Comparativa MV Agusta Brutale 800 vs Triumph Street Triple R

Los italianos hablan de «tre pistoni» y los británicos de «triple». ¿Cuál tiene más pegada, la MV Agusta Brutale o la Triumph Speed Triple R?

Ildefonso García/MRD. Fotos: Markus Jahn -
Comparativa MV Agusta Brutale 800 vs Triumph Street Triple R
Comparativa MV Agusta Brutale 800 vs Triumph Street Triple R

Con estas motos puedes ir realmente deprisa. Gracias a sus motores tricilíndricos el empuje a la rueda trasera llega de forma potente y controlable. La italiana de 800 cc con su sonido de percutora y la británica con un electrizante silbido que emana de sus 675 cc. La Triumph Street Triple R chilla con ese aullido tan típico de la marca. Ambas ofrecen buenos valores de par a no muchas revoluciones, por lo que la rueda trasera siempre cuenta con un empuje más que suficiente. Luego suben de revoluciones con una alegría inaudita hasta alcanzar valores de cinco cifras. Los dos propulsores tricilíndricos ofrecen un compendio de fuertes sensaciones.

En realidad son unas auténticas streetfighter a las que hemos reunido para enfrentarlas en un particular duelo. En carretera abierta hay muy pocas cosas que estas dos tricilíndricas no puedan alcanzar, con unos pesos llenos de solo 186 kg para la MV Agusta y 188 la Triumph.

Sobre el papel parece destacar una, la MV Agusta Brutale 800, que promete ser más rápida que su mismísima sombra. La italiana amenaza con llevar las prestaciones de la categoría a una nueva dimensión, pues el tricilíndrico declara 125 CV y tiene una carrera de 54,3 mm (frente a los 45,9 mm de la Brutale 675). Te puedes imaginar lo que significa esta caballería y estos valores de par en comparación con la Street Triple, la cual tiene una relación de cambio bastante corta. Hay momentos en que a lomos de la MV Agusta da la impresión que vamos encima de una bala de cañón. Saliendo de un garrote en segunda y por encima de 8.000 rpm, la compacta Brutale da zarpazos al aire con la rueda delantera, mientras el piloto se agarra con fuerza al manillar. Lo que no es de extrañar, pues la diferencia de cilindrada se nota en esta comparativa sobre todo en la zona alta de cuentarrevoluciones. De hecho, la Brutale da unos 20 CV más que la «vieja» 675 que viene a sustituir. Frente a estos números la británica queda a la sombra de la MV Agusta. Por lo tanto, Italia parece tener ventaja, pero no tanto como podrías pensar; pues cuando los motores giran por debajo de los 6.000 rpm las diferencias entre ambas motos son casi inapreciables. La británica declara 106 CV, con una curva de par ejemplar, así en la práctica la Street Triple R se muestra potente, pero dosificable. La MV Agusta, por el contrario, cuando llega a la zona alta del cuentavueltas ofrece un despliegue de caballería como si de un tsunami se tratase. Esta abrupta entrega de potencia, más que con el vigor del tres en línea italiano, tiene que ver con una desventaja que se encontraba también en su hermana menor.

Nos referimos al tacto de gas, sobre todo a bajas vueltas. Un problema que se muestra en los cuatro modos de motor disponibles: Lluvia, Confort, Normal y Sport. En el modo Lluvia el tricilíndrico ofrece una respuesta muy perezosa. Donde más disfrutamos fue rodando en posición Sport, aunque siempre hay que estar alerta, pues el tricilíndrico parece un lindo gatito, hasta que de repente te vez cabalgando a lomos de un desbocado tigre. Crees que la caballería no acaba de llegar y de pronto aparece de golpe, caballito al canto y vuelta a empezar. El piloto de la italiana tiene que tener el puño derecho muy bien desarrollado. Así que con la italiana siempre has de ir bien despierto cuando decides salir a hacer unas curvas. Los técnicos de MV Agusta nos han asegurado que trabajan a fondo en este aspecto para conseguir una respuesta más fina al puño de gas, gracias a un software aún más sofisticado, que controla un buen número de los parámetros del motor, entre otros, la inyección.

En el apartado de la electrónica, la Triumph casi es el ejemplo a seguir y eso que solo tiene una cartografía para el encendido (un único modo de motor) y carece de control de tracción y de acelerador electrónico «ride by wire». En la unidad de pruebas, la conexión entre el puño de gas y las mariposas de la inyección no podía ser mejor. La Street Triple R te proporciona siempre la potencia que necesitas en el momento justo, basta con que se lo pidas. No te sobrecogerá con una reacción inesperada que te llevaría a, posiblemente, darte un susto. La británica hace fácil lo difícil e incluso te puedes permitir el lujo de disfrutar de un controlado caballito. La misma maniobra con la Brutale 800 requiere más destreza y atención por parte del piloto, pues la temperamental italiana no es amiga de las medias tintas.

Ambos modelos son capaces de comportarse de forma realmente excitante, abriendo gas sin complejos y buscando los límites en curvas nos permiten disfrutar de lo lindo, aunque la italiana muestra una espectacular querencia a hacer caballitos. La Street Triple R se comporta de manera menos agresiva y más equilibrada. La manejabilidad de la Brutale es extraordinaria. La puedes «tirar» dentro de la curva y jugar con ella de una manera realmente excitante. En estas circunstancias la Street Triple R no es capaz de hacerle sombra, pues se siente más pesada en el tren delantero y menos ágil. La Brutale se mueve casi con el pensamiento, en parte gracias a una reducida distancia entre ejes (1.380 mm), a unas radicales cotas de dirección y a su mayor ligereza. Se trata de una bestia nerviosa, que responderá de forma inmediata a cualquier insinuación del manillar. Va como un tiralíneas y solo hay que atarla en corto cuando se rueda sobre asfaltos irregulares. Las suspensiones son multirregulables, aunque el equilibrio entre ambas a veces no es el adecuado, pues la horquilla es algo blanda, mientras que el amortiguador tiene un tarado más duro. En cuanto a comodidad y tacto, la Street Triple R se muestra más complaciente con el piloto que la exigente MV Agusta. La británica tiene unas suspensiones más fuertes que el modelo precedente, pero incluso así no llega a la agresividad de la italiana.

En cuanto a la frenada, los Nissin de la Triumph, con pinzas de cuatro pistones de anclaje radial, muerden con más fuerza y mayor tacto que los Brembo de la MV Agusta. La británica se puede adquirir con ABS, mientras que la italiana aún no dispone de esta opción, pero sabemos que la marca italiana está trabajando a marchas forzadas en este apartado.

Nuestras protagonistas pueden ser utilizadas tanto como naked de generosas prestaciones, como deportivas bien equipadas. A sus mandos se puede quemar adrenalina y disfrutar de sensaciones fuertes. La MV Agusta enamora (sobre todo con el elegante rojo de la unidad de pruebas) por su diseño muy logrado y una efectividad que nos hace olvidar su temperamento de diva. La Triumph es un poco más completa y agradable, pero las diferencias entre ambas motos son realmente pequeñas. n

La italiana es una belleza con un gran temperamento, una auténtica diva. Habría que mejorar su respuesta al puño de gas. Sea como fuere, pilotar la Brutale es toda una experiencia.

Venía como favorita y no defraudó las expectativas. La R es más radical que su predecesora, pero al mismo tiempo es un ejemplo de versatilidad, pese a que la MV Agusta la supera en cilindrada y potencia.

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