Dani Pedrosa, pequeño gigante

Ya está, esto ha sido todo.
Nacho González -
Dani Pedrosa, pequeño gigante
Dani Pedrosa, pequeño gigante

Ha sido un suspiro. La carrera de Valencia se ha pasado en un abrir y cerrar de ojos. Un pestañeo. El último con Daniel Pedrosa Ramal en pista. Ya está, esto ha sido todo. Como cantaba M-Clan: “No es un final feliz, tan solo es un final”. Y no pasa nada.

Con la trayectoria del piloto catalán sucede como con una novela de Haruki Murakami: el final es lo de menos. Aunque las últimas páginas dejen con ganas de más, e incluso con una extraña mezcla de enfado e incredulidad en el paladar, al cerrar el libro y depositarlo en la mesa es preciso sentarse para empezar a digerir todo lo que acaba de suceder. La mente se funde a blanco, se vacía por completo.

El frío de lo inconcluso apenas dura un instante. El que se tarda en entender que lo importante es el viaje: que cuando una obra está tan bien escrita que no necesita un desenlace feliz. Ni siquiera necesita un desenlace, porque no es una historia al uso. No hay un dragón al que matar ni un mundo por salvar. Tampoco una última bandera a cuadros que perseguir. Sólo vidas que siguen adelante.

No, la historia de Dani Pedrosa no es la de un superhéroe que puede con todo y con todos. Es la de un caballero (de vapor) rodante que fue transformando gigantes en molinos a base de ilusión y tenacidad. La mundana leyenda de alguien cuyo mantra fue siempre el de creer que imposible no es más que un término que cada uno rellena con su particular definición.

Publicidad

En la definición de Pedrosa, imposible es sólo un estado provisional. El periodo de tiempo que transcurre hasta que alguien hace algo y, por tanto, deja de serlo. Imposible es, por tanto, una ilusión. Así que cuando le dijeron que con su cuerpo sería imposible ganar títulos mundiales de motociclismo, no le quedó más remedio que ocuparse personalmente de acabar con esa idea.

La idea de que el envase puede ser determinante en este deporte ya es historia. El contenido siempre estará por encima del continente, y Dani Pedrosa es la prueba irrefutable. En un mundo cada vez más profesional y con unas motos cada vez más físicas, ese pequeño genio de rostro aniñado se fue agigantando.

Fue trazando su propio sendero con unas líneas que parecían delineadas a compás en una clase maestra de dibujo técnico. Las matemáticas dicen que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta. El motociclismo tiene otras reglas, donde las rectas sólo son el trámite necesario para llegar a la siguiente curva.

Dani Pedrosa, pequeño gigante

Dani Pedrosa, pequeño gigante

Fue, precisamente, la siguiente curva el lugar en el que Dani Pedrosa ubicó su quimera. Había escuchado tantas veces que con su estatura no llegaría muy lejos que optó por ir cerca. Después, otra vez cerca. Así hasta dejar de percibir cuán lejos estaba llegando. Cual moderno caminante de Antonio Machado el camino se hizo bajo sus pies.

Por el camino enamoró a España. Ya sin el heroico Álex Crivillé en el mapa, era el momento de mirar hacia abajo. Al bajar la vista y fijarla en 125cc, lo que encontraron fue al pequeño Dani Pedrosa, que en un escenario casi bíblico derrotó a ese Goliat llamado Aprilia al más puro estilo David: con una Honda.

Publicidad

Siempre había sido su arma y jamás la cambió, tampoco le hizo falta. Se limitó a seguir trazando su camino con precisión de cirujano. Dejando una huella que desbloqueó al motociclismo español. Los niños ya no sólo querían ser Ronaldo, Rivaldo o Raúl. Otro nombre se colaba en las casas, entre tazas de colacao: “Voy a ser piloto profesional, como Dani Pedrosa”, aseguraban, convencidos. Uno de esos niños se llamaba Marc Márquez, pero se contaban por miles.

Con cada victoria, Dani Pedrosa sumaba aficionados, a los que fidelizaba levantándose tras cada lesión. La fragilidad de su cuerpo sólo era comparable a su velocidad y, con dos títulos de 250cc en dos años, cuando llegó a MotoGP ya tenía a todo el mundo en el bolsillo.

Desde ahí, más de una década de lucha incansable contra sus propias limitaciones. Una lucha plagada de sonrisas y lágrimas, éxitos y fracasos, festejos y frustraciones. En definitiva, una vida. Habrá quien cierre el libro y no pueda contener la pena por no haberle visto salir triunfador. Quien se quede en la ausencia de final feliz, consecuencia de la separación dicotómica entre ganador y perdedores.

Por otro lado, habrá quién cierre los ojos y rápidamente caiga en la cuenta de que el final es sólo una minúscula parte de todo lo sucedido para centrarse en el privilegio que supone haber disfrutado todos estos años de Daniel Pedrosa Ramal, un pequeño gigante cuyo talento y corazón le hicieron convertirse en leyenda del motociclismo y, lo más importante, un ejemplo de deportividad para los más pequeños en lo que respeto a sus rivales y al deporte se refiere.

Ante semejante lección de vida, ¿qué importa el final?

Dani Pedrosa, pequeño gigante

Dani Pedrosa, pequeño gigante
Publicidad

Galería relacionada

Dani Pedrosa, en 26 fotos

Te recomendamos

Una vez conocidas todas las novedades que las marcas tienen preparadas para 2019, lle...

Participa en nuevo sorteo de Deus ex Machina y puedes ganar este conjunto de tres pre...

La compañía de neumáticos premium Hankook tiene sus miras puestas en el presente… y e...

Participa en nuestro sorteo y gana una de estas dos magníficas chaquetas de cuero Ind...

Como habrás podido comprobar por ti mismo ya tenemos aquí al frío, y que como cada añ...