Visita a la fábrica Abus de antirrobos

En un momento en el que la economía europea está en horas bajas, la marca «Hecho en Alemania» sigue siendo una garantía de calidad y fiabilidad. Te contamos cómo ABUS fabrica sus antirrobos.

Texto y fotos: Pablo Bueno -
Visita a la fábrica Abus de antirrobos
Visita a la fábrica Abus de antirrobos

La llave. Pasa desapercibida y parece poco importante, pero ABUS comienza a diseñar sus antirrobos a partir de la llave, puesto que es la parte más delicada de un candado y también la más débil.

ABUS tiene diferentes tipos de llaves según el grado de seguridad, desde la de «serreta » hasta las ultra sofisticadas Plus y X-Plus, que garantizan una seguridad prácticamente total.

Tanto es así que, en nuestra visita a la fábrica de ABUS en Rehe (Alemania) cuando llegamos a la máquina que hace las llaves y los cilindros de última generación, nos piden que apaguemos la cámara, es una de las joyas de la corona. Un brazo autómata que monta una cerradura en cuestión de segundos, disco a disco, manejando un millón de combinaciones posibles.

Una de las premisas de ABUS ha sido siempre «La seguridad necesita calidad» y esta idea ha sido el pilar de esta empresa familiar alemana, August Bremicker und Söhne, nacida en 1924. Para conseguir calidad, se debe tener el control sobre el producto.

Por ello es una empresa autosuficiente y cuenta con muy pocos proveedores, casi todos de materias primas. Las máquinas de la fábrica, su mantenimiento, las herramientas de los operarios, embalajes, etc. se hacen dentro.

Esto no quiere decir que ABUS no fabrique fuera, tiene dos plantas en China desde los años 60, pero su control de calidad es muy estricto y los antirrobos de gama media y alta se fabrican todos en Alemania.

La vida de un antirrobo de arco como el Granit 54 empieza cuando llegan las barras de acero a la fábrica.

El primer paso es cortarlo y doblarlo en forma de «U».

El segundo, cementar el acero, que se consigue calentándolo y enfriándolo sucesivamente para conseguir la rigidez y torsión justas. Si se calienta demasiado cristaliza y puede romperse de un golpe, como el vidrio.

Una vez cementado, una máquina comprueba sus medidas y elasticidad y lo rectifica para asegurar que el arco y los agujeros del bloque de la cerradura coinciden. El bloque de la cerradura parte de una única pieza de acero a la que se le practican los orifi cios mediante taladro y se vacía para que pueda alojar el cilindro de la cerradura y el sistema de cierre. Al igual que el arco, se cementa.

El cilindro donde se introduce la llave y los cierres que muerden el arco están separados por un complejo mecanismo que se bloquea si alguien taladra la cerradura. El antirrobo con perfil cuadrado (patentado por ABUS) es más seguro que el redondo, pues es más difícil de cortar con cizalla y además no gira si el caco llega a cortar uno de los brazos de la «U».

En un mismo puesto, uno o varios operarios (según las necesidades de producción) monta el antirrobo de principio a fin, incluso lo embala, de forma que el mismo empleado (cuyo código queda estampado en el antirrobo) ha completado todo el proceso de producción. El stock va a un almacén domotizado en el que los autómatas y los operarios conviven como en una película de ciencia ficción.

Los pedidos son colocados en cajas y el propio sistema controla (mediante el peso) que los pedidos están completados. Una vez la «máquina» detecta que el pedido está listo para enviar, pasa al departamento de expedición. ABUS envía sus antirrobos a todo el mundo a un ritmo de unos 5.000 pedidos diarios.

En fábrica y almacén trabajan a dos turnos, pero en los picos de producción lo hacen a tres turnos las 24 horas del día.

Una vez terminados los antirrobos, varias muestras de cada lote van al departamento de I+D, donde se realizan las pruebas de resistencia de las diferentes homologaciones (ABUS las pasa todas con creces) y se trabaja en el diseño, funcionalidad y seguridad, para seguir mejorando los productos.

El principal negocio de ABUS, el 70% de su facturación, son los artículos de ferretería y seguridad en el hogar, lo que deja solo el 30% para el segmento de dos ruedas (antirrobos para bici y moto).

La principal razón es que en Alemania el «Hazlo tú mismo» es toda una religión y las chapuzas en casa se las hace cada uno. Pero, aunque no es su principal fuente de ingresos, ABUS es consciente de que no puede bajar la guardia ni un milímetro con sus antirrobos, lo que significa mantener el control sobre el producto final y no reducir la calidad.

Es cierto que son los más caros, algo que en 2012 quieren compensar con el lanzamiento de una gama más económica, pero también es verdad que las incidencias en garantía son mínimas y sus estándares de calidad y seguridad altísimos. Una inversión, por tanto, altamente recomendable

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