El parque de atracciones de Miguel Oliveira

Donde otros pilotos pestañeaban de forma inconsciente, a él se le ponían los ojos como platos.

Miguel Oliveira se encamina a una victoria inapelable en solitario
Miguel Oliveira se encamina a una victoria inapelable en solitario

Cuando un niño acude a un parque de atracciones por primera vez, el brillo de ilusión que desprende su mirada se funde con el vértigo de encarar por primera vez las tremendas subidas y bajadas de las diferentes montañas rusas, por no hablar de la sensación de caer al vacío que aporta la lanzadera.

Los pilotos de MotoGP fueron esos niños en Portimao. Un circuito fascinante, una montaña lusa plagada de subidas y bajadas que encararon con la ilusión de un infante que acude por primera vez a la Warner o a Port Aventura. Con sus juguetes favoritos –que en su caso pesan más de 150 kilos y se mueven a más de 300 por horas- cruzaron los tornos de la entrada del Autódromo Internacional do Algarve dispuestos a pasar tres días dando vueltas de atracción en atracción.

Como sucede en estos casos, por norma general los más pequeños llegaban con más ganas mientras que los más mayores entraban con más respeto, mirando de soslayo la peculiar orografía del terreno. Sin embargo, hasta los más intrépidos titubeaban en ciertos puntos del trazado.

Igual que el niño que, después de estar meses pidiendo que le lleven al parque de atracciones, no puede evitar cerrar los ojos y sentir cómo su corazón se tambalea en su pecho cuando la montaña rusa alcanza su punto más alto para caer al vacío. Pues eso mismo, pero con las motos más rápidas del mundo y en un cambio de rasante ciego.

Miguel Oliveira se pone al frente con una salida perfecta ante Jack Miller y Franco Morbidelli
Miguel Oliveira se pone al frente con una salida perfecta ante Jack Miller y Franco Morbidelli

Solo un niño no cerraba los ojos: responde al nombre de Miguel Oliveira. Y Portimao es su parque de atracciones. Donde otros pilotos pestañeaban de forma inconsciente, a él se le ponían los ojos como platos.

Daba igual que los demás pasasen un fin de semana subiendo y bajando de las atracciones del parque, tratando de memorizar cada punto para atacar las curvas en vez de topárselas de frente. Donde los demás se peleaban con la moto para intentar llevarla por el mejor sitio, él salía con la rueda delantera en el aire y una sonrisa de oreja a oreja.

Los pestañeos imperceptibles del resto se traducen en milésimas, que curva tras curva y vuelta tras vuelta se fueron tornando en décimas y segundos. Mientras los demás tenían que recuperar el aliento tras cada atracción, él ya estaba encarando la siguiente. Y así durante 40 largos minutos.

Si hace meses venció de forma inesperada en la última curva de Austria, la casa de la marca que le ha dado todo en el Mundial, en el epílogo lo hizo en su propia casa y de una forma apabullante, llegando a tener cuatro segundos y medio de ventaja sobre sus perseguidores.

Miguel Oliveira no cometió ni un solo error para ganar en Portimao
Miguel Oliveira no cometió ni un solo error para ganar en Portimao

Pudo hasta relajarse en las últimas vueltas. Se le veía tan fino que en lugar de estar acometiendo las tremendas subidas y bajadas de la montaña lusa parecía estar en una de esas calmadas atracciones acuáticas que consiguen bajar la adrenalina tras las emociones fuertes con los movimientos calmados del agua estancada.

Un triunfo que cerraba el año mágico de KTM y que evidencia una vez más que Oliveira es especialista en terminar temporadas en lo alto, despidiéndose del Tech 3 en el que ha pasado los dos últimos años para vestirse con los colores del equipo oficial, donde será un piloto al que habrá que tener muy en cuenta.

En su parque de atracciones ha sido capaz de marcar la diferencia de forma contundente, pero eso ya es historia. La noche de MotoGP 2020 ha caído, los pilotos han pasado por los tornos de salida tras pasar por la tienda de souvenirs rumbo a sus casas. 2021 será otra historia, pero para entonces ya todos mirarán a Oliveira recordando que no cerraba los ojos en la montaña rusa.

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