Turismo Camino del Cid (VII)

Alcanzamos los límites más meridionales de conquista de El Cid, que suponen un ferviente testigo de sus últimos lances bélicos, recorriendo atractivas sierras del interior de Alicante, alguna incluso de mismo nombre, no sin antes descubrir un sorprendente mar interior.

Fotos: Lluís Llurba

Turismo Camino del Cid (VII)
Turismo Camino del Cid (VII)

Llegamos a la última de las etapas siguiendo la huella de Rodrigo Díaz de Vivar. Tras seis jornadas de gran variedad paisajística, sumado a la riqueza de sus poblaciones así como trazados de todo tipo, salimos desde Valencia. Ponemos rumbo al sur, pero en lugar de hacerlo por las poblaciones con inequívoca etimología musulmana, como Alfafar o Albal, nos decantamos por la compañía del Mediterráneo a través de la CV-500, evitando así atravesar las múltiples localidades próximas a la capital o las más cómodas, pero menos atractivas, autovías que la comunican. Nada más salir, nos topamos con La Albufera, actualmente catalogada como Parque Natural y que resulta un símbolo inequívoco de toda la región, además de histórico sustento de la zona.

Paisaje industrial

Tomamos el primer desvío que nos encontramos a la derecha con dirección a El Palmar, la alta vegetación nos impedirá apreciar la belleza de esta zona pantanosa, que pronto cambiaremos por el más industrial de Almussafes, Alzira, Carcaixent y Xátiva. Esta última dominada por las murallas de su castillo, en realidad compuesto por dos fortificaciones, Mayor y Menor, y que resulta uno de los más representativos de todo el Camino del Cid, donde encontramos diferentes estilos de construcción debido a sus distintos moradores a lo largo de los siglos. Su casco antiguo está considerado Conjunto Histórico-Artístico.

Dejamos la población por la N-340, que reaparece en su prolongado recorrido levantino, desde la misma Barcelona, tras ceder el testigo a las más modernas y eficaces arterias que conectan la cercana área metropolitana de la capital. Mejor para nosotros, porque empieza un tobogán en forma de sinuosa carretera, con el aliciente añadido de carecer prácticamente de tráfico, al concentrarse éste en la cercana A-7. Puede que a primera hora nos encontremos con niebla, localizada en la vaguada donde se encuentra Bellús, provocada por su próximo pantano. Más adelante nos encontramos con la mencionada A-7, que tomaremos en dirección a Onteniente, lugar donde se encuentra el campanario más alto de toda la Comunidad Valenciana con sus 71 metros de altura. Forma parte de la iglesia de Santa María, de estilos gótico y renacentista. Además, aquí el Cid tuvo conocimiento de su segundo y más duro destierro, debido a las desavenencias con el rey Alfonso VI por el lugar de encuentro entre ambos, en concreto en la próxima Villena, a petición del monarca.

Sierra Mariola

Tomamos la CV-81 buscando Bocairent. La ascensión transcurre por una entretenida y serpenteante carretera, horadada en la roca de una llamativa sierra despejada, que invitan a la entrega en el disfrute de la conducción. Al coronar, a nuestra derecha aparece un cúmulo de casas donde se impone el campanario de su iglesia. Es Bocairent y su visita es más que recomendable. Al otro lado la Sierra de Mariola domina el cercano horizonte. Proseguimos la ruta y ahora es una torre la que hace de reclamo, es el castillo de Banyeres de Mariola, nuestro techo del recorrido, con sus escasos 830 metros de cota, además de ser el municipio más alto de la provincia de Alicante. En la localidad encontramos un museo dedicado al papel, único en la Comunidad Valenciana, actividad muy relevante a principios del pasado siglo XX. Todavía quedan unos cuantos ejemplos a modo de molinos en el cauce del río Vinalopó. Por la CV-804, y a los pies de la Sierra llegamos a la población de Biar, dominada por su castillo. A partir de aquí prácticamente todas lo serán, componiendo la línea defensiva del Vinapoló. Muy cerca de aquí y con una vista privilegiada sobre la población se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de Gracia, que aunque de construcción mucho más reciente (S. XVIII) su cuidada edificación invitan a su visita.

