El balón es de Marc Márquez

Con Assen como campo improvisado, el balón echó a rodar y empezaron los pases.
Nacho González -
El balón es de Marc Márquez
El balón es de Marc Márquez

Con millones de ojos puestos en Rusia a lo largo de todo el mundo, España incluida, el TT de Assen parecía ser poco más que el preludio al partido de octavos de final que la Roja jugaba contra el anfitrión. A media tarde ya no había duda: el ganador del España-Rusia había sido MotoGP.

Han pasado más de 24 horas y todavía hay que frotarse los ojos para cerciorarse de que no fue un sueño: de que realmente sucedió lo que todo aficionado del motociclismo ansía. Ocho de los mejores pilotos del mundo sobre ocho de las mejores motos del mundo repartiendo hachazos a diestro y siniestro con más corazón que cabeza como si se tratara de una carrera de Moto3… pero con mil centímetros cúbicos y 157 kilos de peso.

Lo sucedido durante viernes y sábado en los entrenamientos dibujaba un escenario de supuesta igualdad entre un póquer de pilotos, un número que finalmente se acabaría duplicando. Algo que sólo puede suceder de una forma: con un ritmo lento. Cuando los que más ritmo tienen deciden no exhibirlo y los que no tienen tanto hacen suya la baza de dibujar una carrera más lenta.

El balón es de Marc Márquez

Marc Márquez con Valentino Rossi (Foto: Gold & Goose)

Jorge Lorenzo lo sabía y su salida hizo el resto. Escaló ocho posiciones en curva y media y tomó el liderato ante un Marc Márquez que tenía más ganas de jugar que prisa por ganar. Es evidente que ya se le ha pasado el enfado de Argentina: pesa más su aburrimiento en victorias como las de Austin, Jerez y Le Mans.

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Calmadas las aguas y devueltas a lo más hondo del río de Termas, Márquez ha ido recuperando su esencia. De forma paralela, en Mugello y Montmeló se vio supeditado al dominio del binomio Ducati-Lorenzo. En Assen se juntaron dos factores: las ganas de jugar y un contexto de igualdad sin dominador claro en términos de ritmo… salvo él.

Eso decían los entrenamientos, que le situaban como gran favorito, pero sólo un paso por delante de Maverick Viñales, Andrea Dovizioso y Valentino Rossi. Él mismo les designó como rivales. Y con la felicidad del niño que vuelve a salir al patio tras una semana castigado sin recreo, salió al patio de Assen y echó el balón a rodar.

El balón es de Marc Márquez

Marc Márquez con Maverick Viñales (Foto: Gold & Goose)

El balón echó a rodar y empezaron los pases: Lorenzo se coló en el rondo y le pasó el balón, haciendo que se apuntasen también Álex Rins, Cal Crutchlow y Johann Zarco. Un rondo de ocho donde los pases se sucedían: si había un hueco, había un pase. Lorenzo pasaba a Márquez, que pasaba a Rins, que pasaba a Rossi, que pasaba a Dovi, que pasaba a Lorenzo...

Era más difícil saber dónde mirar que en un partido de fútbol con cinco balones a la vez. Los propios pilotos se olvidaron que se estaban jugando una victoria en MotoGP y se dedicaron a disfrutar, a pasarse y repasarse. El objetivo no era otro que divertirse y seguir jugando hasta que sonase el timbre para volver a clase. En algún momento habría que volver a la realidad, pero no había prisa por ello.

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Con el paso de las vueltas y la aparición del cansancio, el juego comenzó a ser de eliminación. La tensión estaba en saber que cualquier podía quedarse fuera de juego con un pequeño fallo en forma de largo o caída. Encontrar el equilibrio en ese clima, mezcla de pachanga con los amigos y de juegos del hambre, era la clave para llegar con garantías a ese momento del juego en el que sabes que el final se acerca.

El balón es de Marc Márquez

Marc Márquez encabeza el grupo (Foto: Gold & Goose)

Y claro, como buena pachanga, el final lo decide el dueño del balón. Porque sin balón no hay juego. Y, como sucede con los goles en una buena pachanga, el recuento de adelantamientos valía de poco. Lo único que vale es lo que sucede tras el grito de ‘¡El que meta gana!’.

Ahí acabó todo. En lo que respecta a la lucha por la victoria, claro. Acabó porque Márquez fue el que profirió el grito, cogió el balón, se fue de todos y marcó el gol definitivo. Un gol que vale más de 25 puntos, porque hay carreras que se recuerdan más que mundiales completos.

Marc Márquez se vistió de Leo Messi e hizo que los mejores pilotos del mundo parecieran el Getafe, porque no pudieron hacer nada más que verle alejarse en la distancia. Viendo llegar el gol del 93 pero sin poder hacer nada por evitarlo. Con la sensación de que todo había sido un juego de Márquez: sacó el balón, se divirtió con ellos, se fue de todos y se llevó el balón a casa, que para eso es suyo.

El balón es de Marc Márquez

Marc Márquez festeja su victoria (Foto: Gold & Goose)
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