KTM 200 EXC. Prueba Moto Verde

Dicen que las mejores cosas llegan en pequeñas dosis, que los mejores perfumes se encuentran en los frascos pequeños y, que los que valen la pena son sencillos, no destacan por encima del resto. La KTM 200 es la fragancia oculta en la que poca gente se fija pero que, con poca cantidad, aporta una enorme sensación de encanto y satisfacción, llegando a embriagarnos.

Santi Ayala. Fotos: Jaime de Diego -
KTM 200 EXC. Prueba Moto Verde
KTM 200 EXC. Prueba Moto Verde

Si hay una enduro en el mercado a la que la gente mira pero pocos la desean esa es la KTM 200. Es la simpática del grupo o, lo que es lo mismo, la «rarita» que algunos piensan que si se la compran les toca bailar con la más fea, en comparación a sus hermanas tanto 250/300 como la pequeña 125. Vamos que es como la Cenicienta, pero, como en el cuento, espera a su Príncipe para demostrarle que las apariencias engañan. Detrás de esa cifra extraña de la doble centena se oculta una de las enduros más encantadoras que podamos imaginar, capaz de demostrarnos sus sentimientos en cada acción, creando unos sólidos lazos con su dueño. Mayores incluso que con otros modelos comprados, en ocasiones, por seguir la corriente pero sin estar convencidos de que sean los «amores» de nuestra vida.

La 200 es una moto de gran corazón, nacida para agradar, para generar felicidad y satisfacción junto a un gran bienestar. Una sensación de placidez que ahora aumenta al incorporarle el sistema de arranque eléctrico, de diseño similar al de las 250/300 EXC con un postizo añadido sobre el rotor del encendido. Lógicamente ello ha obligado a modificar el cárter en su lado izquierdo así como a cambiar la tapa del encendido. Además, los técnicos han debido modificar toda la instalación eléctrica con un encendido de idéntico diseño al de la 250/300. No quedan aquí las novedades pues se estrena otra culata con mejora en la cámara de combustión que aporta una entrega de potencia más suave, a lo que contribuye el renovado reglaje de carburación. Se ahonda así en el concepto de KTM para esta moto de montura efectiva pero no exigente, explosiva pero con la pólvora justa, para que sea detonación controlada. Otros cambios del modelo 2013 son los comunes a toda la gama como los neumáticos Maxxis, los radios en negro, los puños de doble compuesto o los retoques en la suspensión.

La primera duda que nos aborda en esta prueba es la de cuantificar los kilos de más que representa el montaje del arranque eléctrico frente al modelo anterior. La sentencia de la jueza «báscula» es de culpable de haber ganado casi ¡seis kilos más! quedando en una cifra, en vacío, de 100,8 kg. Muy bueno en dato bruto frente al resto de modelos del mercado de enduro pero no tanto si recordamos los 94,9 kg. del modelo 2012. Es el peaje que hay que pagar para disfrutar del placer de darle al botón y que la moto arranque. Algo prescindible hasta que se tiene y se vuelve en imprescindible, sobre todo si afrontamos una larga jornada trialera en la que el motor se nos cala bastantes veces y, al final del día, cuesta ya levantar la pierna y dar la patada.
En positivo ha entendido este cambio Rafa Sáinz, endurero de más de 40 años, dueño de una KTM 300, pero atraído por la 200 «porque busco motos que me hagan la vida aún más fácil». Rafa, que nos ha acompañado en la prueba, ha tenido todo tipo de motos, 2T y 4T, de gran cilindrada, y está en esa fase en la que disfrutar al máximo y de forma fácil prima por encima de otras cuestiones.

Algo escéptico al principio con la 200, sobre todo por la posible falta de potencia y par: «mis contactos anteriores con motores pequeños no me habían entusiasmado. La ligereza de la moto se eclipsaba por unas mecánicas que exigían ser llevados con el cuchillo en la boca». Pero, acabó la larga jornada de pruebas, con un recorrido variado en el que hubo de todo –trialeras, sendas, pistas, pozas de barro, piedra, arena…- con una enorme sonrisa que delataba su sentimiento de satisfacción.

¿Qué descubrió Rafa en la 200? Pues que tiene un compromiso de potencia y de peso sensacionales con unas buenas maneras que enamoran. El motor es cautivador porque agrada a cualquier régimen, mostrando siempre empuje solvente, con alegría y jovialidad que transmite al piloto para hacerle ir confiado y, a la postre, más rápido que con otra moto. Rafa sentía además que la despreocupación por la respuesta del propulsor le llevaba a una placidez extraña pero que le dejaba rodar con mayor desahogo y alegría: «aun necesitando de una conducción decidida, es realmente agradable de llevar, no exigiendo esa conducción histérica y anticipada de una 125».

