Yamaha WRF 250. Prueba enduro

La WRF es una niña buena que nunca se sale del tiesto, que convence, siempre y cuando no os resulte prioritaria una cifra alta de potencia máxima.
Santi Ayala Fotos Juan Sanz -
Yamaha WRF 250. Prueba enduro
Yamaha WRF 250. Prueba enduro

Que la veteranía es un grado lo exprime Yamaha con su WRF 250, a la que sigue manteniendo imperturbable al paso del tiempo y a las modas. Y aquí sigue, toda chula ella, frente a otras jovencitas manteniendo el tipo y demostrando que sigue en la punta de lanza en este segmento gracias a un efectivo y atemporal conjunto.

Aunque cada vez se escuchan más rumores de renovación mecánica, con la incorporación de la inyección, nos tememos que aún tardará en lanzar la WRF sin carburador. Os recordamos además que Yamaha España ya no tiene en su oferta esta moto, que llega a nuestro país de la mano de los concesionarios que la piden, casi bajo encargo.

Y os volvemos a decir que, dado que no hay mayor modificación que la estética, que busquéis unidades de ediciones precedente que están a la venta con grandes descuentos -desde unos ¡5.500 euros!-.

 

 

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El año pasado llegaba una carrocería con más partes en blando y para 2014 ni eso cambio, copiando el mismo esquema de la temporada anterior.

Aparte de poder encontrar esta moto, a estreno, a un bajo precio aparte, ¿qué otros argumentos debéis considerar para su compra?

Esta «Yam» busca un cliente que sepa valorar la calidad de fabricación y de componentes, exigente incluso en este aspecto, pero que no de máxima importancia a las prestaciones mecánicas máximas. La tranquilidad en las reacciones del motor debemos considerarla como virtud pues la azulona tiene carácter pero reacciona tranquila, no se exaspera, ni se muestra nunca violenta, ni siquiera aunque la intentemos cabrear.

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Bondad

 La mecánica nipona rinde 33 caballos –verificados en nuestro banco-, no muchos si se comparan con las cifras de las rivales, y ello se debe a que viene de serie poco exprimida y bastante limitada -en escape y admisión-. Yamaha podría ahondar en una superior cifra de potencia pero ella mantiene el criterio de que su cliente es el aficionado que no necesita más potencia, pero que sí valora un óptimo bajo y medio régimen, como el que tiene la WRF.

Y, por otro lado, los «japos» siguen pensando que menos estrujamiento mecánica tiene una repercusión directa en más fiabilidad y en un menor consumo. Y el que quiera más, que modifique el motor incorporando otros componentes a nivel de escape, centralitas… Hay quienes los aceptáis y otros a los que no os convence esta teoría de pagar por una moto para luego tener que invertir más para conseguir que corra como os gustaría.

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¿Trucos fáciles para aumentar algo el rendimiento? Pues, por ejemplo, quitando algunos de los elementos que lleva el sistema de escape, destinados a reducir las emisiones de CO2 –que nadie se confunda, que no es abrir el silencioso ni hacer más ruido para que ande más-.

A nosotros nos sigue pareciendo algo justa la potencia del propulsor si la consideramos a la WRF 250 una enduro racing, pues su cifra casa más con un concepto de mecánica trail enduro. Lo positivo de un rendimiento escueto lo tenemos en la comodidad de uso y en la facilidad para exprimir a saco y al máximo lo que la WRF rinde.

Por ello la «Yam» resulta válida para pilotos noveles, para veteranos en modo relax o para los que no se quieren complicar la vida. A todos aquéllos a los que les puede incomodar el sentir que la moto está por encima de su nivel de conducción y que, cada vez que montan, parece que están en un examen de una oposición a pilotos. Los que quieran ganar carreras, al menos las que sean en lucha contra el crono, tendrán que pensar en otras opciones.

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Sobre plano, suelo firme… cualquier espacio donde la potencia no resulte decisiva, la WRF 250 avanza con soltura. Pero en asensos de fuerte pendiente, o en arena… no va sobrado, siempre en términos de intentar ir alegres y a ritmo. Para rodar a rimo aventurero la WRF siempre va bien. Tanta bondad tiene una aplicación muy útil en los recorridos de enduro extremo, aquellos en los que la potencia no decida.

