Triumph Bonneville T100 2017, prueba, análisis y técnica

Cuando la belleza y lo auténtico van de la mano, aparecen productos como el que tienes frente a ti. La nueva saga Triumph Bonneville T100 rescata la esencia de la exclusiva T120 a un precio más asequible. ¿Que si merece la pena, me preguntas?
Luis López. Fotos: Jaime de Diego -
Triumph Bonneville T100 2017, prueba, análisis y técnica
Triumph Bonneville T100 2017, prueba, análisis y técnica

Como se suele decir, «a buen entendedor, pocas palabras le bastan». La estela dejada por Triumph desde la aparición de la primera Bonneville de la nueva era ha sido motivo suficiente como para aumentar la familia cada temporada desde entonces. Pero lejos de centrarnos en toda la gama, ponemos ahora el foco en la nueva Triumph Bonneville T100, más en concreto en la versión «estándar» por denominarla de algún modo, ya que existe otra T100 bajo el apellido Black cuyo «no color» es el protagonista de su aspecto.

Sin embargo, a nuestra T100 no le hace falta ningún guiño para atraer la atención de aquellos que la rodeen. Puedo hacerte un largo listado de piezas especiales  y gadgets que trae de serie esta Triumph, pero supongo que eso lo puedes ver en cualquier parte… Basten unas pocas palabras para situarla sobre el papel: convierte lo clásico en moderno, transformando en fiable aquello que necesitas que nunca falle. En la T100 rara vez lo hará, sobre todo porque los encendidos Lucas ya no se estilan, a Dios gracias…

En realidad, cabe destacar puntos clave como su iluminación trasera por LED, el cuadro de instrumentos con doble parcial, nivel de gasolina, marcha engranada con consumo y autonomía, los frenos equipados con ABS por normativa o la inyección electrónica, cuya implantación también obedece a la norma Euro4. Aquí lo que importa son dos cosas: que la moto es preciosa, entre otros detalles por conseguir aparentar montar carburadores en vez de la preceptiva inyección, o un depósito con cierre único por rosca de claro aspecto clásico, y por otra parte lo interesante es saber si dicha mezcla se queda en mera anécdota o realmente funciona de verdad sobre el terreno.

Triumph Bonneville T100 2017, comportamiento a bordo

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Los grandes mitos se forjan con el paso del tiempo. Eso es lo que ha logrado Triumph con la Bonneville y la T100 no es más que una extensión de ello. Antes de subirte, solo con verla sabes lo que te espera. Se trata de una de esas motos que recuerdas un poco en blanco y negro. Al pasar la pierna por encima del asiento te das cuenta de que no tienes que subirla demasiado para salvarlo, o que incluso no necesitas agarrar el manillar para mantener el equilibrio, simplemente porque la altura del asiento en cuestión es relativamente baja. Nada de dobles alturas o asas de pasajero traicioneras para tus espinillas… entre otros detalles porque no existen.

La línea plana del cuero y la ausencia de asidero para el acompañante tienen sus connotaciones positivas, pero otras no tanto. De hecho, esta moto debería ser una de esas opciones tranquilas y relajantes para pilotos que buscan compartir el placer de conducir desde el asiento de atrás. Un error según se mire: por un lado, efectivamente es más que recomendable practicar una conducción tranquila, ya que motor y ciclo te lo ponen en bandeja, pero si necesitas adelantar en una carretera de doble sentido y «tiras de motor», verás que luego hay que parar la velocidad que es capaz de alcanzar este bicilindrico de casi un litro de capacidad, y lo cierto es que el único disco delantero no se encuentra especialmente capacitado para ello. Tampoco el doble amortiguador trasero, para lo que una vez más encontramos una barrera práctica al circular con el asiento trasero ocupado: la escasa progresividad de su rendimiento queda en evidencia con molestos topes que llegan directamente a la espalda de ambos ocupantes. 

