Troy Bayliss: "Quiero seguir ganando carreras"

Leyendas australianas: Troy Bayliss. Con ansias de ganar. Troy Bayliss ganó tres veces el Campeonato del Mundo de Superbike y se retiró en 2008, aunque estuvo a punto de volver en 2011, pero cambió de opinión. Ahora se le supone retirado, pero un montón de malas ideas cruzan su mente de forma constante.
Mat Oxley. Fotos: Friedemann Kirn. Adaptación: Venancio Luis Nieto -
Troy Bayliss: "Quiero seguir ganando carreras"
Troy Bayliss: "Quiero seguir ganando carreras"

Las luces están encendidas en la residencia de los Bayliss, pero no parece haber nadie dentro de la casa. El hogar de nuestro protagonista está en obras y por sus inmediaciones rondan multitud de trabajadores, pero no hay rastro del propietario. Troy Bayliss llega pasados 20 minutos y parece que ha estado dándose una buena paliza. Nos cuenta que acaba de hacerse 150 km en bicicleta. Sí, has leído bien. No en moto, sino en bicicleta. Percatándose de nuestra cara de susto nos explica a continuación: «Me mantengo en forma como si continuara en activo, ¿verdad?».

No es algo que me pudiera esperar. Pensé que venía a la Gold Coast australiana para entrevistar a un héroe de las Superbikes ya retirado. Con 42 años de edad en este momento, Bayliss colgó el mono después de proclamarse campeón del mundo de Superbike por última vez con Ducati en 2008, pero puedes estar seguro de que todavía se mantiene en forma como un deportista del más alto nivel.

Retirarse cuando uno está en lo más alto es el sueño de cualquier piloto, pero no es fácil de conseguir. En realidad, la mayoría se retira cuando dejan de ser competitivos o empiezan a acusar serias lesiones, como le ocurrió a su compatriota Michael Doohan en 1999, cuando ya no tenía demasiadas opciones de mantenerse en activo con un cuerpo roto y maltratado. «Si se trata de elegir el momento de la retirada, dejarlo porque te has roto las piernas hace las cosas mucho más fáciles», añade Bayliss.

Pero para Troy Bayliss no ha sido una decisión sencilla. Durante el pasado verano estaba colaborando con Ducati en el desarrollo de las motos de SBK para 2011 al tiempo que rodaba en registros de récord, pero cuando estaba a punto de firmar un contrato con la marca italiana, Bayliss cambió de opinión. Ahora considera de nuevo volver a la competición y la razón es muy simple. Le cuesta mucho esfuerzo vivir lejos de ella: «Todavía tengo dudas en cuanto a retirarme definitivamente», nos confiesa Bayliss cómodamente sentado en el sillón del salón de su casa, con la misma intensidad y entusiasmo que le hizo un piloto temible para cualquier otro: «Sinceramente, es muy duro. No queda mucho para que empiecen las pruebas con las Ducati para la temporada 2012 y sé que si me va bien, deberé tener mucha fuerza de voluntad para no sucumbir a la posibilidad de volver a correr. Por eso también me mantengo en forma, nunca sabes lo que te espera a la vuelta de la esquina. Sé que podría volver y ganar fácilmente. La cuestión en mi mente es que me retiré con sólo un título menos que Carl Fogarty -3/4-, y sólo siete victorias por debajo de las suyas -52/59-. Sé que es posible superar esos récords».

Otro importante hecho no es que Bayliss vaya a probar en breve las nuevas armas de Ducati en la temporada de SBK 2012, sino que también se mantiene en contacto regularmente con Davide Tardozzi, el subcampeón de la primera edición del Mundial de SBK en 1988 con Bimota y jefe de equipo de Ducati, que llevó a Bayliss hasta sus tres títulos mundiales en esta especialidad. En otras palabras, todo está preparado por lo que pudiera pasar. Si se lo propusiera, Tardozzi no encontraría demasiados problemas para montar un equipo y en Ducati estarían encantados de poner a su disposición monturas de máximo nivel para Bayliss: «Y yo estoy tan en forma como siempre», añade el australiano. «Podría subirme a la moto ahora mismo y salir a pista. Estoy listo para todo».

