranza. Ha resultado ser este viaje la complicidad ausente. Esa que viene acompañada de verdades silentes.

Decían los griegos: “La perfección irrita a los Dioses”. Eso, ni más ni menos, es esta moto. Noble, bella y ciertamente discutible para tantos… Pero, no hagamos caso a necios que desconocen catedrales y líneas de antaño.

He respirado en estos días aires nuevos y viejos. Me quedan otros viajes con hermanas de esta moto.

Habrá que seguir caminando…

No hace mucho que, regresando de otro viaje, se me dio la oportunidad de escribir un artículo sobre esta ciudad. “Final de Viaje” se llamó aquello. Título adecuado para ese momento. Ahora es Ciudad Rodrigo inicio que me lleva a catedrales hermanas en tiempos y piedras. Primeras que he visitado por tierras de León y Castilla.

Es Santa María una construcción torturada. Bellísima en su interior y con su fachada norte cosida en mil cicatrices que la ofendieron durante el asedio francés en la Guerra de la Independencia. Obligado resulta para el viajero pasear su claustro, impresionarse con su coro y sobrecogerse en “El pórtico del Perdón o de la Gloria”. Todo guardado por las murallas que defendieron la plaza.

Imposible resulta abandonar estas murallas sin disfrutar de su enorme oferta gastronómica. Que si las motos necesitan gasolina, los que intentamos gobernarlas, lo hacemos ayudados por pitanzas.

Son estas tierras de la Raya frías de solemnidad. Parece que otoño, invierno e incluso primavera, se confabulan para competir por amaneceres gélidos. No resulta grave el asunto, que un poco de fresco se arregla a base de belleza y comida… Bondades culinarias que resultan ser un remedio natural para tamañas inclemencias meteorológicas. Son los huevos fritos con farinato su plato estrella. Pueden pedirse por dos duros en cualquier restaurante o tasca.

Sobrados andamos los hispanos en discernir entre dificultad y fracaso a la hora de hacer unos huevos fritos como Dios manda, puntilla incluida. En Ciudad Rodrigo los bordan. Además, los acompañan del citado farinato. Poderosa mezcla de harinas aderezadas con pimentones de la Vera, mantecas de cerdo ibérico y mil secretos más, ocultados de siempre en otras tantas especias. Recetas guardadas y jamás confesadas por mirobrigense alguno. Debe venir frito y churruscado, algo más que los huevos que lo acompañan. La oferta gastronómica es inmensa. Cierto que se basa en el cerdo y sus mil partes, por eso, lo mismo te comes la careta de un cerdo cocinada como si fueran torreznos, “jetas” las llaman, que te aprietas unas “patatas meneás”, o un solomillo de vaca morucha. Para que no parezca que todo es indigesto, han importado estas gentes de sus hermanos portugueses la sabiduría de cocinar el bacalao de mil formas distintas. En fin, todo resulta ser una delicia. Y dejada la moto a buen recaudo, se hace imprescindible regar todo lo anterior, con un tinto generoso de Las  Arribes del Duero.

Miróbriga, centro y base de viajes

Madre de rutas de ida y vuelta que nos acercan a tanto que tiene que mostrarnos. Excursiones de no más de cien kilómetros que nos aliviarán de murallas, catedrales y de comidas livianas.

Ruinas arqueológicas de Siega Verde, La Alberca, Mogarraz, La Peña de Francia, Las Hurdes y San Martín de Trevejo (ya en Cáceres), y por supuesto Portugal (Almeida, Castelo Rodrigo, Belmonte, La Sierra de la Estrella…). En definitiva, la belleza misma.

Ochenta kilómetros separan esta maravilla de otra, Salamanca y su Catedral. Camino cambiante que pasa de rebollo a encina, de luz a umbría, de adelfa a genista…

ruta por las catedrales castellanas (8)
ruta por las catedrales castellanas (8)

Poco queda para encontrarnos con el Tormes, con Salamanca. A no más de ocho kilómetros, desde Peña Alta, se adivina esta ciudad. Viene agrandándose en el casco su catedral, majestuosa e impertérrita. Será este, otro de tantos destinos  honrado con el título de Patrimonio de la Humanidad. No pocos tenemos en España…

Ciudad nacida y crecida a las orillas del Tormes, lugar cargado de historia e historias de antaño, de mil palacios, cientos de museos y de archivos robados no hace tanto. Aderezado todo por escritores que nos aproximaron y muestran hoy día, la belleza cierta del pensamiento. Fray Luis de León, Unamuno, Torrente Ballester… Y es que resulta imposible entender esta ciudad si no es de la mano de su catedral y, cómo no, de su universidad.

Si antiguamente todos los caminos conducían a Roma, en Salamanca cualquier paseo te lleva a la sabiduría de su universidad, a la grandeza de su templo.

Dos catedrales. Amalgama perfecta. La vieja de estilo románico y la nueva de estilo gótico, renacentista y barroco. Estas son las formas arquitectónicas que las adornan. Obedece el asunto a la coexistencia de las dos. No en vano, la nueva descansa sobre la antigua. Muros antiguos y otros antiquísimos.

