Prueba de la SYM Wolf 250i

El SYM Wolf 250i nos permite no renunciar a nada, ofrece una gran economía de adquisición y mantenimiento, sin abandonar eficacia y diversión

Texto: Ildefonso García. Fotos: Lluís Llurba -
Prueba de la SYM Wolf 250i
Prueba de la SYM Wolf 250i

Lo primero que notas al subirte en la SYM Wolf es que es pequeña, ideal para aquellos que se inicien en el mundo del motociclismo, aunque al ser una 250 cc no podría llevarla alguien que solo tuviese el A1 o el carné de coche. El motor de «cuarto de litro» ofrece unas prestaciones impensables para una 125 cc. Este monocilíndrico de 4T nos saca de cualquier situación, sobre todo en la ciudad, donde será usada en la inmensa mayoría de las ocasiones. Sus prestaciones también permiten salir a vías de extrarradio, siempre que no olvidemos que vamos a lomos de una pequeña (pero matona) «dos y medio».

El asiento está a poca altura del suelo, así que el «lobo» admite usuarios de todas las tallas. El espumado no es que sea sucinto, pero se hunde mucho, por lo que nos habría gustado algo más de confort para nuestro trasero. Los mandos «caen» de forma natural, tanto los que accionamos con las manos como con los pies. Al echar una mirada a la maneta de frenos comprobamos que es regulable, así que no hay problema para ajustarla a nuestro gusto. Un detalle que no tienen algunas motos mucho más caras. En el tren anterior encontramos una pinza de anclaje radial con cuatro pistones además de un disco ondulado de 288 mm y latiguillo metálico. La SYM se detiene en un periquete y el disco trasero viene muy bien para «timonear» en los atascos.

El embrague tiene poco recorrido, pero enseguida te haces a él y su accionamiento es suave aunque algo esponjoso. Las marchas se engranan con presteza y casi siempre te encuentras o en primera (arrancando) o en quinta o sexta (en plan crucero). A pesar de mi avanzada edad, estuve haciendo un poco «el cabra» con la Wolf. Parado en un semáforo y con una larga cuesta por delante, comencé a meter marchas como si no hubiera mañana. El «lobo» subía que se las pelaba y antes de darme cuenta ya estaba en sexta. El único problema que encontré durante la prueba es que en un par de ocasiones saltó la segunda relación.
Este modelo tiene un pequeño detalle que me encanta, en el panel digital ves la velocidad que va engranada (muy práctico) y también te informa sobre el voltaje de la batería.
Los bajos del pequeño monocilíndrico me convencieron, a 90 km/h de marcador (la velocidad máxima permitida en la M30 madrileña) la aguja del cuentavueltas estaba en las 5.000 rpm. A 70 km/h podías ir en quinta a 4.000 rpm sin que cocease y en sexta a 7.000 el velocímetro marcaba 125 km/h y todavía quedaban dos mil jugosas rpm hasta alcanzar la línea roja. SYM declara 25 CV a 7.500 y 23,1 Nm a 6.000 rpm. Unas cifras que en principio puede que no impresionen, pero en la práctica la Wolf te sorprenderá por la alegría con la que acomete todas las misiones que le encomiendes. Luego cuando llegas a un semáforo encuentras el punto muerto con facilidad, al principio me costaba bajar de segunda a «neutral», pero al final le cogí el truco.

Las suspensiones están orientadas hacia el uso ciudadano y enjuagan sin problemas los agujeros de nuestras calles. El confort general ayuda a que te relajes y disfrutes «serpenteando» entre coches. No hay dificultad a la hora de moverte entre las filas de vehículos que esperan a que el semáforo se ponga en verde. Aunque rodando por el centro de Madrid en plena hora punta, en algunos momentos eché en falta aún más radio de giro. La estética deportiva parece que también ha hecho que los diseñadores no hayan tenido tan en cuenta las posibilidades de «dar la vuelta sobre una moneda de un euro», algo que se agradece en el atasco. En los «piques» con los mensajeros mantenía el tipo, pero veía como algunos «rivales» giraban más que el «lobo». Dovizioso dice, hablando de la Desmosedici de GP, que «le cuesta cerrar la curva», algo así me sentía yo cuando había tres filas de coches clavados y tenía que ir de la más interior a la exterior. Por otro lado, la SYM es muy estrecha y los espejos (que no vibran) no molestan al pasar entre automóviles, nos permiten ver lo que ocurre a nuestras espaldas y son fáciles de ajustar a tu gusto sobre la marcha. Así que el «lobo» te lleva de A a B dentro de la ciudad con total destreza.
La estética convencerá a casi cualquiera. SYM no se ha complicado la vida pues no es difícil ver que se ha inspirado en un modelo «más bonito que un San Luis», nos referimos a la CB1000R, que da la casualidad que un compañero de trabajo la tiene y además en el mismo color perla. Lo único que falta es el basculante monobrazo de la Honda...

