Aprilia Dorsoduro 1200. Primera prueba

No creas que en Noale se quedan de brazos cruzados después de lanzar al mercado un nuevo modelo. La prueba la tienes en estas páginas, donde Aprilia demuestra su interés por afinar todavía más la Dorsoduro 1200, una moto aparecida hace solo dos años.

Luis López. Fotos: Aprilia -
Aprilia Dorsoduro 1200. Primera prueba
Aprilia Dorsoduro 1200. Primera prueba

La conocimos como «siete y medio» en su primera versión, allá por 2008. Desde entonces se han vendido nada menos que 13.000 unidades de las Dorsoduro 750 y 1200, algo que parece indicarnos el interés del mercado global por este tipo de motos.

¿Deportiva, sport-turismo, utilitaria? En realidad es un poco de todo, siempre desde un prisma de evidente calado racing que no pretende esconder, todo lo contrario. Los responsables de su evolución siempre han incidido en su faceta como moto rápida, segura y rebosante de carácter. La última versión de la Dorsoduro 1200 pretende incidir todavía más en ello, tomando como base una nueva decoración que realza sus afi ladas líneas, así como un peso reducido en 3 kg y ligeras mejoras en la electrónica de la versión ABS TCS.

La rebaja en el peso del conjunto viene dada, entre otros ligeros detalles, sobre todo por sus nuevas llantas que eliminan las inercias un 15,4% en el tren delantero y 22,2% en el trasero. La más grande de las Dorsoduro se muestra ahora menos reacia a cambiar rápidamente de dirección, lo que sin duda ya lograbas antes en gran parte debido a su ancho y plano manillar… muy al estilo supermotard.

Pero si en Aprilia se afanan en recordarnos que la Dorsoduro aporta mucho más que un puñado de buenas maneras en conducción deportiva, nuestro primer contacto con ella en las reviradísimas carreteras de Sicilia nos obliga a enfocar su uso condicionado por ello; excepto en el paso por las poblaciones que salpicaban la ruta isleña, donde pusimos a prueba el tacto del motor a muy bajo régimen circulando a poca velocidad.

El resto nos ha servido para comprobar que Aprilia ha cumplido con su objetivo: convertir esta 1200 en una moto más fácil de pilotar en clave deportiva. Tiempo habrá de probarla más a fondo, pero excepto por un amplio radio de giro de la dirección, esta Dorsoduro parece un poco alta de asiento y dura de embrague para su uso en el día a día.

De todos modos, queda claro que se trata de una supermotard, y que ya por ello se encuentra condicionada en ciertos aspectos. Lo que nunca podrá negarse es su capacidad de traccionar desde muy abajo, con una respuesta absolutamente directa del gas comandado electrónicamente.

Si además seleccionas el modo Sport en el cuadro de instrumentos, la respuesta se convierte en brutal. Aquí el control de tracción, con tres opciones de trabajo, resulta vital para mantener pegado al asfalto el Pirelli Diablo Rosso II que monta de origen.

El tacto de suspensiones de nuevo nos recuerda la vena deportiva de la Dorsoduro. Excepto en fuertes frenadas, donde el largo recorrido de la horquilla puede crear cierta imprecisión si eres brusco actuando sobre la maneta derecha, el resto destaca por la firmeza que se manifiesta en precisión y estabilidad en trazadas de ángulos lentos; en los más rápidos ni el azote del aire en el torso provoca «shimmies». Otra cosa es que aguantes el envite a velocidades prohibidísimas…

Sofisticada y atractiva, la Dorsoduro 1200 sigue evolucionando en busca de la supermoto perfecta con una vuelta más de tuerca.

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