Jonathan Rea y la estrella más difícil de todas

El norirlandés ya es pentacampeón del mundo después de una temporada dificilísima.

Jonathan Rea festeja su quinto título mundial (Foto: Gold & Goose).
Jonathan Rea festeja su quinto título mundial (Foto: Gold & Goose).

Los años a la sombra en Honda le habían hecho mejor piloto y, cuando llegó a Kawasaki, Jonathan Rea demostró de inmediato la superioridad que ya se le intuía. El mismo talento que le había permitido llevar a la CBR a la victoria por fin pudo fluir sobre una moto a su altura y, en cuanto se subió sobre la ZX-10R, empezó a acumular victorias y podios, convirtiendo los títulos en consecuencias lógicas de su total dominio.

Uno, dos, tres y cuatro. Casi sin despeinarse había igualado a Carl Fogarty sin que se atisbase en el horizonte cercano ningún contendiente. Había subyugado por completo a Tom Sykes al llevar a Kawasaki a un nuevo nivel, y ni siquiera Chaz Davies con la velocísima Panigale era capaz de seguir su machacón ritmo de puntos. Ni ganar más carreras que él servía para quitarle el título: cuando no podía ganar, Rea terminaba segundo, erosionando la resistencia mental del galés.

De ahí que la noticia de la llegada de uno de los mejores pilotos de MotoGP como Álvaro Bautista abriese un resquicio a la duda. El talaverano llevaba años clamando por una moto realmente competitiva en la categoría reina sin conseguirlo, y cuando la lesión de Jorge Lorenzo le permitió subirse a la Desmosedici, apenas tardó 48 horas en llegar al mismo nivel que Andrea Dovizioso, que iba en pos de un nuevo subcampeonato.

Con esas credenciales, se dibujaba en el escenario el mayor desafío conocido por Jonathan Rea desde que se vistió de verde. Ya considerado de forma casi unánime como el mejor de la historia de Superbike, tenía que refrendarlo en este 2019.

Él no había ido a MotoGP ante la ausencia de ofertas interesantes, pero MotoGP había llegado a él. Y por si el talento del talaverano fuera poco, rápidamente se demostró que la Panigale V4R estaba en unos niveles de aceleración muy superiores a los de la ZX-10RR. La unión de las cualidades de la moto en recta y del pilotaje del español para meterla en curva propició un inicio de temporada arrollador, con once victorias seguidas.

Fueron los peores días de Rea en Kawasaki. Llegarían circuitos que minimizarían la superioridad de la moto italiana, pero mantenerse estable de cabeza coleccionando segundos puestos era la mayor prueba de fuego a la que se había enfrentado. Su frustración era evidente. No permitir que esa frustración afectase a su confianza en sí mismo, en su moto y en su equipo, la clave para mantenerse cerca.

Lo sucedido desde entonces ya es pura historia del Mundial de Superbike. La victoria de Rea acabó llegando y la inercia se fue invirtiendo: primero poco a poco y después, de forma más clara. El norirlandés comenzó a coleccionar victorias al tiempo que el español acumulaba errores. La inversión de la tendencia fue tal que Jonathan Rea acabaría proclamándose campeón a falta de seis carreras para el final de temporada.

Como en los hoteles, la quinta estrella siempre es la más difícil de lograr. Se requiere la excelencia. Saber cuándo atacar y cuándo defender. Cuándo nadar y cuándo guardar la ropa. Álvaro Bautista y Ducati Panigale V4R pusieron carísima la quinta estrella de Jonathan Rea, y precisamente por eso es, con mucha diferencia, la más meritoria de las cinco.