Ducati Desmosedici, grandes éxitos y fracasos

La historia del prototipo de la firma italiana ha sufrido vaivenes desde 2003.
Nacho González -
Ducati Desmosedici, grandes éxitos y fracasos
Ducati Desmosedici, grandes éxitos y fracasos

Corría el año 2003. El 6 de abril, más concretamente. Un día marcado en negro para el motociclismo mundial por el accidente del japonés Daijiro Kato, que fallecería dos semanas después. Una tragedia que dejó en segundo plano lo deportivo, especialmente a una marca que había señalado aquel domingo con rojo fuego en el calendario.

Aquel día, en la cuarta línea de parrilla –por aquel entonces todavía había cuatro pilotos por fila-, aparecían Troy Bayliss (13º) y Loris Capirossi (15º). Ducati iniciaba su periplo en MotoGP en la segunda temporada de existencia de la categoría. Tanto Troy como Loris se habían quedado a más de dos segundos del poleman Valentino Rossi.

La marca de Borgo Panigale, dueña y señora del Campeonato del Mundo de Superbike, apareció entre los prototipos con su Desmosedici GP3, tomando su nombre del motor con sistema de distribución desmodrómico y sus 16 válvulas (cuatro por cilindro). Ni el más optimista de la fábrica de Bolonia podía imaginar que aquel domingo acabarían en el podio, con Capirossi cruzando la línea de meta en tercera posición tras sus compatriotas Valentino Rossi y Max Biaggi.

Valencia, 13 de noviembre de 2016. Mientras Marc Márquez se larga en pos de una persecución –a la postre infructuosa- sobre Jorge Lorenzo, el italiano Andrea Iannone consigue deshacerse de Valentino Rossi para lograr su último podio vestido de rojo antes de poner rumbo a Suzuki.

Entre el de Capirossi en Suzuka y el de Iannone en el Ricardo Tormo transcurrieron más de 13 años… y otros cien podios. ¡Cien!

Durante casi década y media Ducati se ha erigido como la tercera fuerza en discordia, como el bastión italiano (y europeo) en un mundo dominado por los fabricantes japoneses. En la marca encargada de preservar el honor transalpino cuya bandera portó MV Agusta durante décadas y cuyo testigo intentó recoger Cagiva en los 90, sin demasiado éxito.

PilotoVictoriasPodios
Casey Stoner 23 42
Loris Capirossi 7 21
Andrea Dovizioso 1 12
Andrea Iannone 1 7
Troy Bayliss 1 5
Nicky Hayden   3
Valentino Rossi   3
Toni Elías   2
Carlos Checa   2
Scott Redding   1
Cal Crutchlow   1
Rubén Xaus   1
Alex Barros   1
Danilo Petrucci   1
TOTAL33102

Desde su llegada en 2003, el peculiar sistema de la Desmosedici no ha dejado indiferente a nadie. Alejado por completo de sus rivales japonesas, el chasis de la Ducati ha sufrido diversas variaciones desde la GP3 hasta la GP17 que Jorge Lorenzo y Andrea Dovizioso llevarán la próxima temporada, unos vaivenes que se han traducido en épocas de bonanza y otras de sufrimiento.

Hasta 2008, el chasis empleado fue el tubular tipo Trellis –perfeccionado en su día por Antonio Cobas-, con el que tuvieron una gran irrupción en la categoría. Loris Capirossi fue su punta de lanza durante sus primeras cuatro temporadas, con la inestimable ayuda del mito de la marca en Superbike, el australiano Troy Bayliss.

En ese periodo, también lograron alcanzar el podio los españoles Rubén Xaus y Carlos Checa. Pero lo mejor estaba por llegar. La firma italiana se había consolidado en la élite de las dos ruedas, pero falta por rematar la faena. Faltaba el más difícil todavía, que llegaría en 2007.

Aquel mágico año, la Desmosedici acarició el firmamento de los prototipos. El gran culpable no fue otro que el joven Casey Stoner, que en su primer año en la marca llevó la GP7 hacia un título incontestable e inolvidable, coronado por los títulos de constructores y equipos en un triplete que forma parte de la historia del motociclismo.

Una vez hollada la cumbre, llegaba lo más complicado: establecer en el nevado pico de MotoGP el campamento base. Lo intentó Stoner por todos los medios, pero no pudo repetir la proeza. Siguió cosechando victorias y podios, pero la posibilidad de repetir título se alejaba poco a poco, y a finales de 2010 dijo adiós a la marca italiana para recalar en Honda, que por la época estaba mucho mejor. Indiscutiblemente, acertó con el cambio, ya que lograría su segundo título al primer intento.

Tras él, dejo una Desmosedici que en 2009 se había pasado a un chasis monocasco de carbono, pero que seguía en claro declive: de las diez victorias logradas el año del título pasó a seis, cuatro y tres en las tres temporadas siguientes.

Perdido el australiano, Ducati quiso redoblar la apuesta y se fue a por Valentino Rossi, que estampó su rúbrica en un acto a caballo entre la fe y el romanticismo.

Dos años duró ‘Il sogno italiano’. Tres podios sacó Rossi del enlace, que se tornó un completo fracaso. La Desmosedici no era la misma de antaño, y el nueve veces campeón lo sufrió durante dos temporadas, en las que suplicó por activa y por pasiva a la marca que cambiaran la concepción de su motocicleta para hacerla más japonesa. Le hicieron caso, pero para entonces la desventaja era importante.

Fue la GP12 (tras varias pruebas en la GP11) la encargada de estrenar el chasis doble viga de aluminio, pero los resultados no llegaban. Y en 2013, por primera vez en su todavía corta historia, Ducati se quedó sin subir al podio ni una sola vez. Fue entonces cuando los italianos se dieron cuenta de que abordar el fichaje de Rossi había sido empezar la casa por el tejado. Y, por fin, giraron la vista hacia los cimientos del inmueble. La conclusión fue cristalina: hacía falta un nuevo arquitecto.

Llegó así Gigi Dall’Igna en 2014. Casualidad o no, volvieron los podios. Al principio tímidamente –tres en su primer año-, pero desde la pasada temporada comenzaron a alcanzar la categoría de costumbre: nueve en 2015 y diez en 2016, con el retorno a la victoria por partida doble: Andrea Iannone en seco (Austria) y Andrea Dovizioso en mojado (Malasia).

Ya en ese trayecto comenzaba a tomar forma una sensación que sobrevolaba el paddock. No eran poco los que pensaban que la Desmosedici ya estaba muy cercana al nivel de la Honda RC213V y la Yamaha YZR-M1, y el retorno de Stoner como probador era otro golpe de efecto.

Entonces, y sólo entonces, era la hora de acometer el fichaje de un piloto estrella. Con Marc Márquez acomodado en Honda, decidieron tentar al ya tricampeón de MotoGP y pentacampeón mundial Jorge Lorenzo. Al balear, admirador de Dall’Igna desde su época en Aprilia en 250cc –y de Stoner como rival-, se le iluminaron los ojos. Y aceptó.

Aceptó sabiendo todas las consecuencias. Sabiendo que un título con Ducati le otorgaría una lugar privilegiado en los libros de historia. Sabiendo que Valentino Rossi ya tomó ese camino –aunque con distintas piedras- y tuvo que desandar lo andado. Sabiendo que ganar con la marca italiana tendría un sabor distinto a hacerlo con las japonesas. Sabiendo que tendrá todos los flashes sobre él. Sabiendo que dejaba su adorada M1 para adentrarse en lo desconocido.

Sobre todo, sabiendo que la historia de la Desmosedici se ha escrito entre grandes éxitos y grandes fracasos.

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