Cierto que para trialear la Yamahita responde muy bien, con bonanza, generosidad a pocas vueltas, y complaciendo al piloto. Una buena trepadora, con una loable tracción –arranca bien incluso en pendientes, desde parado- arropada por un cambio que tiene un escalonamiento ideal para explotar su potencial con un desarrollo corto unido a un escalonamiento cerrado. Una caja de «competi» en la que añoramos una sexta larga para cubrir desahogados los enlaces y para hacer más útil la quinta.

Cuando toca ir deprisa, mejor tomarlo con pausa, salvo que os apetezca exprimir de forma constante el motor hasta el corte de encendido, no muy recomendable. El embrague nos encanta por su tacto suave –siempre que se mantenga bien limpio y engrasado su mecanismo por cable-.

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Apuntar que esta unidad de la WRF 250 no siempre la hemos arrancado bien, fallando en la puesta en marcha con una velocidad engranada. Un aspecto que nos ha incomodado en trialeras, por aquello de tener que engranar el punto muerto obligatoriamente para arrancar, en ocasiones parados en complicada posición.

Buena valoración para el consumo contenido del motor, aunque el pequeño depósito no le permite ir más allá de los 80/90 km., dependiendo del ritmo que llevéis y del tipo de superficie por el que os mováis –para vuestra tranquilidad hay posición de reserva en la llave de combustible-.

La parte ciclo está sobredimensionada y el generoso bastidor de aluminio soporta sobrado el rendimiento mecánica y podría cargar a sus espaldas una potencia mucho mayor. Este chasis continúa destacando por su gran estabilidad y confianza del tren delantero –para ganar agilidad podéis bajar un poco las barras de la horquilla-.

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Incluso seguimos afirmando que notamos excesivo aplomo delante que, si bien os aporta fe ciega en lo que hacemos, y nos permite ir relajado, nos resta espontaneidad para salir de apuros en lo que resulte necesario levantar la rueda frontal. Esa es la habitual pesadez propia de las Yamaha tan beneficiosa en pista y menos apropiada para sendas o zonas de zigzag. De todas maneras tiene actitud juguetona y espontanea que se complementa con su templanza.  

Su manejabilidad queda condicionada por el peso del conjunto en el que no destaca precisamente la «doble uve erre» más diez quilos por encima de las cifras de algunas de sus rivales de clase. En cualquier caso, la WR sabe defenderse con estilo y nos deja la puerta abierta a un posible adelgazamiento eliminando componentes pesados prescindibles.

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La suspensión responde al compromiso de comodidad y facilidad de manejo de la moto. Su tarado es blando, pero no fofo, con tacto y sensibilidad, siendo capaz de absorber bien piedras, raíces… Aunque, evidentemente, para correr habría que buscar parámetros más rígidos y con tacto más estable.

En la horquilla Kayaba nos sigue costando encontrar un buen reglaje que aúne aplomo en zona rápida con tacto en espacio roto. De nuevo, en los reglajes para enduro de aficionado de fin de semana, para que no se os quede dura en compresión, estáis obligados a abrir mucho la compresión, por lo que os queda poco margen para modificar luego este parámetro.

El amortiguador responde en la misma línea y lo que prima es confort frente a solvencia para los grandes impactos de saltos de altura. ¿Nuestros reglajes? Para un recorrido principalmente lento, trialero y abrupto: delante, 11 compresión/12 rebote, y detrás, 8 compresión/8 rebote.

La frenada nos agrada, por tacto y por potencia de mordida en ambos ejes, consiguiendo disfruta de una buena modulación.

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A los mandos nos encontramos muy cómodos, tanto porque es una moto grande y espaciosa, con un asiento de confortable mullido para ir sentados, como porque es una moto baja, que facilita subirnos a ella. Aunque, por el contrario, tiene menor distancia libre al suelo –se tocan los bajos, en espacios trialeros, con facilidad, porque, además, la suspensión se comprime mucho-.

Otra cosa que nos gusta de la WR es su buen equipamiento: cubrecárter, vaso de expansión, completa instrumentación digital, cortacorrientes, acceso a la caja del filtro por la portezuela...

Si os gustan las motos atemporales en su diseño, fiables, no muy exigentes, nobles pero divertidas, la Yamaha sigue teniendo ese toque especial de niña buena.

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