Pol Espargaró y el autobús que para en todos los pueblos

Le queda el último trayecto del viaje para terminar de prepararse. El futuro es una incógnita, pero él sonríe. Ya está donde quería.
Pol Espargaró y el autobús que para en todos los pueblos
Pol Espargaró y el autobús que para en todos los pueblos

Sabe que ha llegado, por fin. Una sonrisa se dibuja en la cara de Pol Espargaró mientras mira por la ventana. Ya puede ver a lo lejos el cartel que le da la bienvenida al lugar más deseado del país de MotoGP: la ciudad de las motos ganadoras.

Allí espera Marc Márquez, que hizo el viaje en AVE: salió un año antes que él y lleva allí ya siete temporadas. También están Maverick Viñales o Álex Rins. Cuando él inició su trayecto, ellos ni siquiera habían llegado a la estación de Moto2, pero desde allí encontraron un autobús más o menos directo. De la misma forma viaja ahora Fabio Quartararo, que llegará a la vez que él saliendo muchos años después. Joan Mir llegó incluso antes de lo que él mismo pensaba.

Hay también otros pilotos que parece que siempre han estado allí: Andrea Dovizioso llegó hace más de una década –aunque hizo algunas excursiones al exterior-, mientras que Valentino Rossi se resiste a cruzar el cartel tachado en rojo.

Allá por 2013, resultaba imposible imaginar que siete años después Pol Espargaró todavía no habría llegado. Desde mucho tiempo antes, su destino parecía claro: había sido campeón de España y llevaba toda la vida luchando de tú a tú con Marc Márquez. Lo hizo en 125cc y juntos llegaron a Moto2, donde Pol Espargaró supo solventar las dificultades iniciales y eso permitió que en el segundo año volvieran a encontrarse en la zona alta. Que Márquez saltase a MotoGP un año antes solo parecía retrasar ligeramente su encuentro en la lucha por la zona alta de la clase reina.

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Con el título de Moto2 bajo el brazo, ‘Polyccio’ emprendió un camino que a priori parecía más o menos definido: vale que no iba en AVE directo a un equipo oficial, pero el autobús del Tech 3 parecía ser lo suficientemente rápido y fiable como para llegar a la esperada ciudad en un par de años, tres a lo sumo.

El primer tramo de trayecto lo completó sin sobresaltos. Una etapa difícil que completó de forma sobria y contundente. Sin embargo, poco a poco el caminó empezó a tomar desvíos inesperados, que se salían de la plácida autopista y encaraban carreteras comarcales que por momentos se tornaron en pedregosos caminos sin asfaltar.

Pol Espargaró y el autobús que para en todos los pueblos

Pol Espargaró y el autobús que para en todos los pueblos

El proyecto de KTM resultaba ambicioso pero estaba en los cimientos. Si bien era una carretera apasionante para disfrutar del paisaje y deleitarse en cada curva, el tiempo iba pasando y cada vez que paraba en un pueblo, el mundo había dado otra vuelta al sol, Pol Espargaró añadía una vela a su tarta de cumpleaños y el añorado destino de la ciudad de las motos ganadoras parecía incluso más lejano.

Desde fuera pudo llegar a parecer que había perdido de vista el objetivo. Que se había quedado varado en algún lugar entre esos recónditos pueblos por los que solamente pasa un autobús cada muchas horas. Era solo una percepción externa: si había optado por esos caminos era creyendo firmemente que le llevarían hasta el destino deseado y que las dificultades añadidas del trayecto le curtirían una vez allí. No iba del todo desencaminado.

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Es cierto que su plan de llegar a la ciudad de las motos ganadoras con una nueva casa a cuestas como era KTM no llegó a materializarse, pero su buen hacer en el proceso llamó la atención de Honda Racing Corporation, los más experimentados del lugar.

La marca japonesa le ha fichado con el objetivo de arropar a Marc Márquez, para que el octocampeón no vuelva a verse solo contra el mundo y no necesite repetir la proeza de 2019, cuando llevó la triple corona al cuartel general de la firma sin apenas ayuda. Desde el punto de vista de la marca, su tarea será la de escudero del número uno, aportando valiosos puntos, sumando podios y siendo la alternativa ganadora si el de Cervera falla.

Por el contrario, para él –y aunque resulte paradójico- ahora viene lo más difícil. Después del largo y tortuoso viaje de estos años, después de pasar una eternidad en el infernal autobús que va parando en todos y cada uno de los pueblos, el próximo 2021 por fin estará en la ciudad de las motos ganadoras. Y eso significa que, desde su propio punto de vista, ya solo le valdrá ganar.

Estampando su rúbrica en el papel que le une a HRC para correr en el Repsol Honda Team, Pol Espargaró ha firmado el contrato más exigente que puede existir, el que encierra el mayor de los retos que se pueden imaginar a día de hoy en MotoGP: ganar al mejor con sus mismas armas.

Le queda el último trayecto del viaje para terminar de prepararse. En unos meses, el autobús por fin parará en su destino, le soltará y se irá. El futuro es una incógnita, pero él sonríe. Ya está donde quería.

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