Johann Zarco y lo que de verdad importa

La decisión del francés ha abierto un debate sobre si ha sido valiente o cobarde.
Johann Zarco y lo que de verdad importa
Johann Zarco se metió en primera fila en Brno (Fotos: Gold & Goose / KTM).

La noticia empezaba a colarse por las rendijas del paddock en el atardecer del domingo, y el lunes tomaba forma como comunicado oficial: Johann Zarco había decidido finalizar su aventura en KTM al término de la temporada, renunciando a la segunda parte del goloso contrato que firmó por dos años.

La noticia abrió en dos las aguas del futuro inmediato del mercado de MotoGP y ramificó las opiniones.

Primero, las aguas: a la izquierda, una KTM RC16 libre para 2020. A la derecha, un bicampeón del mundo de Moto2 y dos veces mejor piloto independiente de MotoGP sin moto en una edad idónea. Dos aguas que, como es lógico, están creando corrientes de especulación en todas direcciones con multitud de conexiones de nombres y motos. La marea del tiempo nos dirá si llegan a puerto o naufragan en el mar del quizás.

Sobre las opiniones, sabemos que son como los culos: cada cual tiene la suya. En el caso de Zarco, lo extraordinario de la decisión la ha polarizado en dos conceptos antagónicos: valentía/cobardía. Como siempre, todo está en el prisma con el que se mire y, desde ahí, se pueden encontrar argumentos que sostengan ambas corrientes de opinión.

Quienes aplauden la valentía de Zarco ponen sobre la mesa variables tales como la renuncia al dinero y, seguramente, a continuar la clase reina. Es cierto: el piloto francés era de los más codiciados del pasado mercado y, como tal, firmó un contrato acorde a su estatus que le convertía en uno de los pilotos mejor pagados del mundo.

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Dicen que una retirada a tiempo es una victoria, y está claro que renunciar a ese montante habla bien del francés, un hombre que hasta hace unos años vivía en una caravana y que vuelve a demostrar que el dinero no está en la cúspide de su pirámide de prioridades. De igual forma, interrumpir su relación con KTM en un momento en el que parece no haber ninguna otra moto libre en la máxima categoría. El riesgo de desaparecer del trozo más iluminado por el foco mediático es altísimo, lo cual también refuerza a quienes apuntan a la valentía de su elección.

En la opinión opuesta están quienes apuntan a una claudicación demasiado temprana, a lo que entienden como una huida en cuanto el panorama se ha torcido. Que tuvo la suerte de subir a MotoGP con una moto a la que es sencillo adaptarse como es la Yamaha y que cuando el nuevo desafío se ha complicado ha optado por la solución ‘fácil’.

Johann Zarco y lo que de verdad importa

Johann Zarco se subió a la KTM RC16 en noviembre de 2018.

El reproche mayoritario no es pensar que ha fracasado, sino que no lo ha intentado lo suficiente. Que debería, al menos, haber cumplido su contrato dando lo mejor de sí mismo para llevar la RC16 lo más adelante posible hasta el término del curso 2020 como parece que va a hacer Jorge Lorenzo en el Repsol Honda o como hiciera hace unos años Valentino Rossi en Ducati. Pensar que, inexorablemente, el error en la elección de moto o equipo debe conllevar aparejada la penitencia del cumplimiento íntegro de lo firmado.

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Personalmente, creo que hay una tercera calle –quizás mal iluminada y peor vista de lo que debería estar- situada en medio de los extremos de la valentía más encomiable y la cobardía más reprobable: la de la felicidad.

En sus escuetas palabras en redes sociales (donde fue el último piloto en llegar porque no tenía ni Smartphone), en las que reconocía la dificultad de la decisión –lo cual habla más de valentía que de cobardía- dejó una conjunción copulativa que unía dos ideas importantes, más de lo que pudieran parecer: “Tengo la oportunidad de hacer el mejor trabajo del mundo y quiero hacerlo con una sonrisa”.

La frase se puede ver en su Instagram con una imagen que también habla a voces: de las decenas de fotos de su presentación con KTM, el galo escogió una en la que sale con un aspecto un tanto melancólico. En consonancia con el texto.

Esto demuestra que hace tiempo que Zarco no es feliz, y ser feliz es más importante que ser valiente o cobarde. En algún momento, la ilusión que su mente albergaba con el reto KTM se dio de bruces contra la realidad de la RC16, que le sumió en un estado de tristeza del que no ha logrado salir ni con el tercer puesto en la Q2 en Brno. Una primera fila en mojado no pasa de placebo para un ganador a quien solo sacia el champán del podio.

Y, si teniendo el mejor trabajo del mundo, no eres feliz, debes cambiar algo. Porque los pilotos son, antes que pilotos, personas; y si hay una máxima olvidada en el motociclismo –seguramente por la imposibilidad de cuantificar tan abstracta variable- es que un piloto feliz es un piloto rápido.

No existe nada más importante, personal y subjetivo que la búsqueda de la felicidad. Ojalá Zarco la encuentre pronto. Sobre todo por su bien, sí. Pero también por el de todas las personas que disfrutamos con su velocidad.

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