La verdad es que la mecánica 200 cansa menos que otros propulsores más poderosos y eso, los que están menos en forma, lo agradecen muchísimo. Es un motor a escala de uno mayor al que no le echamos nada en falta para rodar a ritmo. Desde luego que en su hábitat natural, los senderos y trialeras más o menos ratoneros, zonas de velocidad media, reviradas y complicadas, hay tanta o mayor efectividad en el propulsor que en otros motores mayores. Es cuando hay que salir a pistas rápidas o a subidas de fuerte pendiente cuando, los que realmente estéis en forma, echéis de menos más de empuje. Pero tiene tanta gracia y salero, una personalidad tan marcada y un sentido del humor tan relevante que, al final, nos convence de que es la mejor opción. Porque, encima, que el motor sea alegre también está vinculado al cambio, el desarrollo que tiene y lo bien que permite manejar las marchas. Es como un juego adictivo en el que el piloto está inmerso de forma constante para seguir el ritmo deseado. Aunque, al final no resulta tan estresante como se pueda imaginar. Incluso a Rafa le sorprendía «porque pensaba que tendría que cambiar más a menudo que con la 300, pero no hace falta porque aguanta. Claro que no tiene la patada del motor mayor pero hay bajos. Sí que ha andar más atento cuando queremos que el golpe de gas del motor nos catapulte para subir o bajar un escalón, pues hay que hacerlo en una marcha corta que asegure la buena reacción al gas. Además, he visto que consume poco y, sin repostar hemos recorrido los casi 130 kilómetros que hemos recorrido. ¡Increíble!».

Sabiendo qué potencia rinde (37 CV) y cómo la ofrece, no hay pero posible a este motor. El único punto débil es que el diseño del escape exige que tenga mucha panza y, por espacio, ésta queda colocada delante, muy expuesta a los golpes, sobre todo en los típicos escalones de bajada.

No cansa

El motor genera tranquilidad y embriaguez pero también lo hace la parte ciclo. Es el otro aspecto valorado por nuestro «probador invitado». La 200 se siente muy manejable, con notable diferencia sobre la 300 EXC y eso que ésta es también de sensacional manejabilidad, con una gran sensibilidad a los cambios de peso y de dirección. Pero ese peso de menos se agradece en días largos en los que, por ejemplo, nos metemos un empacho de trialeras o de zonas con árboles caídos –ahora, la nieve ha tirado bastante-. Entonces, cuando hay que pasar por encima de esos troncos aparece, la gran capacidad de la 200 para superar la dificultad, sin escarbar. O, en su defecto, para tirar de ella y pasarla al otro lado del tronco. Cansa menos que otras motos y es una reina de las dificultades, a la que le gusta meterse en lío y que la líen. Provocadora nata.

Se maneja muy bien la 200 gracias a una sensacional posición de conducción y un buen reparto de su masa. Lo que también le ha sorprendido mucho a Rafa ha sido la respuesta de la suspensión: «no habría probado material 2013 y, de serie, responde mucho mejor que el mío de 2009 preparado, e incluso con un Öhlins detrás. Zonas rizadas en las que mi moto se mueve delante, ésta las pasa sin inmutarse. La horquilla la sentía algo dura al comienzo pero la aflojé cuatro clicks de compresión y mis antebrazos dejaron de quejarse».

Satisfacción también genera la frenada, perfecta en todos los parámetros aunque, también en esta KTM, las pastillas de freno traseras chirrían, con el inconfundible sonido de las austriacas cuando se les da mucha tralla.
No os engañamos pues basta con leer el texto para ver que nos enamoramos de esta moto por su asombrosa y sorprendente capacidad para con menos dar incluso más que una 250/300. Pequeña dosis que es grande si lo traducimos en términos de sensaciones. Como conclusión Rafa nos decía «he disfrutando como un enano, especialmente motivado por la falta de cansancio, que sin duda la 200 tenía mucho que ver».

Eso sí, para los que esperéis que el precio sea un factor decisorio, olvidadlo, pues cuesta casi igual que la 250 2T (52 euros más ésta). Quizás algunos veáis que la relación cilindrada/precio no es favorable para la 200 y, razón no os falta.

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