La familia
Salta a la vista que a Bayliss le hierve la sangre por volver a hacer lo que mejor sabe: «asesinar» a sus rivales del Mundial de SBK. Sólo existe un pequeño problema al respecto. La promesa que hizo sobre retirarse defi nitivamente de la competición: «Originalmente le prometí a Kim –su esposa desde hace 18 años-, que me retiraría al final de la temporada 2006. Me las arreglé para escaquearme un par de años más, cuando también era un momento idóneo para que los chicos volvieran a Australia. Como familia nos va muy bien. El problema soy yo, que me siento como un adicto a la competición. No puedo evitarlo, quiero seguir ganando carreras. Está dentro de mí».

Los enamorados desde la adolescencia, Troy y Kim, y sus tres hijos Mitch -16-, Abbey -14- y Ollie -6-, viven ahora una vida bastante perfecta en una lujosa casa de la costa en Surfers Paradise. Después de años pasando la mitad del tiempo en la carretera, o entre Mónaco y Australia, a los chicos les va bien en el colegio, han hecho amigos y crecen como los de su edad deberían. Como reconoce, la cuestión está en su adicción a la velocidad, o más bien en el anhelo del placer por la victoria: «Lo que más echo de menos es ganar. Lo que ocurre es que ese sentimiento sólo te dura un día o dos, y entonces necesitas otra victoria. Es como una droga nociva, su efecto no dura demasiado. Por supuesto también echo de menos la atmósfera de la competición. Desde el jueves hasta el domingo estás nervioso porque entrenas duro para la carrera y hay mucha presión por rodar rápido. Finalmente ganas y estás feliz durante algunas horas. Cenas y te tomas unas cervezas, pero a la mañana siguiente ya tienes la mente en la próxima carrera, que llegará en un par de semanas. Mejor que estés preparado para ella».

A la mayoría de los pilotos de alto nivel les ocurre lo mismo. Disfrutan de la victoria, pero inmediatamente después fijan su objetivo en el próximo asalto. Si no fuera así, no serían pilotos de alto nivel. Bayliss también ha probado otras posibilidades para seguir enganchado a la competición, como las carreras de coches –que no le parecieron tan divertidas como las de motos–, y el ciclismo –que no es lo suficientemente rápido–. Se aburrió pronto de los motores V8 en las carreras sobre cuatro ruedas, pero en 2009 se enfocó con gran determinación en la posibilidad de competir en ciclismo, rodando una media de 500 km a la semana.

También en esta disciplina es bueno y recientemente ganó el campeonato Queensland Road Masters para mayores de 39 años, un éxito que le llenó casi tanto como ganar un título mundial de SBK: «Cuando gané ese campeonato estaba muy feliz, pero sólo después de las tres horas de camino conduciendo hasta casa el nuevo sentimiento de victoria ya había desaparecido».

Antes de retirarse, Bayliss estaba tan asustado de perder el instinto asesino de su adicción, que pospuso durante un tiempo sus planes para someterse a una operación de vasectomía: «Pensé que empezaría a beber té y que los demás pilotos me pasarían haciendo eses», dice sonriendo, «Pero fi almente lo hice hace tres meses y todavía tomo café y me encanta ganar».

Los comienzos
Bayliss es un piloto muy fácil de entrevistar. Es abierto, interesante, tiene sentido del humor y carece de aires de grandeza, por lo que este encuentro se parece más al que mantendrías con un motorista en un bar, que a una audiencia concedida por un piloto tres veces campeón del mundo.

Probablemente existan muchas razones para que Bayliss se haya mantenido como un tipo normal, pero seguramente la esforzada y modesta forma de iniciarse en la competición es una de ellas. A diferencia de muchos pilotos de la era moderna, Bayliss no fue un héroe de las copas monomarca infantiles patrocinadas por papá y mamá.

A partir de los diez años practicó motocross y «dirt track» durante un tiempo, pero después lo dejó. No fue hasta cumplir los 23 cuando se estrenó sobre el asfalto. Compara esto con la trayectoria del campeón del mundo de MotoGP de 2008 Valentino Rossi o la del campeón de 250 cc Marco Simoncelli, quienes ya eran leyendas de las minimotos cuando estaban cumpliendo los 11 años.

Bayliss compró su primera moto de carreras con el sueldo de pintor, una forma de vida agotadora y algo perniciosa para la salud: «Era uno de esos trabajos que te atrapa, te utiliza y te hace pensar en que te vas a quedar estancado para siempre, aunque sea una situación normal para mucha gente».