Y llegamos a la localidad natal del maestro Ruperto Chapí, Villena. Presidida por su castillo de La Atalaya, donde también podemos encontrar el Tesoro de Villena, una interesante colección de utensilios de oro con más de 3.000 años de antigüedad y de, podemos decir, reciente hallazgo (1963). Tomamos la A-31 desde la que enseguida nos llamará la atención una muralla prácticamente junto a la autovía: es el Castillo roquero de Sax. Eso en el margen derecho, a la izquierda ya vislumbramos a lo lejos la recurrente Sierra del Cid, y a medida que avancemos localizaremos la llamada Silla del Cid, con más de 1.100 metros de altura e imaginativa forma de muela. Estamos próximos a Elda y Petrer, dos poblaciones volcadas en la industria del calzado —como prácticamente todo este rincón de España— con fama internacional, donde sus cascos urbanos hace ya tiempo que quedaron unidos, destacando el Castillo de Petrer en la parte alta del pueblo. La Sierra da apellido a nuestro siguiente destino, Monforte del Cid, dominado por su Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves. Aquí evitamos volver a coger la autopista y su cargado tráfico, saliendo por la CV-825, que discurre entre huertos de típica tierra blanquecina. Al llegar a Aspe tomamos la CV-84 que nos conducirá hasta Elche, donde podremos descubrir su sorprendente palmeral urbano.

Recuperamos la N-340 para abandonar Elche con dirección a nuestro destino final, una sucesión de rotondas y paisaje industrial acompañará prácticamente la parte final de nuestro recorrido. Pero, pasado Albatera, nos desviamos a la izquierda para adentrarnos en una fértil llanura tomada por la huerta. Cox y su sobrio Castillo es lo primero que encontramos. A continuación, Callosa de Segura, a los pies de la afilada sierra del mismo nombre, responsable de la separación con su vecina Redován. Y un poco más allá Orihuela, toda una sorpresa monumental para el foráneo.

No te pierdas:

1. Parque Naturalde La Albufera: Muy próximo a Valencia capital, ocupa una extensión total de 21.000 hectáreas, diferenciadas el propio lago, el marjal que componen los actuales arrozales y la restinga, que es la barrera natural que separa las zonas húmedas del Mediterráneo; formado por un bosque litoral conocido como La Devesa de La Albufera. El origen del lago es salado, que no es más que una acumulación interior de agua gracias a la formación de la restinga, aunque desde hace unos pocos siglos el aporte de agua dulce proveniente de las zonas de regadío próximas la han dulcificado.

2. Bocairent: Ganada a la roca en la que se cimienta, su visita resulta obligada, donde nos esperan el entramado de estrechas calles que componen su casco histórico y que siempre tienen como destino la dominante Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Su plaza de toros data de 1843 y puede presumir de ser la más  antigua de la Comunidad Valenciana, prueba de ello es que sigue esculpida parcialmente en la roca, ofreciendo un aspecto de anfiteatro romano tan típico de la zona. Frente a la población, en una gran pared de roca caliza se encuentran las Cuevas de los Moros, de antiguo uso funerario o logístico (no se sabe con certeza)

3. Elche: En plena urbe podemos encontrar su famoso palmeral, formado por más de 200.000 ejemplares, el más grande de Europa y que llega a rivalizar con algunos de los países árabes. Por cierto, éstos fueron los responsables de su creación con fines de cultivo a modo de huertos, de ahí su organizada alineación. Donde también podemos encontrar el Huerto del Cura, nombre tomado de su antiguo propietario religioso (capellán Castaño) de principios del siglo pasado, y que es un completo jardín botánico. La Dama de Elche, busto ibérico en roca caliza del S. V y VI a. C. es otro de sus reclamos, aunque en realidad se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

4. Orihuela: Muy próxima a la región de Murcia, su localización geográfica sumada a la riqueza de su huerta hizo que desde la edad media, y sobre todo desde la llegada de los árabes, un atractivo y disputado enclave. Fueron no pocos lo nobles que más tarde fijaron aquí su residencia, ofreciendo, a día de hoy, multitud de reclamos en forma de históricas edificaciones tanto religiosas como civiles, como la Catedral del Salvador o el Colegio Santo Domingo, que ya en 1610 albergó la Universidad durante dos siglos. En la actualidad cuenta con tres universidades. Además, fue la localidad natal y residencia del poeta Miguel Hernández.

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