MV Agusta F4 R. Prueba

Glamour, prestaciones y belleza se unen en la F4 R, una moto con todo el potencial de MV Agusta, pero que se acerca más al público general que la mejor equipada RR.

Sergio Romero. Fotos: Jaime de Diego -
MV Agusta F4 R. Prueba
MV Agusta F4 R. Prueba

El nombre de MV Agusta ha estado asociado en su más reciente etapa a motos de ensueño, a leyenda y a exclusividad. Su última F4 R, sigue cumpliendo con idénticas premisas y a pesar de no ser el tope de gama, para eso está la RR, es una moto capaz de hacer tus sueños realidad. Todo aquel que mira una «MV» siente el influjo del diseño de Massimo Tamburini, que por cierto se ha mantenido inalterado en las últimas generaciones de deportivas, con las mismas líneas del carenado, faro romboidal y las cuatro salidas bajo el colín. Señas de identidad de una saga que ha conquistado tantos corazones… y también algunos bolsillos.

Los italianos siempre han dicho que las F4 son motos de carreras, y lo cierto que es su gran rigidez de chasis y la firmeza de las suspensiones hacen que tengas esa sensación. No es una montura tan compacta como las otras tetracilíndricas de la categoría, y el asiento está más alejado de los manillares que en aquéllas, así que da la sensación de ser una moto diseñada a la antigua usanza.

Su peso es algo más elevado que el de sus rivales, tan sólo la Yamaha YZF-R1 se encuentra en el mismo nivel; eso se nota en marcha, especialmente cuando buscas sacarle el máximo partido. De modo que se trata de una moto física, con un chasis firme, que te exige trabajar para rodar rápido en circuito. Lo bueno es que una vez la has puesto a punto según tus necesidades, el conjunto es muy estable y las suspensiones son eficaces, incluso en esta versión que no tiene material Öhlins, como la RR. La horquilla Marzocchi de 50 mm aguanta bien todo el trabajo que le mandan las pinzas Brembo monobloque de anclaje radial, que es mucho, dado que la potencia ofrecida es muy alta. De todas formas, en combinación con la bomba Nissin, se consigue una frenada dosificable.

Una vez que te has acostumbrado a su característico estilo puedes llevar una conducción de libro, si bien no permite tanta improvisación como las monturas más ágiles. En ciudad juega en su contra el escaso giro de la dirección para zigzaguear en el tráfico, aunque también es cierto que sus potenciales compradores tampoco la querrán para hacer recados urbanos. A cambio, es la reina del semáforo y recibe todas las miradas; es como esas mujeres que te hacen girar la cabeza a su paso.

Arrancar la F4 R supone abrir la caja de los truenos. Cuando el «Corsa Corta» cobra vida, los cuatro silenciadores comienzan su canto. Un rugido profundo y cierta rumorosidad mecánica te avisan de que este nuevo motor de carrera corta está todavía más cabreado. En bajos responde con pereza, pero si mantienes la apertura del gas, el empuje aumenta de manera exponencial y lo que era una suave salida en bajos, se convierte en una carrera en medios, que más tarde es una explosión en altos. El motor no te ofrece tanta conexión entre el gas y la rueda trasera, debido a este cambio repentino en la entrada de la potencia, aunque eso sí, las sensaciones son salvajes. De hecho, entrega potencia hasta casi el corte, de modo que tienes que estar atento para no llegar al límite involuntariamente.

Sus 175 CV medidos en nuestro banco la sitúan entre las mejores de la categoría, pero las últimas de la saga ya rondaban esos valores. Esta F4 cuenta con el control de tracción de la marca, que trabaja sobre la velocidad de giro del cigüeñal y que, dicho sea de paso, no es tan preciso como los de su competencia; de hecho, no he sido capaz de hacerlo actuar en ninguna de sus ocho posiciones. El cambio es duro, como es habitual en los motores de gran cilindrada de la marca, y hay que utilizar todo el recorrido para que funcione con precisión. A cambio, el embrague antibloqueo te quita los rebotes indeseados de la rueda trasera.

La F4 R es una deportiva mítica, con todo el carácter de la marca y cuesta 19.995 euros, 5.000 menos que la RR, de modo que aunque no es barata se perfila como un objetivo un poco más alcanzable, continuando así el plan de reposicionamiento de la gama que MV Agusta tiene previsto para este año.

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