Pero como todo en esta vida, hay una doble cara en la T100, como la doble moral tan arraigada en nuestras costumbres o el doble sentido de los chistes malos. No es por encontrar soluciones a los inconvenientes aparecidos en marcha a los mandos de esta británica, pero sin duda lo más práctico es no buscar las cosquillas donde no debas. Mientras ruedas tranquilamente por los boulevares de tu ciudad, la T100 es simple y llanamente una moto deliciosa sin discusión; incluso esos baches que atemorizan al pasajero apenas se dejan notar rodando en solitario. La horquilla cumple en cualquier circunstancia con un tacto suave y más progresivo de lo esperado a tenor de lo demostrado por la pareja trasera. Mientras tanto, otros puntos clave en una moto de paseo como el tacto del cambio y embrague mantienen la línea dibujada por la horquilla.

Todo es dulzura y buen hacer. Ahora bien, si lo que te gusta es subir cada velocidad sin tocar el embrague, aprovechando el par del bicilíndrico y a un régimen en el que ni siquiera necesites acariciar la maneta izquierda, aquí te resultará «dañino». El selector no acompaña y prefiere, desde el inicio, el empleo del embrague, ya sea circulando a velocidades moderadas en marchas cercanas a la relación más alta, o simplemente desplazándote a paso de bicicleta eléctrica de alquiler intentando adivinar, a su rebufo, qué va a hacer en el próximo cruce, mochila, mocasines y americana en ristre.

Pero lo que más nos llamará la atención, una vez alejados del maremágnum urbano, es la alegría con la que afronta esas salidas a carretera abierta tan deseadas por los motoristas que disfrutan pilotando. No estamos hablando de buscar la zona roja del cuentavueltas entre curvas, sino simplemente gozar de lo extraordinariamente delicioso que resulta su tacto general. Las vibraciones del motor son perceptibles, pero no molestas… y eso hay que conseguir «rematarlo» para no situarlo en la columna de cuestiones mejorables. El calado del motor es sin lugar a dudas el más adecuado no solo para ser disfrutado como merece, sino también para arrojar esa brizna de exclusividad que tanto se valora hoy día en selectos foros de hombres barbudos autodidactas y librepensantes. Razas del siglo XXI… 

Triumph Bonneville T100 2017, agradando a hipster y clásicos

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La posición a los mandos es el resultado de aquellas motos en las que aprendimos alguno de los que rondamos la cincuentena: manillar alto, asiento relativamente bajo y estribos en una posición intermedia, ni retrasada ni adelantada, consigue que los kilómetros caigan sin que apenas te des cuenta. Viajar con ella no es descabellado, ni disfrutar en un puerto de montaña o usarla para ir al trabajo a diario. Eso es lo que consigue una moto cuya principal premisa es la de agradar a propios y extraños, a hípsters o neoclásicos, a raperos o maquineros… Bueno, entre estos dos últimos grupos tengo mis dudas, pero en general se trata de una moto amable para todo tipo de público.

Y como suele suceder en estos casos, los abusos no son recomendables en una moto cuyo equilibrio domina en la mayoría de los apartados en los que dividas su rendimiento. Siempre que no te importe encontrar problemas al desplazarte entre coches matutinos atascados, con un manillar demasiado próximo a los espejos retrovisores de los «enlatados», o quedarte con el tapón del depósito de gasolina en la mano al carecer de bisagra que lo mantenga unido al tanque mientras repostas, todo irá sobre ruedas.

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Disponible para A2 gracias al kit específico

 

En realidad, se trata de «defectillos» que muchos pasarán por alto valorando tanto la estética de una moto de inconfundible raigambre como el exquisito comportamiento general de una moto accesible para prácticamente cualquiera… hasta para los que dispongan del carnet A2, gracias a un kit específico de fácil instalación en el concesionario correspondiente. Tal vez sean ellos los que más valoren el control de tracción, el ABS o el embrague antirrebote de serie, todo ello incluido en su dotación electrónica original. ¿Clásica moderna o moderna clásica? Simplemente Bonneville.

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