El renacimiento de SWM: tradición y pasión italiana

La clásica marca SWM vuelve a la vida bajo un singular mestizaje de genes. Las monturas nacen con pasaporte transalpino, heredando así la genética de la tradicional y pasional industria italiana.
M.A.L. -
El renacimiento de SWM: tradición y pasión italiana
El renacimiento de SWM: tradición y pasión italiana

La importancia de una presentación no solo radica en la puesta en escena de una nueva moto, sino que el lanzamiento en sí también esconde relevancia a nivel empresarial, afectando al presente y futuro de las marcas, con sus fábricas y sus trabajadores. Pese a las obvias diferencias existentes entre Gas Gas y SWM, en ambos casos sí hay cierto paralelismo en que los nuevos modelos llegan con el objetivo de suponer la supervivencia y esperanza de futuro –para la marca española-, o incluso el renacer de una marca clásica, como lo es SWM. Bueno, lo cierto es que en el caso de los italianos la situación tiene casi tanto de renacer como de supervivencia.

Mestizaje

Aunque en MOTO VERDE presumimos de tener unos lectores expertos y con amplios conocimientos en la moto de campo, tampoco se nos escapa que quizá a algunos el nombre de SWM les suene «a chino». Sus orígenes se remontan a 1971, cuando es fundada por los milaneses Piero Sironi y Fausto Vergani –las siglas SWM proceden precisamente de Sironi Vergani Vimercate Milano-, en pleno apogeo de la industria motociclista italiana. Su producción comprendía modelos de cross, enduro y trial, siendo éstas dos últimas las disciplinas en las que SWM destacó especialmente. Su actividad cesó en 1984 por el mismo «cataclismo» que acabó con tantas marcas europeas: la llegada de los fabricantes japoneses.

Antes de comprender el revivir de SWM en 2014, conviene entender lo que pasó unos meses antes, en el año 2013. Fue entonces cuando BMW puso a la venta la marca Husqvarna, cuyos derechos de explotación fueron adquiridos por KTM, que decidió trasladar la producción a Austria. Libres de faena –salvo la producción de repuestos para modelos anteriores-, las instalaciones de Biandronno, Varese, modernizadas hacía poco gracias a BMW, estaban listas y disponibles para fabricar motos inmediatamente –capacidad de hasta 50.000 unidades-. Fue entonces cuando Shineray Group, uno de los principales fabricantes de motos en China, aprovechó la ocasión para introducirse en el mercado europeo, gracias también a la alianza con el ingeniero italiano Ampelio Macchi –antes, en Cagiva, Husqvarna y Aprilia-, y bajo la renacida marca de SWM.

Las SWM llevan comercializándose desde la temporada pasada, aunque ha sido ahora cuando se ha realizado una primera presentación internacional por todo lo alto, convocando en Varese a casi un centenar de medios y concesionarios de todo el mundo. Además de mostrarnos y dejarnos probar las SWM 2017, también pudimos conocer en primera persona las instalaciones de Biandronno, con sus tres líneas de producción principales –más la de motores-. Durante el «giro» a la fábrica los responsables de SWM remarcaban concienzudamente que cada moto pasa hasta cinco controles de calidad antes de salir hacia los concesionarios. También nos explicaban que el ensamblaje de las motos de enduro se realiza íntegramente en Varese, con muchos componentes fabricados allí, y otros llegados de proveedores externos, tanto italianos –Brembo, GET, Gilardoni, Regina…-, como también de China –manillar, mandos, plásticos…-. El desarrollo y el diseño de las motos también recae sobre los técnicos italianos, que incluso ya están trabajando en futuros modelos –en Biandronno vimos el prototipo de una moto de cross con base de las enduro actuales, y también un nuevo motor 250 4T en fase de desarrollo-. Desde luego, la implicación de Shineray en el proyecto de SWM parece que va bastante en serio, como lo demuestra su apuesta por la competición –actualmente hay equipo de supermotard, pero se planea otro en enduro-, y también por la promoción –el equipo de fútbol del Inter de Milán luce los logos de SWM, tras un acuerdo de patrocinio que se rumorea superar la decena de millones y que también contempla la cesión de ¡coches SWM X7!-.

La gama SWM de campo –también ofrecen modelos de carretera y supermotard- comprende un modelo de iniciación –la RS 125 4T-, dos trail –SuperDual y RS 650 R-, y dos monturas de enduro, la RS 300 R y la RS 500 R. Ambos modelos recuperan parte de la estructura motriz y ciclística de las HVA italianas, pero no las últimas versiones, sino las anteriores a 2011 (el desarrollo de los motores X-lite de 250 y 310, y los 449 y 499, fue en colaboración con BMW, por lo que, suponemos, ahora no han podido usarse). Tanto la RS 300 como la RS 500 comparten la misma estructura en lo que respecta al motor, con las únicas diferencias del cubicaje del cilindro -297,6 y 501 cc, respectivamente-, y los desarrollos del cambio –mismo escalonamiento interno, diferente relación primaria y secundaria-. Los motores cuentan con dos árboles de levas en culata, bomba de agua junto a la culata, cambio de 6 velocidades, embrague de accionamiento hidráulico, circuito de engrase con dos bombas y 1,8 l. de aceite, inyección Mikuni de 42 mm., ECU GET, refrigeración con doble radiador y electroventilador, y sistema de arranque eléctrico. Como cosecha propia de las RS, encontramos en las tapas de motor –con logo de SWM- y el sistema de escape, que luce dos silenciadores –solución a la que se vio en su día en las SMR de supermotard, pero no en las TE y TC-.

