Andrea Dovizioso, Marc Márquez y la trazada única (extra risas y abrazos)

Una batalla épica y limpia que engrandece el motociclismo.
Nacho González -
Andrea Dovizioso, Marc Márquez y la trazada única (extra risas y abrazos)
Andrea Dovizioso, Marc Márquez y la trazada única (extra risas y abrazos)

Muchas eran las trazadas llamadas a confluir por el título en Valencia. Cinco seguían casi emparejadas en verano. Dos ya se han desviado definitivamente: Valentino Rossi y Dani Pedrosa. Una tercera se mantiene a una distancia más cercana, pero que se antoja insalvable.

A tres carreras del final, dos trazadas son las elegidas: con cinco victorias cada uno, Marc Márquez y Andrea Dovizioso llegan a las tres últimas carreras dependiendo de sí mismos: si ganan las tres últimas carreras, serán campeones.

Han llegado de forma muy distinta: Márquez a base de hacer más podios (10) y más ceros (3) y Dovizioso a base de sumar siempre, con un único cero. El primero sólo se ha quedado fuera del podio en dos de las carreras que ha terminado. El segundo, en siete.

Sin embargo, en las cinco últimas carreras han hecho cuatro podios cada uno. Con trazadas y trayectorias muy distintas, los dos han hecho una temporada de menos a más, elevando el nivel en el tramo decisivo de la temporada para, casi por inercia, quedarse solos. Los demás ya parecen condenados a mirar, por mucho que Viñales siga esperando una carambola como la que aprovechó en 2013 para ganar un título de Moto3 que tenía casi tan perdido como este.

Hace varias carreras que Marc y Dovi se estudian. Desde los libres en las hojas de tiempos hasta los domingos, donde desde verano hasta aquí se han encontrado más veces que en los cuatro años anteriores. En Japón, Márquez lanzó el primer mensaje. Cuando le superaron Jorge Lorenzo y Danilo Petrucci, optó por tomarse las cosas con calma. El tercero en pasarle fue Dovi…

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Ahí no titubeó. Lanzó la moto y recuperó el tercer puesto en dos curvas. Como ha sucedido en el campeonato, por inercia se fueron quedando solos. Normalmente, la lluvia permita que ganen carreras pilotos inhabituales, que cuentan con la ventaja de no tener nada que perder, de poder arriesgar un poco más.

En Motegi no fue así, sino más bien al contrario. Los que más tenían que perder arriesgaron más que nadie, y tras dejar atrás a Petrucci se citaron para un bis del concierto de trazadas que ofrecieron en el Red Bull Ring austriaco.

La diferencia es que esta vez, el espectáculo era acuático. Pero, si ninguno de los dos pensaba en el campeonato, mucho menos se iban a andar con remilgos por la presencia del líquido elemento bañando el asfalto del Twin Ring Motegi. Ambos sabían que la única opción era ir al límite.

Un límite al que también han llegado por dos trazadas distintas: Márquez por lo innato, Dovizioso por lo aprendido.

Márquez vive en el límite. Es su forma de entender el motociclismo y le cuesta horrores conservar. Lleva la victoria codificada en el ADN y vive para conseguir siempre una más. Solamente en contadas ocasiones ha dado por buena una posición que no le llevase a lo más alto del podio.

Dovizioso se ha mudado al límite. No es que antes no lo buscara, es que nunca se había jugado un título de MotoGP, y menos con Marc. Cuando esto sucede, no puedes sentarte y esperar a que el 93 te lo regale: tienes que jugar con sus reglas, buscar huecos imposibles y meter la moto. Ganarle por las bravas.

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Ha aprendido el juego. En el momento justo. Tantos años bregando con la Ducati le han dado un nivel de simbiosis que ni Márquez parece tener con la Honda. Un entendimiento perfecto entre moto y máquina han permitido al italiano elevar el listón y plantar cara con garantías al piloto que él mismo califica como el mejor en la batalla cuerpo a cuerpo.

Sólo así ha podido ganarle dos veces. Lo hizo en Austria y repitió en Japón, donde le ayudó el error de Marc en la última vuelta. Un error que él propició, claro. Porque le lleva al límite. Porque tienen trazadas distintas, pero se han condenado a encontrarse en el ápice de una curva. Porque juegan a lo mismo.

Jugando al juego de Marc, y ganándole dos veces es como Dovizioso ha llegado hasta aquí como el anti-Márquez (dicho por él). Dos victorias trabajadas hasta la última curva le han dado una diferencia de 20 puntos: los 10 que ha sumado en su casillero y los 10 que ha restado en el del de Cervera.

Sencillamente, la diferencia que lleva al público a preguntarse quién ganará MotoGP 2017 en vez de preguntarse cuándo sentenciará el sexto título Márquez.

Los dos saben que, por mucho que sus trazadas se crucen una y otra vez, sólo hay una trazada única que lleva a la línea de meta. Es así en la carrera y en el campeonato. Da igual cómo hayan llegado hasta aquí, lo importante es lo que queda.

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El nivel de riesgo que ambos asumieron así lo prueba. Trabaja duro, juega duro. Ambos se han trabajado la oportunidad durante toda la temporada y ahora tienen que jugar duro para ganar. Duro pero limpio, por supuesto.

Lo mejor de la batalla entre Dovi y Marc es la limpieza. Maniobras agresivas pero totalmente deportivas. Ni un mal gesto. Ni un reproche. Porque cuando dos jugadores juegan igual de duro, hay un equilibrio interno que sólo pueden resolver entes objetivos como el cronómetro o la bandera a cuadros.

Esta vez resolvió Dovi. Bueno para el campeonato.

Acabada la carrera, se abrazaron entre risas. Bueno para el deporte.

Las risas de dos jugadores que lo han dado todo, que han disfrutado elevando su nivel para tratar de ganar al otro. Las risas de dos jugadores que saben que ha terminado un set, pero que todavía quedan tres por disputarse. Que el partido está muy vivo y que sus trazadas volverán a cruzarse.

El abrazo de dos deportistas que saben que, muy por encima del resultado, han dado un espectáculo memorable. Que han levantado a la gente de sus asientos. Que los gritos de sus aficionados europeos han despertado del descanso dominical a sus somnolientos vecinos. Que han hecho que valgan la pena las horas de sueño perdido.

El abrazo entre risas de dos pilotos que saben que, en una semana, seguramente sus trazadas volverán a cruzarse.

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