Pecco Bagnaia: A fuego lento

Píldoras 2022, capítulo 1: Pecco Bagnaia, campeón del mundo de MotoGP 2022.

Pecco Bagnaia ha conquistado el título mundial de MotoGP 2022
Pecco Bagnaia ha conquistado el título mundial de MotoGP 2022

En una época en la que prevalece la comida rápida, es más importante que nunca reivindicar la cocina realizada sin prisa y con mimo. Sin desmerecer el placer que supone llevarse una hamburguesa a la mano mientras el kétchup se escurre entre las manos, difícilmente se puede comparar con sentarte a la mesa a degustar un potaje o un guiso calentito.

Pero el mundo tiene prisa. La comida rápida no es más que el máximo exponente de esa inmediatez que se busca en absolutamente todo. Millones de personas sacrificando algo tan sagrado como la alimentación por no ‘perder’ tiempo de trabajar, estudiar y demás. Se busca la rapidez por encima de la calidad. Y eso vale para todo, incluyendo a las personas.

En el deporte resulta todavía más exagerado. Se buscan (y encuentran) niños prodigios hasta debajo de las piedras y se les encumbra rápidamente en lo que resulta una moneda al aire: o deriva en superestrella o en juguete roto. Si sucede lo segundo, no pasa nada. Se tira a la papelera. Total, en la cocina ya habrá otros muchos esperando su turno.

En este contexto, encontrar en el deporte guisos cocinados a fuego lento es casi una quimera. No hay tiempo que perder, como si el verbo fuese ese y no invertir. Por suerte, todavía quedan algunos románticos dispuestos a perder/invertir ese tiempo. Y, por suerte, a veces el guiso a fuego lento acaba imponiéndose a la comida rápida. El título de Pecco Bagnaia es un ejemplo perfecto.

Pecco Bagnaia campeón del mundo, MotoGP Valencia 2022
Pecco Bagnaia campeón del mundo, MotoGP Valencia 2022

Un tipo sencillo al que le encanta cocinar y cuyo plato favorito es la pasta con tomate y albahaca, tres ingredientes cuyos colores son -curiosamente- los de la bandera italiana. Un tipo que no encaja con el perfil que impera en el deporte actual, que obliga a crecer más rápido de lo recomendable. Bien lo sabe su gran rival Fabio Quartararo.

Algo similar se puede aplicar al proyecto de Ducati en MotoGP. La marca italiana, cansada de vivir tanto tiempo recogiendo las migajas que dejaban Honda y Yamaha, decidió cambiar el enfoque y trabajar más a medio y largo plazo. Primero con la contratación de Gigi Dall’Igna primero, y después con la decisión de apostar por talentos jóvenes en lugar de fichar estrellas consolidadas.

Se gestaron así dos preparaciones simultáneas. En un fuego, un Pecco Bagnaia que no logró ni un solo punto en su debut mundialista en 2013 y que fue cogiendo sabor con las especias indias de Mahindra antes de volver a casa en el VR46. En el otro, una salsa italiana de característico color rojo que iba ganando consistencia con mimo y sin prisa.

La fusión de ambas preparaciones derivó en un plato casi de otra época, donde los pilotos no necesitaban resultados inmediatos para no quedarse fuera y en la que las marcas todavía conservaban algo de romanticismo. Entre tanta comida rápida, Pecco Bagnaia y Ducati han conseguido presentar al mundo un guiso cocinado a fuego lento que ha resultado ser un auténtico ‘boccato di cardinale’.

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