Luego de tanto tiempo, pueden observarse las consecuencias que para este templo y para el Oeste de España tuvo el terremoto de Lisboa de 1755. Curiosa efeméride para nuestros hermanos portugueses. Obligados a celebrar el primero de noviembre, día de Todos los Santos y así conmemorar el descubrimiento de aquel paso que fue bautizado con ese nombre y que pasó más tarde a llamarse Estrecho de Magallanes, y por otro lado, recordar ese otro primero de noviembre en el que tembló la Tierra mar adentro y asoló Lisboa y gran parte de Iberia. Fecha alabada y maldita a un tiempo…

No resulta tarea fácil arrimarse a estos muros con semejante moto. Cien calles peatonales te privan de la posibilidad de casar moto y templo en una o varias instantáneas. Bien está que así sea. Aprendes a conformarte con retratar de lejos, a no invadir lo que no te pertenece, para no profanar el misterio.

claustro catedral de santa maria
claustro catedral de santa maria

Es en la fachada norte, en La Puerta de Ramos, donde un mayor número de gente se congrega. Todo para ver a un astronauta esculpido en la piedra en el año 1993. Cosa que tuvo lugar con motivo de la exposición “Las Edades del Hombre”. Desconoce tanta parroquia la tradición no escrita de añadir algún elemento, más moderno que contemporáneo, en cada restauración o arreglo. Desproporcionado es el número de visitantes que se fotografían a la vera de este primo de Neil Armstrong y los pocos, casi contados, que buscan el claustro y sus decenas de capillas. Ciertamente triste una vez más…

Dos días y sus noches en la ciudad del Tormes no son suficientes, que dan para bien poco. Solo para adivinarla, quizá intuirla. Pero es el tiempo y los dineros los que mandan, como siempre. Así que otra vez habrá que resignarse y disfrutar en lo posible de tanta maravilla vista a la luz del día o con la complicidad callada de las farolas.

Si París bien valió una Misa, Salamanca merece cientos.

Dejado atrás el Tormes, toca ahora decidir el próximo destino. Algún asunto que otro, me hace volver a Madrid. Será el cambio de moto el más importante. Dejo la R 18 Transcontinental para continuar con la R 18 Bagger. “Tercera de un par perfecto”. Únicamente faltará su cuarta hermana, la R 18 Classic, pero eso tendrá que esperar algún tiempo.

Creo acertar decidiendo que será Burgos nuestro próximo destino. Burgos, Tierra del Campeador y lugar pleno de leyendas e Historia. Y allá, también nos espera su catedral. Más Ciudades Patrimonio de la Humanidad, no serán las últimas.

Poderoso país este que nos ha tocado en suerte… La belleza misma. Es la magia del viaje, esa que reside las más de las veces en decisiones tomadas a última hora. Poco importan los planes, que siendo necesarios, lo son para poder ser cambiados. Será la carretera la que decida la próxima parada.

La partida de Salamanca es ciertamente agridulce. Hacemos noche en Ávila para solo poder acariciarla, para caminarla de puntillas. Nos bastó, de momento, mirar sus murallas de anochecida y ya marchándonos, disfrutar sus murallas desde Las Cuatro Columnas. Necesario se hace volver para permanecer impávidos ante su templo y ahitos de belleza, descansar en su Plaza Mayor.

Burgos, última pata de esta trébede

Huele a historia esta ciudad castellana. A Cantares de Gesta, a romancero, a reyes fratricidas, a Condes de Carrión. Todo presidido por la figura legendaria y mítica de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. En su catedral están enterrados sus restos, los de Doña Jimena de Gormaz, a la sazón su esposa, y su carta de arras.

Todo lo visto y viajado es Patrimonio de la Humanidad. Algo distingue a Burgos. Salamanca, Ávila, Cuenca, Toledo y tantas más, lo son merecidamente por sus conjuntos arquitectónicos, Burgos lo es por su Catedral de Santa María, hermana no solo en nombre a la de Ciudad Rodrigo.

Está la plaza partida en su mitad por el Arlanzón, como Salamanca por el Tormes y Miróbriga por el Águeda. Se respiran en Burgos aires castellanos como en Salamanca lo son leoneses. Cómo no comprender, paseando sus calles, que fuera capitalidad en aquellos tiempos de reinos unificados, Castilla, León y Las Asturias. Tan diferentes y una misma cosa. Seguramente de donde vengamos…

Para los que somos más cercanos a la mar, se hace necesario abandonar la mirada en horizontes lejanísimos, en un océano infinito. Y lo hacemos del mismo modo que andamos emborrachados con sus piedras.

ruta por las catedrales castellanas (4)
ruta por las catedrales castellanas (4)

Todo podría contarse sobre esta maravilla arquitectónica, pero me temo que ya está todo escrito. Su gótico flamígero, su amalgama interior. Barroca, renacentista, gótica.

Tiene este pueblo una cualidad más, perfecta como todo lo que la roza. Está centrada en España, casi equidista de cualquier lugar de la Península. Gran cosa para los, que como a mí mismo, nos acompañan motos imposibles de ser definidas. Ciudad no solo recomendable, sino imprescindible para el que se sienta viajero.

Debió Fulcanelli sentarse en esta iglesia para escribir “El Misterio de las Catedrales”. Solo cabe sobrecogerse en este periplo que recién empieza. El que nos ha llevado a conocer algo más de la grandeza que muchos amamos y tenemos a la vera de casa. Es aquí, no más lejos, donde está la belleza. Auténtica, verdadera, variopinta.

Primer viaje de tres. Número mágico para sabios como Leonardo Pissano y su famosa sucesión numérica. Los números de Fibonacci. Créanme, todo ha sido mágico. Con otra BMW volveremos en breve a estas carreteras perfectas. Pero, “Carpe Diem”. Que lo que está por venir, será otra historia…

Nada es posible sin la complicidad de los que creen en la aventura. Mi agradecimiento a BMW Motorrad España, BMW Movilnorte Motorrad, Fred Olsen y a los que como yo, piensan que: “El mejor viaje es el que te trae de vuelta a casa”.

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