Comparativa Café Racer

Harley-Davidson 883 Iron Dark Edition, Moto Guzzi V7 Racer, Triumph Thruxton: Dejarse seducir por el pulso tranquilo de los tres bicilíndricos que empujan a nuestras protagonistas es muy fácil. Y si le sumas un día soleado, tiempo disponible y una entretenida ruta, la felicidad la tienes con un sencillo «golpe de gas».

Oscar Pena. Fotos: Lluis Llurba -
Comparativa Café Racer
Comparativa Café Racer

El espíritu Café Racer está impregnado en cada uno de los componentes de la Triumph Thruxton y la Moto Guzzi V7 Racer. Son motos con las que «curvear» a ritmo tranquilo es un placer, y admirarlas en parado un gusto para la vista. Sus colines redondeados, minúsculas cúpulas, cromados por doquier, portanúmeros en el frente y los flancos (de serie en la italiana y opcional en la inglesa), y esos semimanillares bajos y cerrados con las puntas hacia abajo, recuerdan inequívocamente a las motos deportivas europeas de los finales de los año 50 y 60. Por no hablar de los estribos altos y atrasados que, dejándote abrazar con las piernas un conjunto estrecho, sólido, y de tacto relativamente duro, te animan a viajar en el tiempo a una época mucho menos tecnológica que la actual.

Acompañándolas en esta glamurosa comparativa incluimos la novedosa Harley-Davidson Iron 883 Dark Edition. Por estética y filosofía no pertenece al mismo segmento que sus acompañantes, pero a efectos de disfrutar de la conducción, de la carretera, la ciudad y el paisaje, a lomos de una moto diferente, atractiva e impactante, sin duda se encuentra en clara sintonía. En su caso, su estética muy personal y limitada (solo llegan 100 unidades a España), se combina con una ergonomía claramente marcada por el nuevo manillar plano, los estribos avanzados y la suspensión trasera rebajada, que proporciona una posición de conducción muy baja y la hace tremendamente manejable a pesar de su peso. Más incluso que sus rivales europeas, sensiblemente más altas, y en el caso de la Triumph, algo pesada, factor que la limita puntualmente con respecto a la Moto Guzzi en maniobras en parado. Así las cosas, a los mandos de la americana el cuerpo queda realmente avanzado, pero a su manera, y  proporciona al conductor diferentes sensaciones. Es radical, sí, y también te hace sentir como el domador que amansa la bestia. Por otro lado, y a la postre, es menos cómoda pensando en recorridos medios y largos que las de la Triumph y Moto Guzzi. Sobre éstas reclinas realmente el cuerpo sobre el depósito, aunuqe con el paso de los kilómetros se te pueden resentir los glúteos debido al duro asiento de la italiana.

A los cambios mencionados, en la Dark Edition se suman unos particulares retrovisores localizados por debajo del manillar. Son funcionales y se ve bien lo que ocurre por detrás, pero hay que acostumbrarse a su utilización. Lo mismo podemos decir de los de la Thruxton, que situados en las puntas de unos anchos puños, ofrecen una visibilidad menos nítida que los de los tradicionales de la V7 Racer. La línea personal y diferente manda, sin duda. Un asiento para el pasajero, algo estrecho y no muy cómodo, y la tapa del filtro de aire personalizada, son las últimas características propias de esta especial versión de la 883 Iron sobre el modelo estándar. Asientos trasero que, en el caso de las Café Racer, están camuflados bajo las características tapas redondeadas traseras, siendo simbólico en la moto de Mandello del Lario, al carecer de estribos para el ocupante.

Triumph y Moto Guzzi tampoco se quedan en absoluto atrás si se trata de hablar de detalles. «Choca» el efecto espejo del depósito de combustible de la V7 Racer, la tira de cuero que lo recorre longitudinalmente, el tapón de gasolina con llave (sin ella en las otras dos), su impactante chasis rojo, su colín con placas portanúmeros incluidas (con el dorsal «7» que hace referencioa a la cilindrada), las estriberas de «competición» o el doble amortiguador totalmente regulable, que te elevan a la cúspide del estilo Café Racer. Destacar, además, que fue remodelada el pasado año, con interesantes retoques en el motor, con unos cilindros de aspecto más masivo y poderoso acordes a la estética del conjunto, además de un moderno sistema de inyección con un único cuerpo central. Más discreta en sus líneas y tonalidades, pero tan o más purista que la italiana, es la moto británica. Más robusta en general, está plagada de buenos detalles y la calidad de sus componentes rezuma exquisitez por los cuatro costados. De hecho y como veremos a continuación, es a la postre la que nos ha parecido la más completa. Aunque todo depende mucho de los gustos y preferencias por una u otra marca, la imagen, y la específica filosofía y carácter de cada una.

Atendiendo a unos u otros aspectos, Triumph y Moto Guzzi montan llantas de radios con neumáticos de corte estrecho (100/90-18” y 130/80-17”), opuestas a las de aleación de trece finos palos de la Harley-Davidson que usa un alto neumático delantero de 100/90-19”, y un ancho trasero de 150/80-16”. Otra diferencia apreciable reside en el cuadro de instrumentos, muy sencillo en esta última (con velocímetro analógico y cierta información básica digital), y con cuentarrevoluciones en las otras dos, marcando su territorio, siempre más deportivo, pero de aire inequívocamente «retro».

