KTM Freeride 350, la todoterreno

Centrada su gama de motos de campo en la producción de modelos deportivos de enduro, cross y trail, la marca austriaca KTM abre ahora su oferta a una opción menos «radical» con la nueva Freeride 350. Una moto de todo terreno pensada para todos, y para hacer casi de todo. Con la Freeride 350, KTM reinterpreta el concepto de moto campera multiuso.

Santi Ayala -
KTM Freeride 350, la todoterreno
KTM Freeride 350, la todoterreno

En el mercado de la moto de campo, KTM es líder en el enduro y una de las punteras en cross, trail y quad. Pero llevaban tiempo en Austria dándole vueltas para abrir nuevos espacios de mercado off road con opciones alternativas a lo existente. Sus motos están dirigidas, sobre todo, a usuarios apasionados y casi especialistas.

Momento era de pensar en los que no son tan «puristas» pero sí tienen pasión por el campo y quieren montar de forma más tranquila, que no aburrida, con poco ruido, potencia justa, asiento bajo, peso contenido, capacidad trialera… ¡Correcto!, habéis acertado eso se llama moto de alpinismo, trial excursión o enduro «light» y existe desde hace  muchos años. No inventa nada KTM con la Freeride 350 pero sí que lleva el concepto al máximo posible en diseño, calidad, comportamiento…

Nada de plantearse hacer algo «normal» de componentes baratos, motores asiáticos, elementos comunes de la parte ciclo de otras marcas…

Si os fijáis la Freeride 350 es una compacta montura que lo estrena todo. Con la premisa fundamental de aligerar al máximo pero sin que reste efectividad dinámica ni solidez estructural. Algo que ha tenido que ver con que el diseño se comparta para la versión con motor eléctrico, que no estaba en esta presentación.

El chasis combina una estructura de acero con aluminio -primera vez que aparece este material en una KTM- al que se une un mínimo subchasis plástico. Levantando el asiento -lleva una cerradura manual- se accede al translúcido depósito de combustible (5,5 l), que deja un hueco en su parte posterior al curioso sistema de caja de filtro.

Un cartucho de plástico transparente -deja ver fácilmente si está sucio- que se extrae de la toma de admisión tirando de él, para luego abrirlo por la tapa inferior, dándole medio giro, accediendo a la espuma filtrante -más fácil, imposible-. Además, ésta queda ubicada en una alta posición que garantiza buena profundidad de vadeo.

Más detalles llamativos aparecen con la específica horquilla WP, con barras de menor diámetro -43 mm-. El amortiguador WP PDS también es propio así como el basculante de aluminio. Opcionalmente, se puede montar un kit que rebaja 25 mm la altura de la moto, acortando el recorrido de las suspensiones.

Los frenos son de la marca italiana Formula, las llantas de Giant -sí, de la marca de bicis, pero específicas para moto-, los neumáticos Dunlop, de trial -¡sorpresa!, no son de enduro-. Sorpresas también hay en el motor. Se trata del bloque 350 EXCF pero remozado para que pese menos -dicen haberlo aligerado 1,2 kg- y sea mucho más dócil -potencia de 25 CV-. Válvulas de acero, régimen máximo a 10.000 rpm, cárteres en fundición a presión y sin el sistema de arranque a palanca, desarrollo de cambio corto (11X48)…

Aunque lo más impactante quizás sea el colector de escape, en tubo de pequeño diámetro, con recorrido por debajo del motor para acabar en dos silenciosos de aluminio –ruido mínimo, así como bajas emisiones pues cada uno lleva catalizador-.

La Freeride es una moto con todos los ingredientes para garantizar grandes aventuras. Y para comprobarlo KTM nos ha citado en Marruecos, cerca de Marrakech. Tranquilos nada de arena, porque en territorio marroquí hay muchísima montaña llena de sendas, pistas, trialeras… Paraíso endurero y, además, sin persecuciones.

Acertado planteamiento de la primera toma de contacto al programarnos una ruta en línea de 70 km, con variados terrenos abruptos marcados por subidas, bajadas, senderos estrechos, laderas, pistas… Excepcional espacio para descubrir un concepto de movilidad que no busca pelear con las enduro racing pero que, como ellas, nos aporta momentos de absoluta intensidad, diversión y efectividad.

Solo comentar que en este recorrido dudo que con otra moto lo hubiera pasado igual de bien. ¿Motivos? La Freeride enamora por su tamaño, casi de bicicleta, que supone una intuitiva libertad de movimientos, jugando todo el rato con ella.  Influye su peso, en torno a los 100 kilos, aunque no  es una cifra impactante, pues una enduro 125 pesa menos. Es la chispeante respuesta del motor conjugada con los neumáticos de trial y el peso contenido lo que hace de ella un conjunto genial.

Con la Freeride siempre intentamos ir de pie por la línea recta, enfilando riscos, escalones... llevando la rueda delantera poco en el suelo. Además, la posición de conducción también nos incita a ir de pie, aunque hay espacio y un largo sillín para que el piloto vaya cómodo sentado.

El chasis responde manejable e incluso estable en pista, aunque los neumáticos de trial, aún siendo los Dunlop que tienen carcasa algo dura, no aportan la solidez de los de enduro que, por cierto, se puede montar sin problemas.

La suspensión es blanda y cómoda, jugetona, con tacto, sensacional para las piedras, los cortados, los escalones... Dibuja bien el terreno ayudada por la rueda blanda de trial. Perfecta combinación para jugar de forma continua.

El motor tiene fuerza suficiente para que sea efectivo desde abajo sin necesidad de insistir en acelerar hasta el corte de encendido. No asusta pero no aburre y, además tiene tres curvas del CDI con respuesta algo más suave o enérgica. El corto desarrollo de cambio ayuda a encontrar siempre al motor dispuesto. Y un toque de embrague resulta suficiente para revolucionarlo y lograr catapultar a la moto al estilo trialero.

Pocos peros hay que ponerle a la Freeride 350. El primero es que nos gustaría algún detalle para uso urbano, como una llave de contacto e, incluso, poder llevar pasajero. El segundo es la autonomía, pues 5,5 litros son cortos para uso rutero intenso, a pesar de tener inyección y de circular, generalmente, a medio régimen.

Y el tercero, es el precio de siete mil euros, chocante para su segmento. Pero su calidad lo avala pues no es una moto de juguete que se rompa tras el primer salto. Será una genuina compañera de todos, ligera, con buen motor, bien acabada...

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