El cuadro de instrumentos es atractivo y combina con acierto los colores azul y rojo, lo analógico y lo digital, y los rectángulos con lo redondo. A tu izquierda tienes una gran esfera que hace de cuentarrevoluciones con la raya roja en las 9.000 rpm. En la derecha hay una gran pantalla rectangular de cristal líquido que «se mete» un poco en la esfera redonda por la parte izquierda. No hay caballete, pero sí una pata de cabra que es fácil de desplegar y cuenta con un chivato en la esfera de las rpm.
El motor vibra muy poco, si bien al tratarse de un monocilíndrico sí que nos hace saber que está vivo, más que en los reposapiés, un poco en los puños del manillar. SYM ha tenido el acierto de montar en el propulsor un eje de equilibrado, lo que también ayuda a que el «lobo» se haga sentir, pero solo para que sepamos que está activo. Hablando de reposapiés, los del conductor van cubiertos de goma, no así los del pasajero. Este va «en el segundo piso» y cuenta con un asa, más bonita que práctica.

Por la mañana el arranque era inmediato, al principio el ralentí subía hasta las 2.000 rpm, pero una vez que adquiere temperatura se estabiliza en las mil. La alimentación se realiza a través de una inyección Keihin y hace que la pequeña taiwanesa vaya «redonda» en cualquier circunstancia. Para mantener las cosas en orden tampoco falta la refrigeración líquida. Vamos, que a pesar de su contenido precio el «lobo» no se priva de nada: monocilíndrico de 4T, inyección electrónica, refrigeración líquida, pinza de anclaje radial con cuatro pistones, eje de equilibrado…

El consumo medio de la prueba, y no precisamente yendo despacio, fue de solo 3,2 litros a los 100 km. La Wolf tiene una trampilla de seguridad en el depósito hasta donde debes llenar, pero si apuras hasta arriba ¡entran 17 litros! Tres más que los declarados, ¡lo que da una autonomía teórica de 531 km! La urbanita ideal para los tiempos que corren.
El resumen de esta prueba es claro, la SYM Wolf 250i nos ha gustado mucho. El nuevo motor de «cuarto de litro» del fabricante taiwanés funciona de maravilla y no renuncia de casi ninguna sutileza tecnológica actual. Ya puestos a pedir sería interesante contar con una vesión con ABS, aunque obviamente encarecería un producto que tiene en su precio uno de sus grandes atractivos. No te dejes engañar, el «lobo» es atractivo no solo porque no tendrás que atracar el banco para adquirir uno. Su equilibrio general te conquistará, tanto en ciudad como en vías de extrarradio. Frena, acelera, corre lo suficiente, gasta tan poco que puedes hacer 500 km con un depósito... Solo tendrás que acostumbrarte a su, a veces, temperamental cambio. Por 3.499 euros tienes una moto que disfrutarás tanto encima de ella como echándole una mirada en el garaje cuando vayas a buscarla.

Equilibrio, esta palabra define a la Wolf. SYM ha  creado una moto de 250 cc económica y eficaz, con un punto deportivo que te llegará a sorprender. El contenido consumo es otra de sus grandes bazas para aquellos que deseen un vehículo urbano y no se decanten por un scooter. El tacto y el acabado general es excelente y más aún si tenemos en cuenta su precio de adquisición. La estética (siempre subjetiva) me parece un gran acierto y no te cansarás al verla por la mañana en el garaje. Puestos a pedir nos habría gustado un cambio algo más fino, pero este defecto no empaña un modelo que ha agradado a todos los que lo han usado.

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