Las RS 300 y 500 también comparten el bastidor simple cuna desdoblado en acero, con suspensiones KYB multirregulables, frenos con bombas y pinzas Brembo -discos de 260/240 mm.-, y ruedas Michelin. En la carrocería destaca el depósito de gasolina con 7,5 litros de capacidad y asiento de desmontaje rápido –para acceder al filtro de aire-, así como la dotación de serie con cubremanetas y cubrecárter en aluminio.

Precio atractivo

La presentación de SWM nos tenía reservado un test dinámico en el circuito de cross de Malpensa, Milán. En directo, las SWM poseen muy buena pinta, con alegre decoración gráfica y una sensación de calidad más que positiva en general, salvo en algunos detalles –soldaduras de los colectores, acabados de maneta de embrague, pedales, estriberas, manillar…-. Detalles comprensibles, cuando descubrimos el mayor atractivo de las SWM, que no es otro que su bajo precio: ¡6.400 euros, la RS 500, y 5.950 €, la RS 300! (tarifa oficial de SWM España, cuyo responsable es el experimentado Ramón Riudalbás, a quien podéis contactar en ramon.riudalbás@swm-motorcycles.it). Vamos, en torno a 2.000 y 3.000 euros menos que las motos de la competencia.

Una vez asimilado el coste de la moto sobre la que estamos, la verdad es que la SWM aporta un nivel de eficacia acorde a lo que te puedas esperar, e incluso un poco por encima de las expectativas en algunos aspectos –en otros, no tanto-. El puesto de conducción nos parece más que correcto, especialmente por la acertada ubicación de las estriberas, el asiento y el manillar. Los mandos también proponen un diseño y accionamiento positivos, aunque se puede añorar más precisión y finura en los frenos y el embrague. La carrocería ofrece buena estrechez en la zona central, si bien el depósito no es tan esbelto como el de otras monturas más modernas, y en el lateral izquierdo resulta molesto el colector de escape al echarnos hacia atrás. El arranque eléctrico funciona perfectamente –sensor en la maneta de embrague-, y también puntúan con notable el cuadro digital –dígitos grandes y clara lectura- y los botones de las piñas.

En acción, las SWM reúnen sus mejores virtudes en dos apartados claves como lo son el comportamiento de chasis y la respuesta del motor. El bastidor de ambas RS aporta un buen equilibrio, con una estabilidad suficiente y una manejabilidad bastante buena en zona de curvas, incluso a través de dos conjuntos que se sienten claramente más pesados que otros modelos rivales –la marca declara 111 kilos, sin gasolina, para la RS 300, y 117 para la RS 500-. Un extra de kilos que se aprecia en cambios de dirección rápidos y en maniobras que impliquen levantar la rueda para salvar algún obstáculo –se notan un poco «cabezonas»-, pero que no evita a las italianas hacer gala de una entrada en curva eficaz, aplomada y natural. Sin duda, de lo más positivo del apartado ciclo, en el que también encontramos unos frenos con rendimiento correcto, pero a base de aplicarnos con fuerza en la maneta y el pedal, y unas suspensiones que no aportan tantas alegrías. El recorrido de pruebas crossero no beneficiaba desde luego a su blanda respuesta, aunque a baja velocidad tampoco encontramos una absorción de baches ideal, especialmente en el caso de la horquilla –el amortiguador sí que nos ha parecido correcto-. Eso sí, después de varias horas dándoles «caña» a las diversas unidades de la RS 300 y 500 en un circuito de cross «de verdad» como lo es el de Malpensa, con sus grandes subidas y bajadas, y generosos baches, os confirmamos que las SWM funcionaron igual de bien al final del día que al principio de la jornada –ya, es algo que se presupone y se espera de cualquier moto, pero por si había alguna duda…-.

El motor de las italianas también nos ha convencido plenamente, más que nada porque aportan lo básico que cualquier aficionado espera de una moto de enduro: esto es, buena diversión. Resulta cierto que su finura de respuesta, equilibrio general y rendimiento no se pueden equiparar a los de motores 4T más actuales, pero las mecánicas SWR proponen un nivel de prestaciones bastante bueno y, ante todo, con mucho carácter –señalar que las probamos con silenciador Arrow, que se ofrece como extra por 600 euros, y que desde luego nos parece un accesorio muy recomendable-. La RS 300 plantea una entrega suave y progresiva en bajos, algo perezosa de más, pero de medios en adelante sorprende con un golpe de rabia divertido, y una estirada prolongada, elástica e incisiva. No es desde luego la 300 más potente de la clase, pero tampoco diríamos que se queda muy atrás y la verdad es que da gusto estrujarla. También nos ha convencido en parte la respuesta de la RS 500, por su talante típico de las 4T «big bore» de hace unos años, con un empuje en bajos lleno y una rápida llega de la pata de par en la transición a medios. Además, la «cinquecento» también estira más de lo esperado, puesto que, aunque el empuje empieza a decaer pronto, el motor permite seguir estirándolo bastante antes de cortar encendido. El aspecto que menos nos ha gustado en ambas SWM ha sido el funcionamiento del cambio, de escalonamiento acertado, pero con un accionamiento demasiado impreciso y con tendencia a fallar bastante en los cambios –tanto al subir como al reducir-.

Conclusión 

Usuarios sin aspiraciones en alta competición, que practiquen enduro de forma esporádica y sin un nivel de dificultad muy alto. Es el perfil claro de un posible cliente de SWM, que encontrará en las RS un nivel de eficacia y diversión acorde a su accesible precio. Opción válida e interesante, para el que no quiera o pueda gastar mucho, y tampoco esté por la labor de bucear en el mercado de segunda mano.     

Te recomendamos

Como habrás podido comprobar por ti mismo ya tenemos aquí al frío, y que como cada añ...

Llegar más allá del trail y del enduro es posible gracias a las nuevas tecnologías....

Si estás pensando en hacer un viaje con tu moto, Bridgestone ofrece una amplia gama d...