Objetivo 100.000 Honda ST 1100 Paneuropean

Mi aventura con las motos comienza cuando mi padre me dejaba su Derbi 50cc. El cambio de la bicicleta a la moto fue brutal. Primero por la velocidad, pero también por la libertad y por sentir el viento; eso es indescriptible.
Juan Luis Mayo -
Objetivo 100.000 Honda ST 1100 Paneuropean
Objetivo 100.000 Honda ST 1100 Paneuropean
No paraba ni un rato en casa, siempre estaba con la moto y con los colegas. Lo recorríamos todo. No dejábamos un rincón sin ver, y además con moto se ligaba mucho. Más tarde vino mi hermano el mayor con una CB900F. Era brutal ver aquel motor de cuatro cilindros en línea. Y más todavía los cuatro tubos cromados que salían del motor para luego convertirse en dos escapes fabulosos. En el pueblo alucinábamos puesto que era la primera moto de gran cilindrada que había en él. Yo le ayudaba a lavarla, a hacerle el mantenimiento y las pequeñas reparaciones, que por cierto eran pocas. 
 
Hasta que un día un coche no respetó una señal de stop y arrolló a mi hermano, que pasaba por allí. No le pasó nada, pero la moto quedó fuera de combate. Pero como ya la gasolina corría por las venas de mis hermanos y mis sueños de tener moto eran cada vez más fuertes, entraron en casa de mi padre no una, sino dos motos: una VFR 1000 y una CBR1000. Eran y son preciosas. Pero la joya de la familia es sin duda la Ural 650 con sidecar. Ir en la «galocha» negra te transporta a años atrás, sobre todo te hace imaginar cómo eran en esa época las gentes y cómo se movían por las tortuosas carreteras de la época.

Poco a poco

Con aquellas dos Honda en casa, ya sí que no dormía, solo tenía ganas de tener dinero para comprar mi propia moto, pero mientras tanto disfrutaba con las de mis hermanos cuando las dejaban libres. También tenían una NSR de 125 cc con la que empecé a tener buenas sensaciones en una moto, a notar también el respeto que dan las dos ruedas… En esa moto cogí la experiencia necesaria para poder conducir las de gran cilindrada, algo que recomiendo a cualquiera, que practique con motos inferiores a la que le guste. Luego vino mi primer Pingüinos con la CBR de mi hermano. Esta experiencia fue brutal, no solo por la concentración sino por llevar una moto así. Recuerdo hacer todo el viaje pendiente de la batería porque estaba en las últimas. De hecho, el domingo tuve que ponerle las pinzas, pero bueno, así es la aventura y Pingüinos.
 
Y por fin llegó mi oportunidad y me compré la PanEuropean 1100 ST, una maravilla. A partir de entonces no paraba nunca en casa. Quería conocer la moto lo antes posible, sus límites y sus facultades, de las que tiene más buenas que malas. Todos los domingos preparo rutas para conocer bien mi provincia, que es León, la cual tiene buenas carreteras y muchas curvas para ir en moto. Aunque algunas siguen teniendo guardarraíles asesinos.
 
Mi mujer y yo hemos ido a muchas concentraciones. A Pingüinos siempre, y al resto en función de cómo caigan. Guardo muchos recuerdos de todas ellas; es donde se respira el ambiente motero en su más pura expresión. Tampoco me olvido de los GGPP: Cataluña, Jerez, Valencia. Tenemos unos amigos en Sevilla que siempre nos ofrecen su casa para alojarnos. Además ese fin de semana de mayo suele ser la Feria de Abril. ¡Qué bueno está el rebujito! ¡Olé Sevilla! Ahora que la guinda la ponen las carreras del domingo. Eso es alucinante, el ambiente es motero cien por cien.

La casa a cuestas

Como buen correcaminos, he recorrido muchas partes de España. Parte de la costa de Galicia, con su buena comida y gente amable, yendo de camping gracias a la gran capacidad de carga de la moto. En la maleta derecha la ropa de mi mujer y el saco de dormir, en la izquierda mi ropa y mi saco. En la trasera todo lo necesario para la acampada: tienda, colchonetas, martillo, camping gas, cafetera… y el resto en la bolsa sobredepósito. Causábamos sensación cuando llegábamos y nos poníamos a sacar cosas.
 
En un fin de semana de esos largos recorrimos la costa cantábrica. Otras vacaciones decidimos bajar por el Mediterráneo desde Valencia, de camping en camping. Con la moto evitábamos las colas de veraneantes y cuando se nos acababa el dinero, nos volvimos para León pasando por Albacete, Toledo… En otro fin de semana largo bajamos a Málaga, Motril y Granada. En una de nuestras rutas de domingo por Galicia tuve que llamar a la grúa. La moto empezó a ahogarse y se paró. Después de desmontarla en casa y probar todos los componentes que yo pensaba que podían ser los culpables de la avería, me la llevé a mi taller de confianza. Después de dos días me llamó el del taller y me dijo que había dado con la avería: una pieza de presión que va después de la bomba de gasolina. Salvo esto y un pinchazo, sin problemas.
 
Vivan las dos ruedas y muchas uves para todos.
 

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