Dentro de las dos Café Racer de esta comparativa, las diferencias son en la práctica ostensibles, y no digamos ya comparándolas con la Harley-Davidson. Y es que gran parte de su carácter viene derivado de las diferentes configuraciones de los motores. La V7 Racer está propulsada por un V2 de 744 cc con el cigüeñal longitudinal y la transmisión por cardán. La Thruxton lo hace por un bicilíndrico en paralelo de 865 cc con transmisión por cadena. Y por su parte la Iron 883 Dark Edition está animada por un bicilíndrico en V a 45º refrigerado por aire con transmisión por correa. Así las cosas, el motor más poderoso y suave en su tacto y funcionamiento es el de la moto británica. El cambio es muy preciso, y el selector tiene un recorrido muy corto en comparación con las otras dos. El embrague es blandito (como en las tres en realidad), y el sonido emitido por el doble escape de rumorosidad discreta. Al revolucionarlo y extraer su máximo potencial, el índice de vibraciones aumenta y llegan claramente a los ocupantes. Exactamente lo mismo podemos decir de la Moto Guzzi y la Harley-Davidson en este sentido, llegando a ser incómodas las tres si las mantenemos a altas velocidades o en cualquier marcha cerca del régimen máximo.

El motor de la V7 Racer tiene un tacto más «trotón», e incluso percibes algún balanceo en parado. Nada que no le sirva para imprimir carácter al producto. Es menos potente que el de la moto inglesa, pero salvo en aceleraciones fulgurantes o situaciones similares, con su efectiva parte ciclo y menor peso general, compensa la falta de caballos. En este sentido, la Harley-Davidson queda algo retrasada, no ya por las propias prestaciones de la moto, sino por su parte ciclo menos agresiva. El cambio de la Moto Guzzi es más impreciso y ruidoso que el de la Triumph, y la palanca tiene mucho recorrido, al estilo de la Harley-Davidson. Pero claro, la moto italiana busca tener un toque deportivo, y la americana no, un dato a tener en cuenta. Por lo demás responde perfectamente, y su cardán, anticipando suficientemente las reducciones de marchas, se comporta con gran precisión. Por último, que no última, encontramos el robusto propulsor yanqui. Sale con suficiente energía desde parado, y como sus rivales, tiene una respuesta realmente agradable para rodar con ella a bajo y medio índice de revoluciones. Además, sin proporcionar un torbellino de sensaciones, empuja más que suficiente cuando se lo pides.

En realidad, son muy agradables los tres motores, cada uno a su manera, lo que unido a sus particulares estéticas, hacen a estas motos muy atractivas para sus dueños a la hora de utilizarlas a diario por ciudad y extra radio. Aparte, no hay que dejar de atender el tema del consumo de combustible, especialmente pensando en quienes vean en ellas su variante más funcional y posibilidades de uso diario. Estética «retro» sí, pero alimentación por inyección y tecnología actual también, para dejar la media de consumo en la prueba tras 100 km a ritmo vivo en torno a los 6 litros/100 km en las tres. Lo que nos hace pensar que en uso cotidiano apenas sobrepasarían los 5 litros.

Sentir el viento a los mandos de tu máquina y sintonizar en perfecta armonía el pulso de tu corazón con el de tu bicilíndrico, es característica intrínseca a nuestras tres protagonistas.

Tomando la autopista camino de una amena ruta, la Triumph aporta mayor sensación de confort. Es la más amplia y su asiento es más mullido que los otros, con una posición de conducción sensiblemente menos agresiva que la de la Moto Guzzi, y sus reposapiés forrados con gomas aumentan el confort de marcha. La Harley-Davidson, con su particular posición, te deja completamente expuesto al viento, aunque mientras que no aumentes excesivamente la velocidad, lo cierto es que ni molesta en exceso ni cansa. Otra cosa es si vas con prisas... En tal caso las moto europeas se destacan ostensiblemente.

Estabilidad, precisión de dirección, o potencia y efectividad de frenos y suspensiones son factores que, aunque se han tenido en cuenta a la hora de diseñar nuestras protagonistas, pasan a un segundo plano en la práctica. No son, en buena lógica, elementos primordiales. Tras abandonar las vías rápidas e iniciar la ruta por carreteras secundarias con las más variopintas curvas, la V7 Racer nos sorprende gratamente. Su sensación de agilidad y ligereza es notable, sin renunciar a buenas dosis de estabilidad, lo que nos anima a exigirle a su motor todo lo que nos puede ofrecer. Es quizá la frenada su punto más débil, y aunque transmite buen tacto, se echa de menos más potencia en determinadas circunstancias. La Thruxton, por su parte, es precisamente opuesta en este sentido. Su equipo de frenos es poderoso, y su parte ciclo más lenta en zonas muy reviradas. Sea como fuere, aprovechando sus caballos extra puedes disfrutarla plenamente y mantener un buen ritmo. La Iron 883 Dark Edition se ve en principio penalizada por la escasa altura de sus estribos, que rozan contra el suelo a poco que avives el ritmo. Es «otro rollo», otro estilo. No el que llega el primero disfruta más del camino, y desde luego eso es algo que en Harley-Davidson saben mejor que nadie.

Son motos diferentes, con una personalidad y belleza fuera de lo común, que hace girar cabezas, o detener a paseantes cuando están apostadas a la puerta de casa. Y no son baratas. Tampoco tienen un precio que pudiéramos llegar a considerar como exclusivo. Así, la Moto Guzzi V7 Racer se sitúa en los 10.055 euros, la Triumph Thruxton en 9.795 euros (extras aparte, que es la que más tiene), y el de la Harley-Davidson 883 Iron Dark Edition es de 10.750 euros.

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