El acontecimiento que le hizo estar seguro de no querer quedar estancado fue su visita al GP de Australia de 1992: «Bajé a Eastern Creek con un par de amigos que solían andar como locos por ahí con sus motos de calle. Estuve en la acampada e hice “burn outs” con mi moto sin ponerme el casco como un idiota. En ese momento decidí que quería competir». Bayliss corrió su primera carrera con su Kawasaki ZXR750 de calle, pero pronto cambió a una KR250 porque las copas monomarca con motores de «dos tiempos» eran la mejor forma de empezar.

Después de la pequeña KR se graduaría al manillar de una ZZR600. Curiosamente, él mismo culpa a aquella moto de su estilo de pilotaje tan físico y salvaje: «Aquella moto era el mayor “penco” que se ha construido, y quizá de ella venga mi estilo, de intentar domar una cosa así».

Con las superbikes fue piloto de Kawasaki y Suzuki más tarde, aunque sería una carrera sensacional como invitado en el GP de Australia de 250 en 1997 la que marcaría el momento de mayor avance. Aquella salida le valió un acuerdo con el equipo Ducati GSE para correr en el campeonato de Gran Bretaña de Superbike, lo que antecedió a su contrato como piloto oficial de la marca en el mundial de la especialidad. Ganó el título británico en 1999 y el mundial en 2001. Ducati promovió su llegada a MotoGP en 2003, pero mientras que subió al podio ocasionalmente sobre la nueva Desmosedici, nunca consiguió ganar una carrera y regresó al Mundial de SBK en 2006, para ejercer de nuevo un claro dominio.

Pero volvería una vez más a MotoGP a finales del 2006, sustituyendo a Sete Gibernau sobre la Ducati para conseguir la última victoria de la era de los 990 cc. Un logro tan importante le valió entrar en el selecto club de los pilotos que han ganado carreras en Superbike y también en MotoGP.

Bayliss dice que nunca olvidará sus primeros años, cuando intentaba hacerse una carrera como piloto que compaginaba con un trabajo de nueve a cinco: «Kim y yo estábamos en el circuito y la mitad de las veces la moto no funcionaba. Teníamos que estar adivinando las cosas. Solía caerme mucho con la ZZR porque no sabía mucho de motos. Siempre perdía el tren delantero. Entonces volvíamos a trabajar el lunes. Todo aquello fue una aventura brutal. Todavía hablamos de las cosas por las que pasamos o las que no volveremos a hacer jamás de la misma forma. La gente no se imagina lo duro que es. Te pone a prueba».

A diferencia de muchos pilotos que comienzan sus carreras soñando con el éxito desde los primeros días del colegio, Bayliss empezó sin un propósito concreto. Simplemente quería correr en moto: «Hay muchos que cuando empiezan ya quieren ser campeones del mundo. Quieren ser Doohan o Rossi. Cuando empecé no tenía ni idea de adónde quería ir. Pero sólo pasó un año antes de que le dijera a Kim que debería ser capaz de hacer de las carreras la forma de ganarme la vida».

Bayliss está orgulloso de haber vivido una existencia cotidianamente normal antes de lograr el éxito en la competición: «Creo que puedo decirte cómo es el mundo real. He visto a un montón de pilotos que nunca han tenido ninguna otra profesión, así que no entienden muchas cosas sobre la vida».  El otro factor que puede haber contribuido a asegurar que Bayliss no se convirtiera en un «divo» del paddock está en su familia. La mayoría de los pilotos no tienen descendencia hasta el final de sus carreras o cuando éstas ya han terminado porque piensan que los hijos les distraerán, o quizá peor, les harán dejar de ser competitivos.

No es ése el caso de Bayliss, que se casó y fue padre antes de convertirse en piloto profesional. «Creo que todo eso fue positivo y en ningún caso negativo. A largo plazo me ha hecho bien. Pasar a vivir en otro lado de la vida es un gran desafí o para cualquiera, pero si lo haces acompañado de tu esposa y tus hijos ya tienes a la gente más importante junto a la que comenzar. Kim dirá que no siempre ha sido fácil y que, en ocasiones, he sido algo áspero con ellos, pero sobre todas las cosas creo que fue una buena experiencia».  Todo lo que Bayliss tiene que hacer ahora es averiguar cómo conciliar la vida familiar con la temporada 2012 del Mundial de Superbike.

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