Los padres del Mundial de Motociclismo

Es muy frecuente verles por el paddock, por los boxes, las cámaras de televisión se fijan en ellos, los periodistas les entrevistan. Son otra parte del Mundial. Son esos padres de piloto que aparecen como las sombras de sus hijos. Y que viven el campeonato de una manera muy especial.

Borja González. Fotos: Gold&Goose

Los padres del Mundial de Motociclismo
Los padres del Mundial de Motociclismo

Son viscerales, todo lo viscerales que pueden ser los padres cuando se trata de defender o de animar a un hijo. En todos coincide el perfil de «amante de las motos», y muchos logran con sus vástagos cumplir parte de los sueños personales. Sufren los incidentes como nadie, se retuercen las manos durante las carreras, disfrutan más que cualquier otra persona de los éxitos. A algunos les cuesta contenerse cuando hay problemas alrededor o cuando en las tensiones dentro del box alguien señala al piloto, a su hijo. Y, obviamente, no pueden ser objetivos. Andrea Iannone, Niccolò Antonelli, Bradley Smith o Cal Crutchlow (en este caso el padre del británico era el hombre encargado de mostrarle la pizarra desde el muro) tienen cerca a sus padres. Con Luis Salom viaja su madre, María, una de las pocas junto con la de Romano Fenati que completa las 18 carreras de la temporada. Y también forman parte del paddock Rafa Rins, Julià Márquez, Paco Navarro y Antonio Herrera.

«Con cuatro años les metí en este mundo y, entonces, me siento un poco culpable», confiesa el padre de Álex y Marc Márquez, que decidió después del famoso incidente de Malasia que dejó secuelas en un ojo a su hijo mayor estar siempre junto a ellos. «Cuando a Marc en Malasia se le quedó el pie dentro del basculante lo pasamos muy mal en casa; y luego vino lo del ojo. Cosas de la vida. Te preguntas en esos momentos: ¿te cuentan toda la verdad por teléfono, me dicen todo, o se guardan algo porque no quieren asustarme? En casa decidimos que uno iría siempre con ellos». La crisis en la construcción hizo que Julià llegase a un acuerdo con su empresa. Dejó el trabajo con la excavadora para seguir a dos hijos que le han dado cinco títulos de campeón del mundo. Porque para hacer el Mundial, aunque suene a perogrullada, hay que poder hacerlo. Rafa Rins, por ejemplo, tiene cuatro empresas –cinco si incluimos lo que supone llevar todo lo relacionado con su hijo-, y ha conseguido encajarlo todo para poder estar en todas las carreras. Como Antonio Herrera, propietario de una estación de servicio y que cuenta con gente de confianza en la que delegar. O como Paco Navarro, que se apoya en su hermano para seguir adelante con la empresa de riegos de la que vive.

«No ha dado una sola vuelta sin mí», sentencia Herrera acerca de la relación con su hija. «Ella me pregunta a veces por mi trabajo, que qué pasa; yo he trabajado toda mi vida para conseguir esta posibilidad, este sueño que me ha hecho realidad esta niña, traerme al Mundial. Y lo estoy disfrutando con mucha intensidad». Todos disfrutan y todos sufren, sobre todo cuando sus hijos se caen. «En ese momento necesitas la pastilla para metértela debajo de la lengua…», bromea Rins, que reconoce que es el momento más duro para un padre. Algo que (obviamente) comparten todos, pero a lo que Márquez aporta un matiz. «Yo siempre lo he dicho, y es la verdad, no es por quedar bien: es un deporte de riesgo para todos los que están en pista. Cuando veo que se cae un piloto pienso "levántate y anda, y que todos estemos tranquilos de que estés bien". Si además el que se cae es hijo tuyo, eso duele un montón, no te acostumbras nunca. Ves la caída, si es fea o no, pero solo piensas en que se levante. También hay muchos pilotos, como Pol en Motegi, que los conoces desde que tenían seis o siete años y te duele, porque es un conocido de toda la vida». En este 2015 todos han vivido muchos de estos momentos. Como Paco Navarro en Misano, cuando tuvieron que llevarse a su hijo a un hospital para comprobar su estado tras un fuerte golpe en la cabeza, en un accidente que mostró imágenes cargadas de tensión. O Antonio Herrera en Sachsenring. «La caída de Alemania fue bestial, verla debajo de una moto… Te vienen imágenes muy dramáticas, siempre piensas lo peor, y solo buscas verla moverse, levantarse, verla que está consciente».

Aunque la figura del padre puede tener también su reverso oscuro. Muchos equipos a lo largo de estos últimos años han sufrido enfrentamientos con algún progenitor. Y es que cuando las cosas van mal la convivencia se resiente y es muy complicado separar la parte sentimental de la profesional. «Las nuevas generaciones han cambiado en este sentido. En nuestra generación los entornos familiares no estaban tan presentes, porque comenzábamos a correr en el Mundial ya con 21, 22 ó 23 años. Esto era ser joven para empezar», nos cuenta Emilio Alzamora, que como propietario de equipo de Moto3 tiene que convivir con muchos padres. «Ahora los chavales empiezan muy jóvenes y es lógico que el entorno familiar quiera de alguna manera estar presente. Lo más importante es saber gestionarlo, que este entorno familiar sepa entender cuál es su posición y dejar trabajar. Acompañar a sus hijos, disfrutar de ver a sus hijos corriendo, pero siempre estando en un segundo plano. Esa es una realidad que no siempre es fácil, en función de qué entorno tenga cada piloto, sobre todo dependiendo del mánager. Esa es una parte también importante para encarrilar bien la carrera deportiva de los chavales».

