Moto clásica: Montesa Cappra VE 250 1978

Tras más de dos décadas utilizando el clásico color rojo, Montesa sorprendía en 1978 presentando con un llamativo amarillo pistacho
Texto y fotos: Joan Carles Orengo. Motocicleta de: Joan Miquel Vila -
Moto clásica: Montesa Cappra VE 250 1978
Moto clásica: Montesa Cappra VE 250 1978

La segunda mitad de la década de los setenta será recordada por la gran evolución técnica que empezaba a vivir el motocross. Suspensiones de mayor recorrido, motores más compactos, sistemas de admisión al cilindro mediante láminas o válvula rotativa, la llegada de las primeras refrigeraciones líquidas y líneas más agresivas hacían de las motos de esta especialidad las más avanzadas del «off road». En Montesa no querían perder ese tren al que obligaba la competencia de ofrecer cada año una montura con nuevas soluciones, presentando en 1978 una nueva generación de su gama Cappra denominada VE, con un cambio drástico a nivel estético, que sin embargo no lo era tanto en el plano técnico, puesto que si bien se incorporaban novedades, éstas no lo eran tanto como para seguir el ritmo cada vez más fuerte impuesto por las marcas foráneas.

Impactante

Así podemos definir a primera vista la Cappra VE, con un depósito de renovadas líneas fabricado en plástico «Lupolen» con capacidad para 8,4 litros de gasolina, que unido a un asiento más largo también de nueva concepción y unas nuevas tapas portanúmeros de mayor tamaño, otorgaba un aspecto radicalmente diferente a lo visto hasta el momento en Montesa, además de ofrecer una mayor comodidad y libertad de movimientos al piloto. A nivel técnico, las novedades eran también varias, pero mucho menos rompedoras y variaban según la versión, ya que este modelo se ofrecía en diferentes cilindradas: 125, 250 y, como primicia absoluta, 414, que sustituía a la anterior 360. En la más pequeña los cambios se concretaban – además de en la estética – en un nuevo chasis en cromo molibdeno más ligero y unas suspensiones mejoradas. Sin embargo, en las dos cilindradas mayores los motores sí que recibían una intervención mayor. La «cuarto de litro» montaba un cigüeñal de menos diámetro, apoyado por un nuevo volante magnético de rotor exterior y cambios en la distribución. La cilindrada superior recibía un motor completamente remodelado y que, como ya hemos mencionado, pasaba de los 350,4 c.c. a los 413,5 gracias a un mayor diámetro del cilindro, manteniéndose la carrera inalterada, lo que permitía la adopción de un cambio de tan solo cuatro velocidades en lugar de cinco (seis en la 125). Por otro lado, las tres versiones recibían una nueva generación de carburadores Bing 54, con difusores de 36, 38 y 40 mm. respectivamente. En el apartado de suspensiones, Montesa ofrecía lo mejor del momento. Delante, una horquilla Marzocchi oleoneumática con botellas de magnesio y detrás, unos amortiguadores Corte&Cosso, con 250 mm. de recorrido en ambos trenes. No había cambios en los frenos, que continuaban siendo de tambor y montados en llantas Akront de aluminio de 21 y 18, calzadas con neumáticos Pirelli Pentacross.

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