Un comentario con el que coinciden (teóricamente al menos) todos. «Yo jamás me he metido en una decisión técnica, absolutamente en nada», afirma tajante Rins. «El piloto tiene su equipo, el equipo tiene a su piloto: eso es una empresa, y ellos se gestionan. El padre o la madre se tiene que mantener siempre en un segundo término para velar por los intereses de su hijo, pero jamás se tiene que meter en la decisión de un equipo. Ya sea para bien o para mal». «Yo simplemente le atiendo en lo que necesita,porque entiendo que yo, hoy por hoy, no le puedo aportar nada», añade a esto Navarro. «En su momento cuando empezó sí que le ayude en lo que pude, pero ahora sabe más que yo. Sí que le aconsejo a nivel de calmarle, tranquilizarle». Y es que esa es quizás la frontera más complicada de no traspasar, la que de verdad hace que un padre sea eso, o que se convierta en un agente más dentro de la vida deportiva de un piloto. «Estoy agradecido a todos los equipos que me dejen entrar en el box, y que pueda estar dentro viendo el entrenamiento», explica Márquez, que ha pasado por hasta siete boxes diferentes en estos últimos años. «Internamente me hago mis deducciones, o me preparo mentalmente, va a salir con rueda nueva, sé que le va a abrir, y entonces ya… Preparo el cuerpo diciendo, "ojo, que te puedes llevar algún susto". Si estás fuera te preguntas "¿por qué tardan tanto en salir?", y desde dentro del box sabes lo que están haciendo cuando paran mucho rato, y eso te relaja más. Siempre he dicho que yo soy maquinista de excavadora, me gustan las motos, he reparado alguna motillo y hago el mantenimiento de las motos que hay en casa, pero no es mi oficio. ¡Cómo voy a decir yo nada a un técnico!».

De marcha

El otro aspecto de esta peculiar relación padre-hijo es la de la autonomía del piloto. Chavales que llegan con 16 ó 17 años al Mundial, que van madurando mientras compiten, que van conociendo mundo, estableciendo relaciones, creándose necesidades propias de su edad… «Siempre he dicho que el día que le moleste que me lo diga y ya está, hay confianza para eso», reconoce Paco Navarro. «Yo intento dejar los espacios», añade Antonio Herrera. «María no deja de tener 19 años. A mí me gustaba con esa edad que mi padre no estuviese a mi lado. Y le dejo el espacio. Sí que ella me busca, quiere mis consejos, confía mucho en mí, porque desde el primer momento hemos estado juntos y nos vuelve locos este deporte, y hablamos muchísimo de motos, de carreras, de posibilidades, de circuitos, de trazadas, de frenadas». Y todo esto dentro de los circuitos. Porque luego hay otra vida más allá de las carreras, y momentos especiales en los que celebrar cosas con el equipo y los más cercanos, victorias, campeonatos del mundo… «Es su fiesta», nos cuenta Julià Márquez que, por suerte para él, ha podido asistir a unas cuantas de estas. «Si me dejan asistir a las fiestas, asisto, y nunca me han puesto pegas. Pero si el ruido está en un lado yo me voy a la otra esquina… Son jóvenes y yo lo comprendo, voy de fiesta y no es igual que te mire un amigo o conocido a que te mire el padre». «Esta es mi teoría: en una discoteca, estar el padre y el hijo… No cuadra mucho», apunta en tono jocoso Rafa Rins. «Yo de cachondeo le he dicho muchas veces: "joder, la rubia no está mal". Pero cuando hay una celebración voy a la cena, y luego me voy al hotel. ¡Por mucho que me cueste!».

Y los pilotos, ¿qué piensan de tener siempre a sus padres al lado? «A mí me es de gran ayuda porque tengo mucha confianza con él, me conoce muy bien y sabe cuándo estoy bien, cuándo no estoy tan bien, lo que necesito», nos confiesa Jorge Navarro. «Hay veces dentro de un fin de semana de GP que necesito mi espacio y mi tiempo para pensar, estar relajado, solo, y él como me conoce tan bien, sin decirle nada, ya lo sabe. Yo creo que esto es muy importante, dentro de la relación padre-hijo saber en cada momento cada uno dónde debe estar». También María Herrera acepta con agrado contar con una figura como la de Antonio a su lado, la persona que siempre ha velado por su carrera deportiva (y por el resto de cosas). «Nunca he montado en moto sin mi padre, así que yo tengo esa confianza de que siempre está conmigo y me ayuda mucho porque cuando necesito consejos él siempre me sabe dar el bueno. Tener a mi padre es de gran ayuda porque me conoce muy bien. Es como una parte más del equipo y nos llevamos muy bien». Y, en el fondo, hay también un punto de muestra de agradecimiento por parte de los pilotos, sobre todo en ese momento de sus carreras en los que es fácil entender que pueden volar solos. «Mi padre, en los años en que ha habido que buscar dinero para correr, ha sido el que tiraba del carro, y ahora que la cosa va bien y que espero que vaya mejor, está claro que va a estar conmigo», resume tajante Jorge Navarro. «Y espero que sea por muchos años. Creo que hacer el Mundial al final a una persona sola, de acompañante, le puede cansar, pero espero que no, que esté siempre conmigo».